























El bebé imaginado a lo largo del embarazo no siempre concuerda con el bebé real que va a nacer. | Semana 7 | Una mamá como tú
Publicado por María Machado
Periodista especializada en parenting, infancia y crianza
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Aunque todavía no conozco a mi bebé (aunque yo sienta lo contrario), ya me imagino cómo será. Estoy en la semana 7 de embarazo y aún no me han hecho una ecografía. Ni siquiera he escuchado su latido del corazón a través de un doppler. Por supuesto, tampoco sé si es niño o niña, el color de sus ojos (de hecho, aún no tiene ojos como tal) ni si le gusta más el dulce o el salado. Aunque no sé nada de mi bebé, yo ya tengo una imagen mental de cómo es.
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Me pasa sin darme cuenta. Voy conduciendo, me meto en la ducha o estoy tumbada antes de dormir y de repente me sorprendo pensando en el bebé.
Me pregunto si será tranquilo o de los que no paran quietos. Si te gustará leer, dibujar, correr o desmontar cosas para ver cómo funcionan. Si hablarás por los codos como papá o si serás de los que observan mucho antes de decir una palabra.
Lo curioso es que todavía no existes para mí como una persona concreta. Eres más bien una mezcla de intuiciones, deseos y preguntas.
Pues bien, hace unos días descubrí que la psicología tiene incluso un nombre para esto: el "bebé imaginado". Es decir, el hijo que empezamos a construir en nuestra cabeza mucho antes de conocer al bebé real.
Y, según la psicología, esto ocurre porque imaginar al bebé ayuda a prepararnos emocionalmente para su llegada. Es una forma de empezar a construir el vínculo con alguien que todavía no conocemos, pero que ya ocupa un lugar importante en nuestra vida.
Según explican los autores de un estudio publicado en la Revista chilena de pediatría, durante esos 9 meses de espera no solo crece el bebé, sino que también empieza a crecer la relación que tenemos con él.
Aunque todavía no haya nacido, vamos haciéndole un hueco en nuestra vida y en nuestros pensamientos. Empezamos a preguntarnos quién será y cómo será nuestra relación con él. Esto es completamente normal, ya que tanto el embarazo como lo que viene después son etapas muy intensas a nivel emocional, pero también de cambios vitales.
Si te paras un momento a pensar, el embarazo algo muy raro porque, de repente, quieres muchísimo a alguien al que todavía no conoces. Sabes que existe, que está ahí, pero gran parte de él sigue siendo un misterio. Y la imaginación, de alguna manera, intenta rellenar esos espacios en blanco.
A veces me pregunto cuánto de él o ella hay realmente en ese bebé que imagino, porque sospecho que muchas de las cosas que proyecto hablan más de mí que de él o ella.
Quizá le imagino tranquilo porque yo necesito calma o quizá deseo que le gusten los libros porque a mí me han acompañado toda la vida. Tal vez fantaseo con ciertas cosas simplemente porque forman parte de mis propios sueños.
Es cierto que estoy volcando ciertas expectativas en mi bebé imaginado pero me parece que es una forma de empezar a quererle.

Otro estudio, publicado en 2015, analiza precisamente lo que ocurre cuando el bebé nace y esa imagen imaginada se encuentra por fin con la realidad.
Aunque no puedo evitar imaginar cómo será, también intento recordar que el bebé real probablemente será diferente a muchas de las imágenes que hoy construyo en mi cabeza.
Según este trabajo, el choque entre el bebé imaginado y el bebé real puede influir en el bienestar de la madre así como en el vínculo que madre y bebé establecen durante el posparto. Y es que a menudo es necesario realizar un proceso de adaptación para acercar ambas visiones del bebé.
Sé que no me va a decepcionar, sea como sea mi bebé en la realidad, pero creo que es importante aceptar que ninguna imaginación puede anticipar por completo a una persona.
El bebé que imaginamos durante el embarazo es una especie de boceto. El bebé real llega después, con sus propios gustos, su propio carácter y una forma única de estar en el mundo.
Pensándolo bien, quizá esta sea una de las primeras lecciones de la maternidad. Aceptar que nuestros hijos no vienen a cumplir nuestras expectativas. Vienen a mostrarnos quiénes son.
Yo puedo pasarme estos meses imaginándole de mil maneras distintas. Puedo creer que serás aventurero, sensible, hablador o reservado. Puedo construir historias enteras sobre cómo será tu infancia. Y seguramente me equivoque en casi todo.
La verdadera aventura no será imaginarle, sino conocerle. Y, sinceramente, creo que ese bebé real será mucho más interesante que cualquiera de las que soy capaz de inventar ahora mismo.
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