













En el lapso que va de 2006 a 2023, el mercado de las bicicletas eléctricas pasó de vender unas 200.000 unidades en Europa a escalar hasta los seis millones gracias al impulso de dos líderes indiscutibles (Alemania y Países Bajos) y a la popularidad de este medio de transporte en muchas ciudades de la UE gracias a un doble factor: por una parte, la adaptación del paisaje urbano al ciclista (con más carriles bici que nunca) y, por otro lado, la certeza de que una e-bike es más económica (no paga seguro ni impuesto de matriculaciones) que el uso de una motocicleta o un turismo, y también implica menos riesgos que una moto por las puras leyes de la física: a 50 kilómetros por hora, la energía cinética es cuatro veces superior que a 25, el límite legal de velocidad de las bicis electrificadas.
El punto de inflexión se registra en 2011, cuando Bosch lanza al mercado su primer motor central. Poco después se sumarían a esta tendencia Yamaha y Shimano. Se transforma ahí la experiencia de conducción, que pasa a ser más natural y progresiva, sin los tirones ni las inconsistencias del pasado. Aunque la holandesa VanMoof, una de las startups surgidas a rebufo de esta moda, se funda en 2009, algunas de las nuevas marcas que dominan hoy el panorama se crean entre finales de la segunda década del siglo XXI y la era post-pandemia. Es el caso de la belga Cowboy (2017), las chinas ADO y Fiido (2018) y la chino-holandesa Tenways (2021). Las restricciones derivadas del covid suponen, de hecho, el redimensionamiento de la e-bike, que queda convertida desde entonces en la primera alternativa al transporte tradicional en zonas densamente pobladas y con problemas de tráfico.
Hoy el panorama presenta varios bloques de interés. A las compañías emergentes, algunas de ellas sometidas al abismo de la quiebra aun con final más o menos feliz (VanMoof es el mejor ejemplo), se suman las de corte más clásico, esas Orbea, Specialized, Scott, Trek o Cannondale que han incorporado a sus catálogos bicicletas eléctricas para todos los casos de uso, desde el utilitarismo urbano hasta el deporte. Lo explica Víctor Leda, uno de los socios del Taller de Bicicletas, tienda de referencia en Sevilla: “La e-bike beneficia no sólo a quien tenía problemas de movilidad reducida y no se planteaba montar en una bicicleta normal, sino también a esos ciclistas de toda la vida que al cumplir cierta edad recurren a la eléctrica para seguir disfrutando”.
De ese primer bloque deriva otro, el canal de venta, pues al negocio físico y los distribuidores oficiales se suman ahora todas esas marcas que colocan el producto directamente online. Esto obliga a los talleres, en palabras de Manuel Carrión, jefe de ventas en Las Bicis Naranjas (Cádiz), a una formación extra que firmas como Bosch o Shimano imparten gratis pero que otras con menos pedigrí nunca ofrecerán, dejando al cliente con una avería potencialmente abandonado.
“Todo tiene ventajas e inconvenientes. Decantarse por una marca premium implica unas garantías, aunque los chinos han democratizado el acceso a e-bikes a precios más razonables”. Además, ni todo lo premium es infalible ni todo lo chino defectuoso. Ese es un discurso del siglo pasado que no se corresponde con lo que la crítica y los usuarios anotan en internet, donde Fiido (4,3 sobre 5 en TrustPilot) y ADO (4,1) salen bien paradas e incluso Tenways (3,6) presenta mejor desempeño que las europeas y más costosas VanMoof (3,4) y Cowboy (2,5).
Respecto al futuro de la movilidad urbana, Carrión apunta que la influencia de las Administraciones Públicas se reduce a dos aspectos: mejorar y ampliar los carriles bici y las zonas seguras de aparcamiento (los robos están a la orden del día) y seguir apostando por las bicicletas eléctricas de uso compartido, bien con flotas municipales propias, bien permitiendo que terceras empresas presten dicho servicio.
Añade Leda que cualquier medio ligero de transporte es muy sensible a la regulación. “Los patinetes ya no serán tan asequibles [cada vez más ayuntamientos exigen un seguro para circular con ellos] y las motos de 125 centímetros cúbicos no cuestan más que una e-bike de calidad. Si hay facilidades de infraestructura, la bici eléctrica te soluciona mucho, pero si circula por carretera ralentiza el tráfico y es peligrosa. Lo positivo es que, si el límite de 25 km/h de velocidad no se toca y el seguro no es obligatorio, lo normal es que se sigan expandiendo y la gente se beneficie de ello”.
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