























Durante años, las recompras de acciones fueron una de las palancas más fiables de las grandes tecnológicas para sostener sus cotizaciones. La mecánica es sencilla, ya que al reducir el número de títulos en circulación, las empresas elevan el beneficio por acción y, con él, el precio del valor. Los inversores lo saben y lo descuentan. Ahora, sin embargo, esa palanca está desapareciendo, devorada por el coste de la carrera por la inteligencia artificial.
De los cuatro grandes inversores en IA, solo Microsoft recompró acciones por apenas 3.400 millones de dólares, su cifra más baja en casi una década. El resto dedicó su free cash flow a otra cosa: infraestructura de centros de datos.
No solo se han frenado las recompras. Algunas de estas empresas están haciendo lo contrario: emitir nuevas acciones para financiar sus ambiciones en IA. Alphabet prepara una ampliación de capital de unos 85.000 millones de dólares —la primera en veinte años— para costear la construcción de centros de datos, mientras que Meta estudia una operación similar que podría alcanzar decenas de miles de millones. El modelo de negocio que definió a estas compañías durante la última década —poco capital invertido, altos márgenes, dinero devuelto al accionista— está mutando hacia uno radicalmente distinto: intensivo en capital, con balances más cargados y retornos todavía por demostrar.
Las cuatro compañías tienen previsto destinar hasta 725.000 millones de dólares en inversión de capital (capex) este año, una cifra que se espera aumente aún más en 2027. A juicio de Robert Schiffman, analista de crédito sénior en Bloomberg Intelligence, el nivel de capex supera con creces las estimaciones más optimistas de hace apenas unos meses, y las recompras seguirán cayendo mientras el capital se destine a construir infraestructura.
El cambio de perfil tiene consecuencias directas sobre la tesis de inversión en estas compañías. Brent Fredberg, gestor de cartera y analista del sector tecnológico en Brandes Investment Partners, sostiene que el perfil de riesgo ha cambiado de forma estructural: durante la última década, estas empresas eran negocios ligeros en capital con fuertes efectos de red; ahora el free cash flow se contrae, los balances pierden atractivo y las compañías han pasado de recomprar acciones a emitirlas, al tiempo que empiezan a competir entre sí de forma más directa.
Alphabet es el caso más llamativo entre quienes han frenado. En los últimos cinco años, el grupo propietario de Google destinó unos 280.000 millones de dólares a recomprar sus propias acciones, más del 6% de su capitalización bursátil actual. El primer trimestre de 2026 marcó la primera vez en casi diez años que no ejecutó ninguna recompra, frente a los más de 15.000 millones que invirtió en el mismo periodo del año anterior.
Apple, en cambio, ha mantenido su programa mientras evita grandes desembolsos en infraestructura propia, optando por acuerdos con terceros —entre ellos Google— para integrar funciones de IA en sus dispositivos. En abril autorizó 100.000 millones adicionales para recompras, la misma cifra que el año anterior, y elevó su dividendo trimestral un 4%, hasta los 26 centavos por acción. Nvidia, beneficiaria directa del boom de gasto en IA, también mantiene un programa activo: el mes pasado reservó 80.000 millones para recompras, tras los 60.000 millones autorizados en agosto, y destinó cerca de 20.000 millones a este fin solo en el primer trimestre fiscal.
Por ahora, los inversores están dispuestos a esperar el retorno de esa apuesta. Las acciones de Alphabet acumulan una revalorización del 17% en lo que va de año, frente al 9,5% del S&P 500. El interrogante, no obstante, es hasta cuándo durará esa paciencia. En palabras de Schiffman, estas compañías tienen acceso suficiente a los mercados de capitales para financiar su expansión incluso si el capex sigue creciendo. El escenario que sí podría generar problemas reales es otro: un deterioro macroeconómico severo o el cierre de los mercados de capitales. Ese sería el verdadero test.
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