




















La matrona Naza Olivera explica por qué una embarazada puede rechazar la prueba de la glucosa y optar por alguna alternativa
Publicado por María Machado
Periodista especializada en parenting, infancia y crianza
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La conocida curva de glucosa o la curva corta es una de las pruebas más habituales del embarazo. Se realiza normalmente entre las semanas 24 y 28 (aunque en ciertos casos hay que adelantarla) para detectar una posible diabetes gestacional y, aunque muchas mujeres la hacen sin problemas, otras la viven como una auténtica pesadilla.
Náuseas, mareos, vómitos o sensación de ansiedad son algunas de las experiencias que muchas embarazadas comparten sobre esta prueba, también conocida como test de O'Sullivan. Ahora, la matrona Naza Olivera Belart, conocida en redes como @comadronaenlaola, ha abierto un debate que está conectando con miles de mujeres al recordar algo importante: la prueba no es obligatoria y existen alternativas.
Igual que es importante saber que esta prueba no es obligatoria, es esencial conocer qué información ofrece una vez realizada. Conociendo tanto los beneficios como los riesgos y las alternativas, la mujer podrá tomar una decisión informada sobre a qué procedimientos quiere someterse. Los profesionales sanitarios son clave para ofrecer esa información a las embarazadas.

En una publicación que acumula miles de reacciones, la matrona escribe: “Algunas mujeres no quieren hacerse las curvas. Con todo el derecho del mundo. El de la ley de autonomía del paciente. El de ser libres”.
La reflexión ha generado conversación porque pone sobre la mesa un tema del que pocas veces se habla claramente durante el embarazo: el derecho de la mujer a decidir sobre las pruebas médicas que acepta o rechaza.
Eso no significa que la curva de la glucosa no sea importante ni que los profesionales dejen de recomendarla. Significa que, legalmente, cualquier paciente puede aceptar o rechazar un procedimiento médico tras recibir la información adecuada. Tanto esta prueba como otros procedimientos durante la gestación.
“Esto no va de que una opción sea mejor que otra. Pero sí de poder elegir”, insiste Olivera.
El test de O'Sullivan busca detectar diabetes gestacional, una alteración en los niveles de glucosa que puede aparecer durante el embarazo debido a los cambios hormonales.
La propia matrona explica que “el embarazo es fisiológicamente un estado de resistencia a la insulina a partir de la semana 20 aproximadamente en adelante”. Es decir, el cuerpo necesita producir más insulina para mantener equilibrados los niveles de azúcar en sangre.
Cuando no consigue compensarlo adecuadamente, puede aparecer diabetes gestacional, algo que conviene controlar para evitar complicaciones tanto en la madre como en el bebé.

Aunque para algunas embarazadas la prueba resulta rápida y sencilla, otras la viven como una experiencia realmente desagradable.
“Es muy frecuente que unas horas después acabes en hipoglucemia, mareada, con sensación de ansiedad e irritabilidad”, señala la matrona. A fin de cuentas, el test de O'Sullivan implica ingerir una cantidad elevada de azúcar de golpe: “100 gramos de glucosa equivalen a 20 sobres de azúcar de cafetería o 10 donuts glaseados”.
Por eso pone especialmente el foco en mujeres que viven las molestias con mucha intensidad: “Mujeres con hiperemesis, con mareos, que vomitan las curvas, deberían recibir la alternativa desde los propios profesionales”.
La primera opción que menciona la matrona es simplemente decidir no realizar la curva de glucosa.
Puede parecer algo polémico, y no es algo que se fomente, pero la clave de su mensaje está en recordar que la autonomía del paciente también existe durante el embarazo. La mujer tiene derecho a recibir información clara sobre beneficios, riesgos y alternativas antes de decidir si quiere someterse al test.
Eso sí, rechazar la prueba no significa ignorar la salud del embarazo ni dejar de controlar una posible diabetes gestacional. De hecho, la matrona insiste en que el objetivo siempre debe ser el mismo: “cuidar a mamá y bebé”.

La otra alternativa que explica Olivera consiste en realizar perfiles de glucemia desde casa e ir controlando los resultados.
“La alternativa es mirar tus glucemias en tu día a día, con tu vida, tu comida, con un glucómetro o un sensor de glucosa”, explica.
Este sistema permite observar cómo responde realmente el cuerpo a las comidas habituales y a la rutina diaria, en lugar de hacerlo tras ingerir una gran cantidad de glucosa de una sola vez, algo que no suele ser habitual en la dieta.
Sin embargo, la matrona también reconoce que todavía existen limitaciones: “Los perfiles de glucemia no están estandarizados ni protocolizados y por eso muchos profesionales lo rechazan”.
Aun así, explica que algunos centros ya trabajan con este tipo de seguimiento y que muchos especialistas en diabetes están habituados a interpretar esos perfiles.
En los últimos años, algunos estudios científicos han analizado el uso de sensores continuos y controles de glucosa como herramienta complementaria durante el embarazo.
Una revisión publicada en la revista Obstetric Medicine concluye que la monitorización continua puede ofrecer información más completa sobre cómo responde el cuerpo de la embarazada a lo largo del día y ayudar a detectar alteraciones glucémicas que podrían pasar desapercibidas en una prueba puntual.
Los investigadores señalan, eso sí, que todavía hacen falta más estudios y protocolos claros antes de sustituir completamente la curva tradicional.
Quizá por eso el mensaje de la matrona está generando tanta conversación: no plantea abandonar el control de la diabetes gestacional, sino recordar que informar, acompañar y ofrecer alternativas también forma parte del cuidado durante el embarazo.
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