
























Algo tan simple como una bolsita de plástico, del tipo las que se usan para congelar alimentos, puede ser esencial cuando salgas a la calle
Publicado por María Machado
Periodista especializada en parenting, infancia y crianza
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Hay objetos para bebés que ocupan media casa y apenas utilizamos. Y luego están esos pequeños trucos que descubres cuando ya llevas unas cuantas semanas sobreviviendo a paseos, pañales, tomas e imprevistos. Este truco del que te vamos a hablar hoy cuesta apenas unos céntimos, probablemente ya lo tienes en casa y cabe en cualquier bolsillo de la bolsa del carrito: una bolsa de congelación con cierre hermético.
Puede parecer un objeto demasiado simple para convertirse en un imprescindible. Sin embargo, muchos padres terminan llevándola siempre encima porque sirve para resolver situaciones inesperadas que aparecen cuando menos te las esperas. Y cuando sales con un bebé, los imprevistos forman parte del plan.
Quizá lo mejor de este truco es que prácticamente no ocupa sitio. Mientras algunos accesorios para bebés requieren espacio, peso y organización, una bolsa de congelación doblada cabe en cualquier rincón del carrito o de la mochila.
Por eso muchas familias terminan llevando más de una, por si acaso. ¡Por lo que pueda pasar! Sus usos son muchos y muy variados, por eso estas bolsitas son tan útiles cuando sales de paseo con tu bebé.
A veces, la solución a muchos problemas cotidianos está escondida en un cajón de la cocina. ¿No te lo crees? Aquí te contamos solo algunos de sus usos. ¿Se te ocurre alguno más?

Seguro que te ha pasado alguna vez. Cambias un pañal en el parque, en una cafetería o durante un paseo y descubres que no hay ninguna papelera cerca. Guardar un pañal usado directamente en la bolsa del carrito no es precisamente la opción más apetecible.
Una bolsa de congelación permite aislarlo temporalmente hasta encontrar dónde tirarlo. El cierre hermético ayuda a contener los olores y evita que entre en contacto con el resto de objetos que llevas contigo. Ideal para evitar fugas.
Los escapes de pañal, las regurgitaciones y los accidentes con la comida suelen ocurrir cuando estás fuera de casa.
De repente tienes un body empapado de leche, una camiseta manchada de vómito o unos pantalones mojados por una fuga inesperada.
El truco de la bolsa permite guardar esa ropa sucia sin mezclarla con la ropa limpia, las muselinas o los juguetes del bebé dentro del propio bolso. Parece un detalle pequeño, hasta que llegas a casa y compruebas que todo lo demás sigue limpio.

Cuando los niños empiezan a moverse más, también llegan los pequeños golpes y accidentes.
Si necesitas aplicar frío y no llevas nada preparado, una bolsa de congelación puede convertirse en una compresa improvisada. Basta con pedir unos cubitos de hielo en una cafetería cercana, introducirlos dentro y colocarla sobre la zona afectada durante unos minutos. Puede ser conveniente, además, envolver el hielo en una muselina para no aplicarlo tan directamente sobre la piel.
Gracias al cierre hermético, el agua no se derramará a medida que el hielo se derrite.
Conservar trozos de fruta, galletas o pequeños snacks durante un paseo puede ser más complicado de lo que parece. Sobre todo si no quieres que todo termine lleno de migas o pringoso.
Las bolsas de congelación ayudan a mantener los alimentos protegidos, evitan que se aplasten y ocupan mucho menos espacio que muchos recipientes rígidos.
Además, permiten separar distintos alimentos sin llenar la bolsa del carrito de envases.
Muchos padres que utilizan leche de fórmula conocen bien la importancia de estar preparados. Nunca sabes cuándo vas a necesitar darle un poquito más de leche.
Una bolsa hermética y limpia (estéril, a poder ser) puede servir para guardar la cantidad exacta de leche en polvo necesaria para una toma de emergencia si surge un retraso inesperado o el paseo se alarga más de lo previsto.
Eso sí, debe mantenerse siempre bien cerrada y utilizarse siguiendo las recomendaciones de higiene y conservación indicadas por el fabricante.

Los chupetes tienen una habilidad especial para acabar en el suelo justo cuando más los necesitas.
Llevar uno de repuesto dentro de una bolsa de congelación sin usar ayuda a mantenerlo limpio y protegido hasta el momento de usarlo. Además, ocupa menos espacio que muchos estuches específicos para este uso.
No hace falta ir a la playa o a la piscina para necesitarlo. Una muselina húmeda, un babero empapado o una toallita reutilizable pueden acabar dejando el resto de la bolsa completamente mojada. También puede ser muy útil para guardar una botella cuyo tapón no termina de convencernos para evitar que lo moje todo.
Con una bolsa hermética, el problema desaparece en segundos.
Cuando los niños crecen un poco, los paseos empiezan a llenarse de hojas, piedras, flores secas, conchas o cualquier otro hallazgo fascinante.
Una bolsa de congelación permite guardar esos pequeños tesoros sin que terminen desperdigados por toda la mochila.
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