




















Mensajes contradictorios entre los inversores: optimismo en Estados Unidos, pero dudas crecientes en Europa y, sobre todo, en los mercados energéticos. Todo ello a la vez en un escenario geopolítico de guerra sin resolver, pese al anuncio de Donald Trump de extender indefinidamente el alto el fuego con Irán, una decisión unilateral que el mercado ha recibido con más cautela esta vez que con euforia.
"Antes del cierre de este mercado se confirmó que, finalmente, el vicepresidente de EEUU, Vance, había anulado su viaje a Pakistán ya que la delegación iraní había decidido no acudir con la excusa de que el bloqueo estadounidense del estrecho de Ormuz violaba el alto el fuego", apunta Juan J. Fernánez-Figares, director en Link Gestión. "Sin embargo, todo parece indicar que, entre los políticos iraníes, más pragmáticos, y los líderes de la guardia revolucionaria, existen importantes divergencias que hacen que el país no pueda, de momento, plantear una postura unificada a la hora de negociar".
En Wall Street, el sesgo sigue siendo alcista. Los futuros apuntan a un rebote este miércoles, con el Dow Jones subiendo un 0,52%, el S&P 500 un 0,61% y el Nasdaq 100 un 0,76%.
El mercado estadounidense mantiene el impulso de riesgo, apoyado la llegada de resultados de empresas como Tesla y la sucesión de operaciones corporativas con mareantes cifras.
SpaceX ha cerrado la compra de Cursor por 60.000 millones de dólares, mientras que Deutsche Telekom avanza hacia una fusión con su filial estadounidense T-Mobile por 200.000 millones.
Europa, sin embargo, dibuja otro panorama. El Euro Stoxx 50 apenas avanza un 0,2%, mientras que varios índices empiezan a mostrar signos de fatiga: el Cac 40 cae un 0,1% y el Ibex 35 cede un 0,2%, al igual que el Dax alemán.
Ahí está una de las claves del mercado: el petróleo. A pesar del aparente alto el fuego, la tensión sigue muy presente y el barril de Brent ha vuelto a situarse en los 100 dólares por primera vez en 2 semanas.
El cierre de Ormuz mantiene las previsiones sobre el suministro global bajo presión al tiempo que reduce los niveles de inventarios, lo que está provocando que aumente el diferencial entre las cotizaciones de los futuros en los mercados y el precio real en los petroleros.
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