


























A partir de cierta edad, los pequeños toman consciencia de su propio cuerpo, en parte por percibir su reflejo.
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Que sea en casa o por la calle, tu bebé no lo puede evitar: queda fascinado por su reflejo en el espejo. Aunque solamos pensar que solo es un hábito que afecta a los adultos (que levante la mano el primero que no se mire por instinto), también es habitual entre los más pequeños. Y, curiosamente, es positivo. Lejos de ser una prueba de narcisismo, es una vía de autoconocimiento.
Los bebés, a partir de cierta edad, se sienten atraídos por el objeto en sí y por su propio reflejo. Para ellos, se presenta como un experiencia curiosa y resulta ser un paso clave hacia su evolución. Toman consciencia de su propio cuerpo y entienden cómo son y cómo son percibidos, aunque sea de forma superficial. Descubre, en palabras de expertos, por qué no deberías impedir este momento.
Los bebés no son instintivamente conscientes de su apariencia ni de lo que reflejan. La doctora Andrea Linares, neuróloga pediátrica, explica, a través de Instagram (@andreaneuropediatra), que entre los 18 y los 24 meses, el bebé descubre, con alegría pero también sorpresa, que la imagen que ven en el espejo es la suya.
En ese momento, tanto su visión como su cerebro han madurado lo suficiente para que sea capaz de reconocerse a sí mismo. Este hito marca, según la experta, un paso clave en la construcción de su identidad y en el desarrollo de la conciencia de sí mismo.

Antes de esta edad, pueden percibir su imagen en el espejo pero no asociarla con su propio ser. De 0 a 2 meses, un bebé percibe luces, formas y movimiento en el espejo sin entender de lo que se trata. Entre los 2 y 4, empieza a fijarse más en el rostro que ve, sonríe, hace gestos y responde como si interactuara con otra persona.
De 4 a 6, disfruta del juego frente al espejo, observando movimientos y expresiones, pero aún no se reconoce. En los tres meses siguientes, su curiosidad se dispara y puede sentir la necesidad de tocar el espejo para entender. Poco tiempo después, empieza a intuir que hay algo especial en esa imagen, aunque todavía no entiende que es él mismo. Finalmente, entre los 12 y 18, llega etapa de transición en la que suele mostrar señales de reconocimiento parcial, antes de llegar al hito de los 18.
¿Pero por qué supone un cambio tan importante? Según explica la doctora Natalia Rodríguez Vázquez, neuróloga pediátrica, vía Instagram (@nrvneuropeds), este gesto tan sencillo favorece su autoconocimiento, le ayuda a identificar rostros y contribuye a su desarrollo social y emocional.

Al mirarse en el espejo, el bebé comienza a reconocer sus expresiones, sonrisas y movimientos. Esta interacción despierta su curiosidad, refuerza la conexión con su propio cuerpo y estimula su desarrollo emocional desde los primeros meses de vida.
No es, por lo tanto, un hábito sin consecuencias. Es un paso más hacia su autonomía y conocimiento. Por ende, si tu bebé se mira de forma constante en el espejo, ten en cuenta que es normal y sobre todo beneficioso para su desarrollo.
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