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Ser Padres

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Los 3 momentos clave del día para entender el mundo emoci...
Jennifer Delgado · 2026-06-25 · via Ser Padres

Lo que hace tu hijo en estas situaciones cotidianas podría revelar su nivel de madurez emocional. Una psicóloga explica cómo interpretar sus reacciones.

Emociones infantiles
Muchas situaciones cotidianas son ventanas al mundo emocional infantil (Midjourney - JDS)

Jennifer Delgado

Creado: Actualizado:

Muchos padres creen que el futuro emocional de sus hijos se decide en los grandes momentos. Nos preocupa el primer día de colegio, la llegada de un hermanito, una gran mudanza... Y nos esforzamos por prepararlos para que puedan afrontar lo mejor posible esas situaciones.

Obviamente, esas experiencias son importantes y a menudo dejan huella, pero muchas de las pistas más reveladoras sobre el desarrollo emocional de nuestros hijos surgen en el día a día, en momentos que parecen insignificantes pero que en realidad actúan como una “ventana” hacia su mundo interior. Estar atentos a esas pequeñas señales nos permitirá guiarlos mejor.

1. El momento de apagar la pantalla o dejar el juego

Pocas escenas son tan reveladoras como esta: tu hijo está viendo los dibujos animados, jugando en la tablet o entretenido en el parque cuando llega el momento de apagar la pantalla, recoger los juguetes o irse a casa para ir a bañarse, cenar o prepararse para dormir.

Entonces pueden aparecer las protestas y la frustración.

Aunque parece una simple cuestión de obediencia, en realidad estamos ante una situación psicológica mucho más importante porque tu hijo niño debe abandonar una actividad altamente gratificante para pasar a otra que probablemente no le apetezca nada. Eso significa que su cerebro tiene que gestionar la pérdida del placer y adaptarse a una nueva demanda. Y eso no siempre resulta fácil.

¿Qué revela este momento?

Principalmente, la capacidad de autorregulación emocional.

Los niños que todavía no han aprendido a gestionar sus emociones suelen reaccionar con rabietas intensas, llanto prolongado, gritos o conductas desafiantes. El problema no es que se molesten, sino en que parecen incapaces de recuperar el equilibrio emocional.

De hecho, los niños con una mayor capacidad para regular sus emociones también pueden sentirse molestos, protestar, quejarse o intentar negociar unos minutos más. La diferencia es que, tras un aviso previo o un recordatorio firme, logran hacer la transición y colaboran.

No significa que estén felices de hacerlo, sino que pueden gestionar el malestar sin quedarse atrapados en él. Y esa habilidad será enormemente valiosa en la adolescencia y en la vida adulta, donde tendrán que posponer gratificaciones constantemente, aceptar límites y adaptarse a cambios inesperados.

Madre hablando con su hijo
Hay que mantenerse atentos a las reacciones emocionales de los niños (Midjourney - JDS)

2. El momento de los deberes y los pequeños desafíos

Hay otras situaciones cotidianas que también son particularmente reveladoras, como cuando tu hijo intenta atarse los cordones de los zapatos, resolver un problema matemático o simplemente construir una torre con bloques… pero no puede.

Puede que al principio esté entusiasmado o que incluso comience convencido de que lo conseguirá rápidamente. Sin embargo, ¿cómo reacciona apenas aparece el primer obstáculo o descubre que le costará mucho más de lo que imaginaba?

Algunos niños siguen intentándolo, pero otros se derrumban, se enfadan y abandonan la tarea. Y eso también nos aporta una información psicológica muy valiosa.

¿Qué revela este momento?

Cuando un niño se enfrenta a una tarea desafiante, no solo está aprendiendo matemáticas o practicando una habilidad motora, también está aprendiendo a relacionarse con el error. Por eso, este tipo de situaciones dejan al descubierto su capacidad para perseverar y resiliencia cuando las cosas se tuercen.

Los niños que todavía no han desarrollado la resiliencia suelen abandonar rápidamente la tarea. Reaccionan muy mal: pueden romper el papel, tirar las piezas del juego o decir cosas como “no sé hacer nada” o “todo me sale mal”.

Los niños más resilientes también pueden enfadarse, frustrarse o resoplar. La diferencia estriba en que no permiten que esa emoción determine el resultado final. Se toman un momento para calmarse, vuelven a intentarlo, prueban otra estrategia o piden ayuda.

La manera de reaccionar a esas situaciones es importante porque en la vida tendrán que lidiar con muchas cosas que no saldrán como esperaban. Un niño que aprende a perseverar frente a los pequeños obstáculos está construyendo los cimientos psicológicos que le ayudarán a ser más resiliente en el futuro.

Padre abrazando a su hija
Nuestra tarea como padres es guiar a los niños para que aprendan a gestionar sus emociones (Midjourney - JDS)

3. El momento del “no”

Hay una palabra que tiene la capacidad de desencadenar algunas de las reacciones emocionales más intensas de la infancia: “no”. “No se puede comprar ese juguete”, “no puedes comer helado antes de cenar” o “no se va al parque hoy”.

A lo largo del día, los niños se encuentran constantemente con límites, normas y situaciones que no coinciden con sus deseos. Y aunque a nosotros nos parezcan pequeños inconvenientes, para ellos pueden ser frustraciones enormes.

Por eso, la forma en que reaccionan cuando escuchan un “no” puede decirnos mucho sobre su nivel de desarrollo emocional.

¿Qué revela este momento?

Principalmente, su tolerancia a la frustración.

La frustración aparece cuando existe una distancia entre lo que el niño quiere y lo que realmente ocurre. Es una emoción inevitable porque la vida está llena de situaciones que no se ajustan a nuestros planes, expectativas o deseos.

Los niños que todavía tienen dificultades para tolerar la frustración suelen reaccionar como si el límite fuera una amenaza. Pueden enfadarse mucho, llorar desconsoladamente, insistir una y otra vez o incluso mostrar comportamientos desafiantes.

El problema no es que se sientan decepcionados. Eso es completamente normal. El problema es que cuando la frustración toma el mando, les impide aceptar una realidad que no pueden cambiar.

Los niños con una mayor tolerancia a la frustración también pueden enfadarse, entristecerse o sentirse desilusionados, pero tras expresar ese malestar, logran adaptarse a la situación. Quizá protesten unos minutos o pongan mala cara, pero aceptan el límite.

Obviamente, no significa que disfruten escuchando un “no”, pero han empezado a comprender una lección emocional muy importante: no siempre podrán obtener lo que quieren, cuando quieren y como quieren. Los niños que aprenden a tolerar las pequeñas frustraciones cotidianas desarrollan una mayor capacidad para afrontar desafíos más importantes en el futuro sin derrumbarse emocionalmente.

¿Qué hacer? La hoja de ruta emocional

Si has reconocido alguna de estas reacciones en tu hijo, no hay motivo para alarmarse. Tampoco es necesario ponerle etiquetas. Lo importante es observar qué necesita para que puedas enseñarle a recuperarse del malestar, aceptar los límites y adaptarse a situaciones que no son exactamente como les gustaría.

El objetivo no es criar niños que nunca protesten, no se enfaden o acepten todo con una sonrisa. Eso no sería realista ni saludable. Debemos aceptar que las emociones intensas forman parte del desarrollo. Lo verdaderamente importante es ayudar a nuestros hijos a comprender y gestionar esas emociones de forma asertiva. Como padres y madres, nuestra misión es identificar sus fortalezas, detectar las áreas en las que necesitan más apoyo y acompañarlos mejor en su crecimiento.