





















Salvo sorpresa de última hora, Jerome Powell se despedirá el próximo miércoles 29 de abril en su tradicional conferencia con analistas y periodistas que acompaña a la reunión sobre política monetaria de la Reserva Federal (Fed). Había alguna duda todavía en el aire pero se resolvió el pasado viernes después de que el Departamento de Justicia del Gobierno Trump diese carpetazo a la investigación sobre Powell y la Fed, un proceso en clave de represalia por no bajar los tipos.
La cuestión era 'casus belli' para varios senadores de EEUU que habían amenazado con bloquear el nombramiento de Kevin Warsh como nuevo presidente de la Fed, alegando injerencias de Trump contra la independencia del banco central. Por el mismo motivo y por otra investigación en curso a la gobernadora Lisa Cook, el propio Powell aún baraja seguir en la Fed de Warsh hasta el final de su mandato en 2028 como miembro del comité monetaria.
De un modo u otro, el relevo en la presidencia de la Fed siempre ha atraído grandes eventos en los mercados, habitualmente del lado negativo. Las crisis y los desafíos persiguen a los presidentes de la Reserva Federal como si quisieran ponerles a prueba. La próxima etapa del segundo nominado por Trump -Powell también lo fue- no escapará a esa especie de maldición bursátil de mayor o menor virulencia.
Warsh será el decimoséptimo presidente de la institución creada en 1914, una centenaria historia que ha estado plagada de situaciones límite. Entre los más destacados, Roy Young es una de las figuras de infausto recuerdo en la Fed tras protagonizar el final de los felices años 20 y el crac de 1929. Su sucesor lo tuvo peor. Marriner Eccles quizá se lleva la palma porque tuvo que lidiar con la Gran Depresión, los episodios de hiperinflación europea, la Segunda Guerra Mundial y los primeros años de la posguerra con la financiación del Plan Marshall.
Otra de las leyendas de la Fed como Paul Volcker también cogió las riendas con EEUU en una situación en máximo riesgo debido a los efectos de la crisis energética y petrolera de los años 70. Subió y bajo los tipos en movimientos acordeón para domar una inflación desbocada, pero a cambio de provocar una de las peores recesiones de la historia de EEUU. Se ganó el desprecio de medio país, pero a la vez el prestigio y el crédito entre economistas y banqueros centrales.
Su sucesor Alan Greenspan se encontró con el mítico crash de Wall Street de 1987, vivió la "exuberancia irracional" de los años 90 y asistió al estallido de la burbuja de las puntocom mientras tuvo que enfrentarse a los efectos del 11 de septiembre y el inicio de un nuevo periodo de guerra exterior de EEUU.
Casi como recién llegado al puesto, Ben Bernanke se enfrentó al colapso financiero de 2008, el mayor desde la Gran Depresión, y tuvo que reinventar sobre la marcha las herramientas del banco central. Janet Yellen heredó la delicada tarea de normalizar una política monetaria que había vivido en territorio extraordinario durante años.
Y luego está Jerome Powell. Quizá ninguno de sus predecesores en la Fed tuvo afrontar tantas tormentas financieras, económicas y políticas en un solo mandato. Al menos, no todas a la vez y en todas partes con una interconexión cada vez más alta entre países. También una coordinación con otros bancos centrales de lo más fluida y
Ninguno tuvo por dos veces a un presidente en la Casa Blanca como Trump insultándole y amenazándole en público durante años. Desde que en 2018 accedió al sillón, Powell gestionó el shock de la pandemia por el Covid-19 bajando tipos de forma fulminante e inyectó liquidez a una velocidad sin precedentes para compensar el 'cerrojo global'.
Después vino la inflación más alta en cuatro décadas con la guerra de Ucrania, que le obligó a subir los tipos con la agresividad que los mercados no esperaban. De 0 al 5,5% en menos de dos años. Y cuando parecía que el panorama para la Fed estaba en calma, Trump ganó las elecciones, empezó la guerra de los aranceles y comenzó el conflicto Irán, la mayor disrupción energética de la historia. Por si fuera poco, Powell será el presidente que tomó contacto con el boom de la inteligencia artificial y la modernización de los pagos digitales.
La posible llegada de Kevin Warsh a la presidencia de la Reserva Federal no sería un mero cambio de liderazgo, sino el inicio de una transformación de fondo. Según Eiko Sievert, director de calificaciones del sector público y soberano de Scope Ratings, este relevo implicaría un giro sustancial en la filosofía, las prioridades e incluso en el lenguaje del banco central más influyente del mundo.
En materia de tipos de interés, Sievert apunta que Warsh "es probable que abogue por una bajada de los tipos de interés basándose en su opinión de que el crecimiento impulsado por la Inteligencia Artificial no provocará inflación". Se trata de una visión optimista, e inocente para muchos analistas, que contrasta con un contexto en el que la inflación sigue por encima del objetivo, presionada además por el conflicto con Irán y el encarecimiento del petróleo.
Sin embargo, el cambio no se limitaría al terreno monetario. El analista de Scope Ratings considera que "su nombramiento apuntaría a una reducción significativa de la intensidad de la supervisión y a un giro hacia la desregulación, además de un enfoque más limitado en el doble mandato de la Fed".
En esa misma línea, desde Scope advierten de que "temas como el riesgo climático y la equidad social recibirán una atención significativamente menor". Asimismo, la reducción del balance se situaría entre las prioridades de Warsh, "aunque es probable que la implementación siga siendo gradual para evitar una volatilidad indebida en los mercados". En el ámbito de la comunicación, Sievert también anticipa cambios relevantes, con "menos orientación prospectiva sobre las expectativas de los miembros del FOMC respecto a los tipos de interés futuros".
Con todo, Sievert subraya la fortaleza institucional de la Reserva Federal. En sus palabras, "la Fed ha resistido eficazmente la presión política hasta ahora, a pesar de haber sido desafiada no solo por la retórica, sino también por maniobras legales y procedimentales sin precedentes", y recuerda que "existen importantes salvaguardias que respaldan la independencia continuada de la Fed, incluida la mayoría de votos necesaria para las decisiones sobre los tipos de interés oficiales".
La verdadera prueba llegará en junio. Sievert advierte que "las bajadas de tipos realizadas sin el respaldo de datos que indiquen un retroceso de las presiones inflacionistas serían una señal del debilitamiento de la independencia de la Fed". Y concluye con una advertencia clara: "Esperamos una presión al alza sobre la inflación en los próximos meses impulsada por el aumento de los precios de la energía debido a la guerra entre EE.UU., Israel e Irán".
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