






















¿Cansado de repetir lo mismo? Descubre el feedforward, la técnica que sustituye los regaños por anticipación. Así puedes adelantarte a las rabietas y los malos comportamientos sin perder la calma.
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Hay una escena que se repite en muchos hogares una y otra vez: tu hijo grita, le pega a su hermano o desobedece una norma e intervienes para poner orden. Luego le explicas qué ha hecho mal y por qué no puede volver a hacerlo. El “problema”, en estos casos, es que actuamos después. A toro pasado. Con la mejor intención del mundo, por supuesto, pero después de que se ha producido el mal comportamiento.
Esto es lo que llamamos comúnmente feedback; o sea, damos retroalimentación tras una conducta para corregirla o reforzarla. Y aunque es útil, muchas veces llega tarde, cuando el niño ya había reaccionado mal y estaba desbordado emocionalmente. Por suerte, hay un concepto que cambia esa dinámica: el feedforward.
Popularizado por el experto en liderazgo Marshall Goldsmith, el feedforward propone una idea tan sencilla como poderosa: en vez de centrarnos en corregir el pasado, nos anticipamos al futuro. No esperamos a que ocurra el problema; preparamos al niño antes.
De hecho, cabe aclarar que el feedforward no va de advertir (“si sigues, te vas a caer”) ni de amenazar (“si te portas mal, nos vamos”), sino de orientar (“cuando estemos allí, puede que te apetezca correr, pero debemos caminar despacio”). No hay reproches, sino dirección.
Por tanto, consiste en anticipar situaciones potencialmente difíciles y dar a tu hijo herramientas concretas antes de que se produzcan para que sepa cómo reaccionar. Es como ensayar mentalmente el comportamiento deseado cuando el niño todavía puede razonar.

El feedforward es tan eficaz en el ámbito educativo porque se alinea con el funcionamiento del cerebro infantil. Cuando un niño tiene una rabieta, está muy enfadado o llora desconsoladamente, su sistema nervioso está activado. No está en condiciones de procesar explicaciones largas ni de integrar aprendizajes complejos. En ese estado, apelar a la lógica es como intentar enseñar matemáticas en medio de un incendio.
El feedforward tiene lugar antes de ese incendio. Cuando el niño está tranquilo, puede imaginar, anticipar y comprender mejor lo que se espera de él. Por tanto, las palabras realmente pueden marcar la diferencia promoviendo la reflexión y una toma de decisiones más responsable.
Otra clave de la eficacia del feedforward es que reduce la sorpresa emocional. Muchas conductas problemáticas no surgen solo por impulsividad, como solemos creer, sino porque el niño no supo anticipar lo que venía y se sintió descolocado o desbordado. Cuando preparas el terreno de antemano, reduces esa incertidumbre.
Por último, otro efecto importante del feedforward es que reduce las luchas de poder. Cuando las reglas se establecen antes, en frío, no se viven tanto como una imposición. El niño sabe lo que debe hacer de antemano y disminuyen las posibilidades de que pruebe fuerza justo en el momento menos apropiado.

Un estudio realizado en la Babeş-Bolyai University comprobó que cuando los profesores usan el feedforward los estudiantes resuelven las tareas más rápido, mejor y con menos ayuda que cuando solo les brindan feedback. Sin embargo, no hay que ser un especialista para aplicarlo en casa, solo cambiar el cuándo y el cómo intervienes.
No somos adivinos y no podemos prever todos los conflictos o errores de nuestros hijos, pero los conocemos bien, y eso significa que sabemos que ciertas situaciones suelen generar “problemas”, ya sea al salir de casa, ir al supermercado, la hora de dormir o en las visitas familiares… Esos son tus momentos clave.
Antes de que ocurran, prepara a tu hijo. Dile, por ejemplo: “vamos a casa de los abuelos. Sabes que allí hay cosas que no se tocan. Si tienes dudas, me preguntas”. No hace falta dramatizar, solo aportar claridad. Usa un tono calmado y colaborativo. A fin de cuentas, no es una advertencia, sino una preparación conjunta.
Si tu hijo aún es pequeño, no necesita largas explicaciones. De hecho, el feedforward funcionará mejor con instrucciones simples y accionables que pueda comprender. Por tanto, en vez de decirle el clásico: “pórtate bien”, es mejor que especifiques: “cuando entremos, hablaremos bajito y nos sentaremos tranquilos”.
Cuanto más claro sea el feedforward, más fácil le resultará a tu hijo aplicarlo porque entenderá qué esperas exactamente y cómo debe comportarse. En cambio, si damos instrucciones demasiado generales, obligamos al niño a hacer un esfuerzo de interpretación extra. “Portarse bien” puede significar mil cosas distintas, pero “caminar a mi lado” o “hablar bajo” es más concreto, por lo que eliminas la ambigüedad y, con ella, la probabilidad de error.
Además, las indicaciones breves son más fáciles de recordar y de activar en el momento clave. En términos prácticos, lo que estás haciendo es darle a tu hijo un pequeño “guion” de conducta que puede seguir para que no tenga que improvisar bajo presión.
El feedforward no solo sirve para indicar lo que no debe hacer, también orienta sobre lo que podría hacer en su lugar. Es un aspecto clave porque el niño no solo necesita freno, también necesita cierta dirección. Por ejemplo, puedes decirle: “si te enfadas, puedes apretar esta pelota o venir conmigo”.
Incluso puedes usar el feedforward para promover la reflexión, sobre todo si tu hijo ya es mayorcito. En vez de decirle qué hacer como si fueras un general del ejército, puedes preguntarle: “¿qué podrías hacer si te enfadas en el parque?”. Eso activa su pensamiento y aumenta la probabilidad de que luego lo aplique porque la idea ha sido suya, no impuesta desde fuera.
A fin de cuentas, el feedforward no es solo una técnica, es un cambio de mirada para dejar de educar desde la reacción y empezar a prever. No elimina todos los conflictos, pero se anticipa a muchos de ellos y, sobre todo, transforma la relación porque hay menos corrección y más guía, menos tensión y más claridad.
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