





















Intel Corp. se ha transformado, de repente, en uno de los valores más codiciados dentro del S&P 500, en la bolsa norteamericana. Gracias a una racha alcista de ocho días, la compañía ha sumado más de 100.000 millones de dólares a su valor de mercado, alejando las dudas que, durante años, han girado en torno a su capacidad de liderazgo en el sector de los semiconductores.
Tras un largo periodo de bajo rendimiento y temores sobre la pérdida de su ventaja competitiva, estas noticias han reavivado el entusiasmo de los inversores, llevando a las acciones a registrar su mejor semana desde enero de 2020 con un ascenso del 51% en apenas ocho sesiones.
Thomas Hayes, presidente de Great Hill Capital, señala que la empresa claramente ha dejado de estar en "soporte vital" para entrar en una fase de expansión. Este giro estratégico se consolidaba a principios de abril, cuando Intel acordó pagar 14.200 millones de dólares para recuperar su planta en Irlanda, anteriormente compartida con Apollo Global Management.
A este movimiento se sumaron hitos como la integración de Intel en el proyecto Terafab de Elon Musk para suministrar chips a Tesla y SpaceX, y el compromiso de Google para usar la próxima generación de procesadores Xeon en sus centros de datos.
Este rally ha elevado las ganancias de la empresa al 69% en lo que va de año, una cifra que se apoya en el crecimiento del 84% obtenido el año pasado mediante alianzas con Nvidia y SoftBank.
De hecho, incluso el gobierno de EE. UU. ha visto los frutos de su apuesta, con una participación que hoy alcanza los 27 millones de dólares, superando con creces su inversión inicial.
Sin embargo, el vertiginoso ascenso ha generado un clima de cautela en Wall Street, ya que la acción cotiza actualmente a niveles de valoración históricamente altos, superando la burbuja puntocom. Con un múltiplo de más de 90 veces sus beneficios estimados, Intel ha superado en un 50% los niveles vistos durante el pico de la burbuja puntocom, situándose muy por encima del promedio de la industria.
Esta desconexión ha provocado que solo una minoría de los analistas mantenga la recomendación de comprar, mientras que la mayoría observa con escepticismo cómo el precio actual supera en un 27% el objetivo medio del mercado. Además, a pesar de la euforia, el título aún se sitúa casi un 9% por debajo de su máximo de 2020, contrastando con el crecimiento de Nvidia o Broadcom.
A pesar de estas métricas que algunos califican de "insanas", expertos como Jay Goldberg de Seaport Group sugieren que el mercado podría estar subestimando el potencial de recuperación a largo plazo.
Aunque se prevén pérdidas para este año, las proyecciones para 2029 sitúan el beneficio neto por encima de los 2,13 dólares por acción. La apuesta de los optimistas reside en que, tras años de dificultades, Intel tiene hoy una mayor capacidad de sorprender al alza que los gigantes ya consolidados, consolidando su transformación de una empresa en crisis a un pilar fundamental de la infraestructura tecnológica global.
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