




















El Banco Central Europeo (BCE) ha optado este jueves por no moverse y contener tanto los tipos como la respiración. El Consejo de Gobierno decidió "mantener sin variación los tres tipos de interés oficiales", en una reunión marcada por el repunte de los precios energéticos derivado de la guerra en el Golfo Pérsico y las repercusiones sobre la economía.
La institución presidida por Christine Lagarde señaló que, aunque los datos recientes han sido "en general coherentes" con su diagnóstico anterior, el equilibrio de riesgos se ha deteriorado, según la declaración de este jueves 30 de abril.
En concreto, el banco advierte de que "los riesgos al alza para la inflación y los riesgos a la baja para el crecimiento se han intensificado", una combinación que complica el margen de maniobra de la política monetaria.
El BCE mantiene así el tipo de depósito en el 2,00%, el de refinanciación en el 2,15 % y la facilidad marginal de crédito en el 2,40 %, prolongando una pausa que refleja tanto la moderación previa de la inflación como la incertidumbre actual.
El Consejo reiteró su compromiso de "asegurar que la inflación se estabilice en el objetivo del 2 % a medio plazo", evitando dar señales anticipadas sobre el rumbo futuro de los tipos.
"La guerra en Oriente Próximo ha dado lugar a un acusado incremento de los precios de la energía, impulsando la inflación y afectando al clima económico", recuerda en el análisis de la situación el BCE. "Las implicaciones de la guerra para la inflación a medio plazo y para la actividad económica dependerán de la intensidad y la duración de la perturbación de los precios energéticos y de la magnitud de sus efectos indirectos y de segunda vuelta".
El banco central advierte de que el impacto final dependerá de la duración del conflicto: "Cuanto más tiempo dure la guerra y los precios de la energía se mantengan en niveles elevados, más fuerte es el posible impacto".
Este shock energético llega, sin embargo, en un momento relativamente sólido para la zona euro, a caballo entre el primer y segundo trimestre del año, que puede amortiguar el impacto sobre empresas y hogares si
El BCE subraya que la economía "ha mostrado capacidad de resistencia en los últimos trimestres" y que la inflación partía de niveles cercanos al objetivo. Aun así, reconoce que las expectativas de inflación a corto plazo "han aumentado significativamente" pero las de largo plazo siguen "firmemente ancladas".
En línea con su enfoque reciente, el BCE evitó comprometerse con una trayectoria concreta de tipos. "El Consejo de Gobierno no se compromete de antemano con ninguna senda", recalca el texto del banco central, insistiendo en que las decisiones se tomarán reunión a reunión y en función de los datos.
Este enfoque flexible se combina con una retirada progresiva de estímulos. Las carteras de los programas de compra de activos (APP y PEPP) continúan reduciéndose "a un ritmo mesurado y predecible", al no reinvertirse los vencimientos de esa deuda que estaba en cartera.
Con todo, el mensaje de advertencia del BCE sigue siendo el de que está listo para actuar ante escenarios más volátiles. "[El banco] está preparado para ajustar todos sus instrumentos", concluye.
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