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Ser Padres

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4 hábitos en la mesa que parecen inofensivos, pero alejan...
María Machado · 2026-06-18 · via Ser Padres

Compartir en familia el tiempo de la comida o la cena tiene muchos beneficios para los niños. Sin embargo, vigila no cometer estos errores.

Malos hábitos en la mesa
Al comer en familia, no caigas en estos malos hábitos (ChatGPT-MM)

María Fernández

Publicado por María Machado

Periodista especializada en parenting, infancia y crianza

Creado: Actualizado:

Comer en familia parece una costumbre sencilla, casi automática. Sin embargo, detrás de ese momento cotidiano se esconde mucho más que la simple necesidad de alimentarse. Para los niños, compartir la mesa con sus padres es también una oportunidad para aprender, observar, comunicarse y fortalecer vínculos.

De hecho, algunos especialistas consideran que las comidas familiares son uno de los espacios más importantes para el desarrollo emocional y social durante la infancia. El problema es que determinados hábitos, muy frecuentes en muchos hogares, hacen que se pierda gran parte de ese potencial.

Paloma Páramo (@palomacomeyhabla), logopeda, asesora de lactancia y especialista en alimentación complementaria, lo ve con frecuencia en las familias a las que acompaña. Según explica, cuando un bebé empieza a comer no solo se alimenta, sino que está adquiriendo otras muchas habilidades esenciales.

"Está aprendiendo a compartir, a observar, a comunicarse. Está mirando cómo coméis vosotros, qué cara ponéis cuando algo os gusta, cómo reaccionáis cuando él prueba algo nuevo. La mesa es su primer laboratorio social, mucho antes de que llegue al cole. Y eso no se recupera luego añadiendo más nutrientes al plato. La conexión que se construye (o que se pierde) alrededor de la comida en estos primeros años deja una huella bastante profunda en cómo el niño va a relacionarse con la comida, y con las personas, mucho más adelante".

Los beneficios de compartir el tiempo de las comidas en familia
Las comidas en familia tienen muchos beneficios para los niños (ChatGPT-MM)

Errores que impiden disfrutar de las comidas familiares

A partir de su experiencia profesional, Paloma Páramo señala cuatro errores especialmente habituales que pueden impedir que las comidas familiares aporten todos los beneficios que podrían ofrecer. Son pequeños hábitos a la mesa que, con un poco de conciencia, podemos cambiarlos para que todos disfruten más de las comidas compartidas.

1. Utilizar pantallas durante las comidas

Es el primer hábito que menciona cuando se le pregunta qué situaciones hacen que las familias desaprovechen el potencial de conexión que existe alrededor de la mesa.

"El hábito dañino que más veo, sin dudarlo: la pantalla. Ya sea la tablet del niño, el móvil de los padres, o la tele de fondo 'para que coma'".

Muchas familias recurren a las pantallas porque parecen una solución rápida. El niño permanece sentado más tiempo, se distrae y, en ocasiones, acepta mejor los alimentos. Sin embargo, la experta advierte de que detrás de esa aparente tranquilidad puede haber una consecuencia menos visible.

"Lo que estamos haciendo, sin querer, es enseñarle que para comer hay que desconectarse de la realidad".

Cuando la atención está puesta en una pantalla, el niño deja de prestar atención a lo que ocurre a su alrededor. No observa cómo comen los demás, participa menos en las conversaciones y pierde una parte importante de la experiencia social que acompaña a la comida.

2. Convertir la comida en un campo de batalla

Pocas situaciones generan tanta frustración en las familias como un niño que rechaza alimentos o come menos de lo que sus padres consideran adecuado.

La preocupación es comprensible. Sin embargo, cuando las comidas se llenan de discusiones, insistencias o conflictos constantes, el ambiente acaba deteriorándose.

"El otro hábito que veo mucho es convertir la comida en un campo de batalla", explica Paloma Páramo.

Por qué quitar las pantallas de la hora de la comida
Comer con pantallas es uno de los malos hábitos más repetidos (ChatGPT-MM)

En esos casos, la atención deja de estar en compartir un momento agradable y pasa a centrarse exclusivamente en conseguir que el niño coma. La consecuencia es que tanto padres como hijos terminan afrontando las comidas con tensión, anticipando conflictos incluso antes de sentarse a la mesa.

Lo que debería ser un espacio de encuentro se convierte poco a poco en una fuente de estrés diario.

3. Presionar para que el niño coma más

Muchas veces el conflicto aparece disfrazado de frases aparentemente inocentes. "Una cucharada más", "Venga, solo un poquito", "Cómete lo que queda y terminamos"...

Son expresiones muy habituales que suelen surgir desde el cariño y la preocupación. Los padres quieren asegurarse de que sus hijos están bien alimentados y temen que coman demasiado poco. Sin embargo, la experta advierte de que esa presión puede interferir en algo fundamental: la capacidad del niño para escuchar sus propias señales de hambre y saciedad.

"El resultado es que el niño deja de comer por hambre y empieza a comer (o a no comer) por presión, por negociación, o para que mamá y papá estén contentos", explica.

Con el tiempo, el menor puede dejar de prestar atención a las sensaciones de su propio cuerpo y empezar a relacionar la comida con expectativas externas. Algo especialmente relevante en una etapa en la que está construyendo las bases de su futura relación con la alimentación.

4. Utilizar la comida como premio o castigo

Otro de los errores más frecuentes consiste en convertir los alimentos en una herramienta de negociación.

Frases como "Si no comes no hay postre" o "Si te acabas las verduras tendrás un premio" forman parte del día a día de muchas familias. Aunque suelen utilizarse con buena intención, pueden transmitir mensajes poco saludables sobre la comida. Cuando los niños comen para obtener una recompensa o evitar una consecuencia negativa, la alimentación deja de responder a una necesidad natural.

En lugar de escuchar su apetito, comienzan a comer condicionados por factores externos. Además, determinados alimentos pueden adquirir un valor emocional exagerado: las verduras pasan a verse como una obligación y los dulces como un premio especialmente deseable.

Cómo recuperar la conexión durante las comidas

La buena noticia es que no hacen falta grandes cambios para transformar las comidas familiares en un momento de mayor calidad y conexión. Paloma Páramo propone algunas medidas sencillas que cualquier familia puede empezar a aplicar desde hoy.

La primera es reducir las distracciones tecnológicas. "El móvil, boca abajo o fuera de la mesa. El de todos, incluidos los adultos. No hace falta hacer nada especial, solo estar presentes".

También recomienda dejar de centrar la atetnción en lo que el niño está comiendo para que la charla pueda centrarse en otros aspectos de la vida familiar. "Que la conversación sea sobre el día, sobre algo gracioso que ha pasado, sobre lo que sea. La comida que hay en el plato no tiene que ser la protagonista de la conversación".

Por otro lado, cuando el niño rechaza un alimento, la especialista aconseja responder con naturalidad en lugar de insistir constantemente. "Hoy no te apetece, no pasa nada", propone como alternativa al habitual "venga, solo un poquito".

Por último, anima a involucrar a los niños en pequeñas tareas relacionadas con la preparación de las comidas. Poner los vasos, ayudar a servir o elegir entre dos opciones sencillas puede marcar una diferencia importante. "La implicación genera interés, y el interés genera conexión con lo que hay en el plato mucho más que cualquier estrategia para que coma más".

Al final, la comida familiar no consiste únicamente en llenar el estómago. Es uno de los pocos momentos del día en los que padres e hijos pueden detenerse, mirarse y compartir tiempo sin prisas. Y, como recuerda la experta, en la infancia esos momentos tienen un valor difícil de sustituir.