

























Google ha celebrado esta semana su conferencia anual Cloud Next con un mensaje claro, la inteligencia artificial (IA) agéntica es capaz de actuar de forma autónoma, encadenar tareas y tomar decisiones sin necesidad de supervisión humana constante. Esta tecnología ha dejado de ser una promesa para convertirse en realidad para las empresas.
El gran protagonista del evento ha sido Gemini Enterprise Agent Platform, una plataforma con la que las empresas pueden construir, desplegar y gestionar flotas enteras de agentes de IA. La compañía ha presentado herramientas para que tanto los desarrolladores como los empleados sin perfil técnico puedan crear sus propios agentes usando un lenguaje natural. El crecimiento está siendo notable, ya que en el primer trimestre del año, los usuarios activos de pago han crecido un 40% respecto al trimestre anterior.
Lo relevante no es la propia herramienta, sino el problema que resuelve. Hace un año la pregunta era si era posible construir un agente; hoy, según el propio CEO Sundar Pichai, la pregunta es cómo gestionar miles de ellos. Google responde con una plataforma que no solo permite crear agentes, sino también supervisarlos, saber qué hace cada uno, con qué datos interactúa y cuándo se sale de la línea a seguir.
En un entorno empresarial el error de un agente puede tener un impacto real y el control del mismo es tan importante como la capacidad de automatizarlo.
Paralelamente, en el marco de las infraestructuras, Google ha anunciado su octava generación de chips TPU, con dos variantes diseñadas para distintos usos. Los TPU 8t están optimizados para el entrenamiento de modelos y triplican la potencia de los chips anteriores; y los TPU 8i permiten ejecutar millones de agentes de forma simultánea con un coste reducido. Son, en definitiva, el motor que hace posible la escala que Google ha prometido en su conferencia.
Esta apuesta por el desarrollo propio de chips viene en un momento en que la dependencia de chips de Nvidia marca el ritmo y el coste de la IA para casi toda la industria, aunque Google lleva años desarrollando sus propios procesadores. La octava generación de chips consolida su estrategia y le da una diferenciación frente a competidores que compran en el mismo mercado.
No obstante, la seguridad también ha sido clave en el evento, ya que cada agente creado supone una posibilidad de ataque.
La combinación de su sistema de inteligencia sobre amenazas con la plataforma Wiz permite detectar y responder a ataques de forma autónoma. De hecho, un agente de triaje ya ha procesado más de cinco millones de alertas. El resultado es que un análisis que antes llevaba media hora ahora a apenas lleva un minuto.
Este argumento es clave, ya que cuantos más agentes despliega una empresa, mayor es el riesgo. La respuesta no puede ser humana, tiene que ser también tecnológica. En cierto modo, Google vende el problema y la solución en el mismo paquete.
Por otro lado, Google da un paso más allá con Workspace, para convertirse en una capa de inteligencia semántica.
Así pues, los anuncios de Cloud Next '26 demuestran que Google ha decidido competir en la nube de una manera muy distinta a como lo hacía hace cinco años. Ya no se trata solo de ofrecer infraestructura o servicios puntuales, sino de posicionarse como el sistema operativo de la empresa inteligente. Un lugar donde los datos, los modelos, los agentes y las personas convergen.
En conclusión, Google controla el chip, el modelo, la plataforma de agentes, las aplicaciones y ahora también la seguridad. Esa integración es precisamente lo que la compañía vende como ventaja frente a rivales que juntan piezas de distintos proveedores.
Lo que queda claro es que la carrera ya no es por el mejor modelo de lenguaje, es por quién construye la infraestructura más completa en la que confiarán las empresas en un futuro. Y Google lleva tiempo preparándose para esa competición.
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