






























¿Tu hijo siente ansiedad ante los exámenes? Que no cunda el pánico. Esta técnica en 3 pasos le ayudará a serenarse y evitará que se quede en blanco. Solo necesita papel y lápiz para deshacerse de esas preocupaciones.
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Más de la mitad de los alumnos se sienten ansiosos por el examen de la EBAU, algo perfectamente comprensible ya que es un momento decisivo en sus vidas. Sin embargo, muchas veces esa ansiedad empieza antes, desde la primaria. Y eso se percibe en casa. Quizá tu hijo no lo reconozca y te diga que lo lleva bien, pero lo notas distinto: está más irritable, duerme peor o se queda en blanco cuando repasa.
La ansiedad ante los exámenes es una respuesta del cerebro ante una situación que percibe como amenazante. Para un niño o adolescente, un examen no es solo una prueba académica, es una situación en la que siente que debe demostrar su valía, lo cual dispara la presión. Y cuando la presión aumenta, el rendimiento escolar suele empeorar. Por eso, las malas calificaciones no siempre responden a la falta de estudio, a veces es ansiedad.
La neurociencia explica que la ansiedad compite por los mismos recursos mentales que el niño o adolescente necesita para pensar con claridad. Es como si su cerebro tuviera que hacer dos tareas a la vez: responder a las preguntas del examen y, al mismo tiempo, gestionar pensamientos intrusivos del tipo “voy a suspender”, “no me acuerdo de nada” o “voy a decepcionar a mis padres”.
Ese “ruido mental” tiene un coste. Los estudios sobre la ansiedad por los exámenes han revelado que esas preocupaciones consumen memoria de trabajo, lo que dificulta concentrarse y recuperar los contenidos. Es decir, no es que tu hijo no sepa la materia, es que su cerebro está demasiado ocupado lidiando con la ansiedad como para acceder a lo que sabe.
En ese estado aparece un fenómeno harto conocido: quedarse en blanco. Ese quedarse en blanco generalmente no se debe a la falta de capacidad, sino a la saturación emocional. El cerebro del niño o adolescente está haciendo un esfuerzo extra para detener las preocupaciones, lo que le impide concentrarse en el examen.

Diferentes investigaciones psicológicas han encontrado una estrategia sorprendentemente simple para lidiar con la ansiedad por los exámenes: escribir los peores miedos justo antes de la prueba.
Sí, has leído bien. No distraerse ni pensar positivo, sino hacer lo contrario: poner por escrito todo lo que preocupa al niño o adolescente.
Esta técnica, conocida como escritura expresiva, consiste en escribir sin filtro sobre los sentimientos: el miedo a suspender, la vergüenza por obtener una nota baja, la presión social o la inseguridad.
En un experimento realizado en la Universidad de Chicago con 80 estudiantes que tenían ansiedad matemática le pidieron a la mitad de ellos que se sentaran en silencio antes de la prueba y a la otra mitad que escribieran sobre sus pensamientos y sentimientos respecto al examen. Quienes pusieron negro sobre blanco obtuvieron mejores calificaciones.
Por otra parte, un estudio realizado en la Escuela de Medicina de Harvard constató que escribir sobre las preocupaciones y miedos realmente reduce la señal negativa de las ondas cerebrales que se activan con la ansiedad. O sea, la escritura expresiva ayuda a “descargar” las preocupaciones, liberando recursos mentales que el niño o adolescente puede dedicar a responder las preguntas de los exámenes. Básicamente, cuando tu hijo saca el contenido ansioso de su cabeza y lo plasma en el papel, este deja de ocupar espacio mental.

Obviamente, como todas las técnicas psicológicas, la escritura expresiva no funciona siempre ni es una varita mágica, su eficacia depende en gran medida de las características psicológicas del niño, su edad y el contexto, pero vale la pena probarla.
De hecho, si quieres aumentar las probabilidades de que funcione, es fundamental que prepares el terreno. Y eso comienza por normalizar la ansiedad. Antes de proponer nada, valida lo que siente tu hijo. Frases como “es normal ponerse nervioso antes de un examen” o “también me ocurría” reducen la sensación de amenaza.
Como padres, solemos enfocarnos en que nuestros hijos estudien mejor. Fijamos horarios, les proponemos técnicas de estudio y los ayudamos a repasar, pero pocas veces les enseñamos a gestionar lo que sienten cuando están bajo presión. Sin embargo, muchas veces esa parte emocional es la que marca la diferencia.
Por ese motivo, más allá de esta técnica, no debemos olvidar que la ansiedad por los exámenes suele amplificarse cuando los niños o adolescentes sienten que su valor depende del resultado. Y ahí es donde más podemos influir.
Cuando el mensaje implícito es que lo importante es la nota, el examen se convierte en una amenaza. En cambio, cuando tu hijo comprende que lo importante es el esfuerzo, el proceso y aprender, la presión disminuye. Eso no eliminará los nervios por completo, pero hará que sean más manejables.
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