




























Descubre las causas más habituales del desvelo infantil y estrategias para mejorar el descanso nocturno.
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En los primeros meses de vida es habitual que los bebés no tengan un ritmo de sueño totalmente asentado. Sus ciclos son más cortos y fragmentado y sus despertares habituales responden a necesidades fisiológicas. como el hambre, y a la maduración del sistema nervioso. Con el paso del tiempo, va adquiriendo mayor estabilidad.
Sin embargo, este proceso no es lineal. En efecto, pueden aparecer regresiones, cambios y despertares inesperados ligados al crecimiento, al desarrollo o a modificaciones en su rutina. Por eso, es fundamental entender que el sueño de un bebé evoluciona progresivamente y requiere acompañamiento, paciencia y coherencia en los hábitos. Si te surgen dudas sobre por qué suele despertarse con frecuencia, estos son los motivos más habituales y cómo afrontarlo.
La psicóloga Alba Rodríguez, psicóloga infantil, detalla en Instagram (@dormibaby), que existen cuatro causas muy frecuentes. La primera suelen ser siestas mal ajustadas (demasiado largas o demasiado cortas). Puede generar un desajuste en el ritmo de sueño del bebé y dificultar que descanse de forma continuada durante la noche.
La experta subraya que también tiene que ver con momentos clave del desarrollo, como el inicio del gateo, los primeros pasos o la aparición del lenguaje. En estas fases, el cerebro del bebé está especialmente activo, procesando y consolidando nuevas habilidades.

Asimismo, menciona la dificultad que tienen muchos bebés para volver a dormirse sin ayuda externa. Si se han acostumbrado a hacerlo con estímulos concretos, es más probable que necesiten esas mismas condiciones cada vez que se despiertan entre ciclos de sueño. A esto se suman los despertares de madrugada, especialmente entre las 4 y las 5, que suelen estar relacionados con cambios hormonales propios del sueño: en ese tramo final de la noche, el descanso es más superficial y el organismo comienza a activarse.
Según la profesional, es importante prestar atención a los hábitos que pueden reforzar estos desvelos: si cada vez que se despierta lo sacas de la habitación, lo llevas a otro espacio o le ofreces estímulos como luz o movimiento, su cuerpo lo interpretará como parte de la rutina y seguirá repitiéndolo. Lo ideal es mantener un ambiente oscuro, tranquilo y sin estímulos para ayudarle a volver a dormirse con mayor facilidad.
La doctora Yazmin Muñoz Badillo, pediatra, recomienda vía Instagram (@pediatraneonatodrayazmin) rutinas que pueden ayudar a un bebé a dormir mejor. Aunque a veces parezca lo contrario, los bebés necesitan previsibilidad y repetición para sentirse seguros.

La profesional aconseja establecer una rutina nocturna clara permite que su cuerpo identifique que se acerca el momento de descansar. Acciones sencillas como un baño tibio, mantener una luz suave y crear un ambiente tranquilo pueden favorecer mucho ese proceso. También es importante evitar la sobreestimulación antes de acostarse, reduciendo pantallas o actividades intensas, y mantener cierta constancia en los horarios y hábitos, ya que esto facilita la consolidación de un buen patrón de sueño.
Recuerda que al margen de los despertares, las necesidades de sueño de los bebés van evolucionando con el tiempo. Los recién nacidos suelen dormir entre 14 y 17 horas repartidas en varios periodos, entre los 4 y 6 meses requieren de 12 a 16 horas incluyendo siestas. A su vez, de los 6 a 12 meses el tiempo se sitúa en torno a 12–15 horas, y entre el año y los dos años suele reducirse a unas 11–14 horas diarias.
En todo caso, si persisten las dificultades para dormir, es recomendable consultar con un especialista que pueda valorar cada caso de forma individual.
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