























Nos obsesionamos con que a nuestros hijos no se les “atraganten” las letras o los números, pero luego el cole les exige algo distinto: convivir con otros 20 niños. Estas son las habilidades sociales que debes desarrollar desde ya para que la primaria no se le haga cuesta arriba.
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El paso de la escuela infantil a la educación primaria no implica únicamente cambiar de aula, es un salto social. Tu hijo dejará de moverse en un entorno más protegido para entrar en un espacio donde las normas son más exigentes, los grupos más grandes y las interacciones más complejas.
Curiosamente, muchos padres se preocupan más porque sus hijos aprendan las vocales o sepan contra hasta diez, como si eso marcara la diferencia desde el inicio, mientras olvidan las habilidades sociales. Sin embargo, estas no solo facilitan la adaptación, también pueden protegerlos del acoso escolar.
Varias investigaciones han constatado que los niños con más competencias sociales, sobre todo aquellas relacionadas con la regulación emocional, la comunicación asertiva y la empatía, tienen menos probabilidades de convertirse en víctimas de bullying. ¿La razón? Saben poner límites, pedir ayuda, desenvolverse mejor en situaciones sociales ambiguas y tienen más amigos que actúan como una red de protección.
Por eso, más allá de los conocimientos académicos, hay habilidades sociales que merecen tanta o incluso más atención. ¿Cuáles son?

En casa, es relativamente “fácil” contener una rabieta, pero en el aula, con 20 o 25 niños más, la cosa cambia. Tu hijo no siempre será el primero en participar, no siempre ganará y no siempre le saldrán las cosas bien. Por eso, es fundamental que sea capaz de gestionar esa frustración sin explotar.
No pretendo que se convierta en un monje zen con 6 años, pero a esa edad un niño debe ser capaz de reconocer que se ha enfadado porque algo no le sale según lo previsto, en vez de tirar el lápiz o llorar desconsoladamente. Haber desarrollado un nivel mínimo de autocontrol le permitirá seguir intentándolo o pedir ayuda si la necesita, en vez de convertirlo en un drama.
En primaria, los maestros no pueden anticiparse a todo lo que necesitan los alumnos ya que, en un aula, es prácticamente imposible estar pendientes de cada gesto o señal. Por eso, es importante que tu hijo sepa expresar lo que necesita de forma clara.
A los 6 años, los niños deben tener la capacidad de explicar lo que sienten, aunque sea de manera sencilla. Así podrán avisar si les duele la tripa, si no entienden algo o si otro niño los ha molestado.
Si un niño no comunica porque se ha acostumbrado a que sus padres sean sus “traductores”, lo más probable es que su necesidad queda desatendida y surja el malestar, que muchas veces sale a la luz a través de una conducta disruptiva. Ser capaz de expresar lo que necesita, por tanto, no es solo una habilidad comunicativa, es una forma de proteger su bienestar.

Durante los primeros años, es normal que los niños vivan en su propio mundo, pero alrededor de los 3 o 4 años eso empieza a cambiar y desarrollan la empatía. Esta habilidad les permite reconocer cómo se sienten los demás y ajustar su conducta en consecuencia. Pueden entender que, si un compañero está triste, quizá no sea el mejor momento para bromas. O que si alguien pierde en un juego, necesita apoyo, no burlas.
La empatía es clave para construir relaciones sanas y duraderas. Un niño empático tiene menos probabilidades de entrar en conflicto y si ocurre, tendrá más herramientas para gestionarlo porque puede ponerse en el lugar del otro sin perder de vista sus necesidades. Asimismo, si se equivoca intentará reparar el vínculo, por lo que es probable que construya una red de apoyo más sólida a su alrededor.
Puede parecer algo sin importancia, pero no lo es porque saber esperar el turno para hablar, jugar o participar es una de las habilidades más importantes en el día a día en el colegio. Cuando tu hijo se integra en grupos más grandes, debe supeditarse a las normas, tiempos y dinámicas compartidas.
Un niño que interrumpe constantemente o que tiene grandes dificultades para esperar su turno suele generar tensión y conflictos porque rompe el ritmo natural de la interacción e impide que los demás se sientan escuchados. En cambio, ser paciente facilita la adaptación social, por lo que no es extraño que acabe condicionando tanto el aprendizaje como la convivencia diaria. La buena noticia es que la paciencia y la capacidad para esperar su turno se pueden mejorar.
Uno de los grandes cambios al empezar primaria es el paso del juego en paralelo al trabajo colaborativo. Los niños ya no se limitan a compartir espacio, sino que deben compartir objetivos.
Y es que para trabajar en equipo deben desarrollar varias habilidades complejas: compartir materiales, respetar ideas diferentes, colaborar para lograr una meta común y entender que no todo se hará a su manera.
En este punto puede aparecer la frustración social porque cooperar también implica ceder, negociar y, a veces, no ganar. Si tu hijo no está preparado para lidiar con ello, los conflictos, las conductas disruptivas y el malestar se multiplicarán.
A veces, como padres, nos centramos demasiado en lo académico, preocupándonos porque nuestros hijos lean bien, escriban con buena letra o sepan sacar cuentas. Y todo eso es importante. No cabe duda. Pero lo cierto es que un niño con buenas habilidades sociales tiene muchas más probabilidades de adaptarse bien, disfrutar del colegio y aprender mejor.
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