





























Aprender a respetar todos los cuerpos empieza en casa. Estas pautas ayudan a educar a los niños desde la empatía y la aceptación.
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Los prejuicios, incluso desde temprana edad, suelen ser habituales. Los niños crecen observando el mundo que les rodea, escuchando comentarios, interiorizando comportamientos y construyendo ideas a partir de lo que ven. Aunque sea de forma inconsciente y sin maldad, estas percepciones pueden influir en la manera en la que interactúan con los demás, sobre todo cuando son "diferentes".
Por ello, resulta fundamental trabajar desde la infancia valores como la empatía, el respeto y la diversidad. Es clave ayudarles a aceptar a los demás a no prejuzgar sin saber y sobre todo, a no opinar sobre cuerpos ajenos.
Tal y como señala Marce Álvarez, educadora certificada en Disciplina Positiva (@marceducadora), es importante transmitirles que los cuerpos son diversos y que todos merecen respeto, sin excepciones. Educar en la diversidad corporal implica normalizar distintas formas, tamaños y apariencias y, por ende, evitar comentarios negativos o comparaciones constantes.
La experta aconseja dar ejemplo. Los niños se suelen fijar en los comentarios y las actitudes de sus padres de ahí la importancia de no opinar negativamente sobre el propio cuerpo o sobre cuerpos ajenos. De esta manera, evitarán normalizarlo.

Otro aspecto fundamental es enseñar a los niños y niñas a responder ante comentarios inapropiados relacionados con el físico. Frases aparentemente inofensivas como “estás más gordit@” pueden afectar a la autoestima y reforzar inseguridades desde la infancia.
Que estén dirigidas a él mismo o a otro niño, en lugar de guardar silencio, conviene ofrecerles herramientas para reaccionar de manera asertiva y respetuosa, con respuestas sencillas como “No está bien opinar sobre el cuerpo de los demás” o “Cada cuerpo es diferente”. De esta manera, ponen límites, pero también comprender que el valor de una persona no depende de su aspecto físico.
La experta subraya la importancia de explicar que no porque “todo el mundo lo hace” está bien. Cuestionar ciertos comentarios es fundamental para construirse como una persona responsable, empática y comprensiva. "Enseñar a niñ@s y adolescentes a no opinar del cuerpo de otros es enseñar respeto, empatía y una mirada libre de juicios", aclara la profesional.
Al igual que los niños no deben opinar sobre cuerpos ajenos, es fundamental los adultos tampoco emitan juicios. La psicóloga Andrea Colina explica, vía Instagram (@psicoandrear), que "muchos comentarios se dicen con cariño, sin mala intención, pero influyen en cómo las niñas aprenden a mirarse, a valorarse y a relacionarse con su cuerpo y con la comida. Cuando opinamos sobre su cuerpo, ellas aprenden que puede estar 'bien' o 'mal', que debe ser observado, corregido o controlado".

Frases como “Estás más delgada, qué linda te ves”, “Cómo te estiraste, ahora sí estás bonita”, “Estás gordita, pero tu carita es hermosa”, “No comas tanto” o “Ya tienes que cuidarte” refuerzan la idea de que el aspecto físico determina el valor personal. De ahí la importancia de evitarlos.
Sin embargo, según la profesional, lo que sí se puede decir es "Qué bueno verte”, “Cómo has crecido”, “¿Cómo te has sentido últimamente?”, “Me alegra compartir este momento contigo” o “Tu cuerpo sabe crecer a su ritmo”, ya que no suponen una valoración como tal que podría afectar de manera tan frontal al pequeño.
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