
























¿Tu hijo se distrae con mil cosas? Podría una buena señal. Esto es lo que ocurre en su cerebro y 5 claves para reconducir su atención de forma más respetuosa con su desarrollo.
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Es probable que esta escena te resulte familiar: tu hijo empieza a hacer los deberes, se levanta a por un lápiz pero se queda mirando por la ventana, vuelve, dibuja en el margen de la hoja, pregunta algo que no tiene nada que ver con lo que está repasando… Y mientras tanto, el tiempo pasa y la tarea sigue inconclusa.
Si esta escena se repite muchas veces, es probable que empieces a preguntarte si sufrirá algún problema de atención. La buena noticia es que en la mayoría de los casos ese comportamiento distraído que tanto preocupa y desespera a los padres, es una característica del cerebro infantil.
En 2024, investigadores de laUniversidad Estatal de Ohio diseñaron dos tipos de criaturas ficticias parecidas a aves, a las que llamaron Hibi y Gora. Cada parte del cuerpo tenía una combinación única de colores y formas.
Los niños de entre 4 y 6 años, así como los adultos, debían identificar las variantes que más se parecían a los modelos originales. La clave radicaba en que una parte del cuerpo siempre coincidía al 100% con una de las criaturas, algo que tanto niños como adultos detectaron rápidamente al inicio de la prueba.

Los investigadores descubrieron que cuando los adultos sabían qué parte del cuerpo siempre revelaría la identidad de la criatura, se fijaban en ella primero, para realizar la prueba en el menor número de pasos.
Sin embargo, los niños abordaban la situación de forma diferente. Como los adultos, también empezaban fijándose en la parte del cuerpo clave, demostrando que habían comprendido dicha asociación y su valor estratégico. No obstante, en vez de dar la respuesta inmediatamente, seguían explorando más partes del cuerpo antes de identificar a la criatura.
“No había nada que distrajera a los niños porque todo estaba oculto. Podían actuar como los adultos y simplemente hacer clic en la parte del cuerpo que identificaba a la criatura, pero no lo hicieron”, señalaron los investigadores. “Siguieron mirando más partes del cuerpo antes de decidir”.
Este experimento reveló que los niños pequeños son tan capaces como los adultos de identificar los elementos clave y comprender las instrucciones o el procedimiento, pero no se detenían ahí. Seguían explorando, miraban más partes, comprobaban más detalles y recopilaban más información de la necesaria antes de responder.

Desde un punto de vista psicológico, este comportamiento tiene sentido ya que el cerebro infantil, en pleno desarrollo, no está optimizado para la eficiencia, sino para el aprendizaje. En vez de filtrar rápidamente lo irrelevante, como hacemos los adultos, los niños distribuyen su atención de forma más abierta.
Esto se debe a dos factores principales:
La curiosidad es el principal motor del desarrollo. Los niños están predispuestos biológicamente para explorar e incluso ir más allá de lo que consideramos necesario porque así pueden recopilar más detalles que les permiten construir modelos mentales más ricos y complejos del mundo. Aunque parezca que están perdiendo el tiempo cuando se enfrentan a una tarea concreta, a largo plazo están ganando conocimiento.
La memoria de trabajo es la que nos permite mantener la información en la mente mientras hablamos, pensamos o hacemos cualquier cosa. Sin embargo, a edades tempranas todavía no se ha desarrollado por completo, por lo que aunque tu hijo haya identificado la pista correcta, quizá no confía plenamente en su memoria. ¿Qué hace entonces? Verifica, comprueba y recolecta más datos para reducir la incertidumbre. No es falta de disciplina, es una estrategia cognitiva adaptativa.
Somos propensos a interpretar el comportamiento infantil desde nuestro estándar. Esperamos que un niño de 5 o 6 años funcione como un adulto en miniatura; o sea, que sea capaz de priorizar, concentrarse, filtre lo irrelevante e ir directo al punto.
Sin embargo, su cerebro todavía no ha llegado a esa fase del desarrollo. Pedirle eficiencia cuando está programado para explorar es como pedirle a un bebé que corra cuando aún está aprendiendo a caminar.
Esa distancia entre el comportamiento infantil y las expectativas adultas suele generar choques constantes. El niño siente el impulso natural de explorar mientras que sus padres lo interpretan como falta de atención, desobediencia o pereza. Entonces aparecen las consabidas correcciones con un matiz de frustración de fondo: “concéntrate”, “deja de distraerte” o “termina ya”.
En esos casos, el riesgo es doble. Por una parte, el niño empieza a pensar que su forma natural de aprender es negativa o incluso puede creer que hay algo mal en él. Por otra parte, también genera una dinámica de frustración y tensión en el hogar que no resuelve el problema de fondo.

Obviamente, no todo se explica con la exploración y la curiosidad. Hay niños que tienen problemas de atención y concentración y necesitan ayuda especializada. Para distinguirlo, la clave consiste en observar el patrón:
En contraposición, si cambia constantemente de actividad sin terminar ninguna y le cuesta concentrarse incluso en los dibujos animados, puede ser un problema de atención o una dificultad de autorregulación.
Obviamente, la atención y la concentración son importantes, por lo que también debemos asegurarnos de que estas funciones se vayan desarrollando. No obstante, también conviene recordar que gran parte de nuestra misión como padres consiste simplemente en acompañar y guiar a nuestros hijos, sin presionar demasiado.
Cuando entiendes que la distracción infantil no es un problema a corregir sino un proceso importante, todo cambia. Piensa que cuando tu hijo se distrae o tiene la cabeza en las nubes, podría estar construyendo un mapa mental del mundo más amplio. Y eso no es un problema. Al contrario, bien orientado, podría ser incluso una ventaja.
Con el tiempo, a medida que su memoria de trabajo y sus funciones ejecutivas maduren, podrá concentrarse durante más tiempo, ser más rápido y enfocarse en los objetivos. Pero esa transición no puede ni debe ser acelerada.
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