

























Hablar con el bebé desde las primeras semanas del embarazo ayuda a crear el vínculo prenatal, aunque todavía no pueda escuchar tu voz
Periodista especializada en parenting, infancia y crianza
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No recuerdo cuál fue la primera vez que hablé con mi bebé, porque no fue algo que decidiera hacer de una forma premeditada. Simplemente pasó.
Creo que estaba sola en casa. Me llevé la mano a la barriga casi sin pensar y dije algo en voz alta. Ni siquiera recuerdo el qué (una tontería, seguramente). Desde entonces hasta ahora, que ya estoy en la semana 8 de embarazo, me pasa cada vez más. A veces hablo, pero otras simplemente pienso frases que, de alguna manera, van dirigidas a él. Son distintas formas de comunicarme con mi bebé para mantenernos conectados.
Y es curioso, porque sé que todavía no puede escucharme. Si hace unos meses alguien me hubiera dicho que acabaría haciendo esto, probablemente me habría parecido un poco raro. Pero ahora me sale de forma completamente natural.
👉 Este artículo forma parte de "Una mamá como tú", mi diario de embarazo semana a semana. Si acabas de llegar, puedes empezar leyendo el capítulo completo de la semana 8 antes de continuar con esta nueva etapa.
Hay algo que ha cambiado desde que estoy embarazada y me cuesta explicarlo con palabras.
Por fuera, mi vida sigue siendo prácticamente la misma porque no tengo barriga ni síntomas demasiado visibles. Si me cruzo con alguien por la calle, nadie imaginaría que llevo un bebé dentro.
Pero yo sí lo sé. Y esa idea tan maravillosa me acompaña todo el día.
Es una sensación extraña porque, aunque físicamente siga haciendo mi vida de siempre, ya nunca siento que vaya sola a ningún sitio. Cuando salgo a pasear, cuando voy al trabajo, cuando espero en una cola o cuando estoy tumbada en el sofá... siempre hay una parte de mí que piensa: "Estamos los dos".
Supongo que por eso empiezo a hablarle algunas veces. Evidentemente, no espero que me responda, más que nada porque ni puede oírme. Simplemente porque ya forma parte de mi día.

Confieso que tuve que buscar cuándo empiezan a escuchar los bebés durante el embarazo porque no tenía ni idea. De hecho, pensaba que ocurría mucho antes.
Sin embargo, el sistema auditivo necesita desarrollarse durante buena parte del embarazo. Según explica una investigación sobre el desarrollo de la audición fetal de Hepper y Shahidullah, los primeros indicios de percepción auditiva aparecen aproximadamente hacia la mitad de la gestación. A partir del tercer trimestre los bebés responden de forma mucho más clara a los sonidos, incluida la voz de su madre.
Todavía estoy en la semana 8 de embarazo, por lo que aún queda mucho para que pueda escuchar lo que le digo. Sin embargo, eso no impide que cada día me apetezca hablarle, tanto en voz alta como mentalmente.
Hace poco encontré una revisión científica publicada en 2023 que analizaba cómo influyen los sonidos durante el embarazo en el desarrollo fetal. Explica que, cuando el oído ya está preparado, la voz materna puede convertirse en uno de los primeros sonidos familiares para el bebé.
Pero mientras la leía me di cuenta de que yo estaba buscando otra respuesta. No quería saber únicamente cuándo empezaría él a escucharme. Quería entender por qué yo había empezado a hablarle mucho antes.
Y creo que la respuesta tiene más que ver conmigo que con él.
Los psicólogos hablan del vínculo prenatal para referirse a esa relación que empieza a construirse antes del nacimiento. No aparece de un día para otro, sino que se va colando en gestos muy pequeños que casi pasan desapercibidos.
Cuando imaginas cómo será tu bebé, cuando te descubres acariciándote la barriga aunque todavía no haya barriga, cuando buscas un nombre solo por curiosidad... o cuando un día, sin darte cuenta, empiezas a hablarle.

Dentro de unos meses, si todo va bien, mi bebé ya podrá reconocer mi voz y saber eso me emociona. Pero, ¿por qué voy a tener que esperar a ese momento para hablarle?
Porque, aunque él todavía no pueda oírme, yo sí necesito empezar a hacerle un hueco en mi vida.
Hablarle hace que todo resulte un poco más real. Me recuerda que ya no estoy sola, aunque nadie más lo vea todavía. Y quizá ese sea el primer cambio que trae el embarazo. No la barriga. Ni las náuseas. Ni siquiera la primera ecografía.
Quizá el primer cambio de verdad sea que, sin darte cuenta, empiezas a pensar y a hablar como alguien que ya se siente acompañada.
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