

























Puede parecer que la cuchara solo sirve para comer, pero cuando el bebé juego con ella desarrolla habilidades básicas para su día a día
Publicado por María Machado
Periodista especializada en parenting, infancia y crianza
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Son muchas las familias que le dan una cuchara a sus bebés antes de los 6 meses, cuando suelen comenzar con la alimentación complementaria, para que se familiaricen con ella. Es muy común que, en cuestión de segundos, ya la golpee contra la mesa, pasándosela de una mano a otra o tirándola al suelo una y otra vez... Desde fuera puede parecer que no está haciendo nada útil, solo jugando. Pero ahí está la clave de todo: el juego es la mejor herramienta de desarrollo y aprendizaje en la infancia.
En los primeros años de vida, los bebés aprenden explorando. Cada objeto nuevo es una oportunidad para observar, experimentar y descubrir cómo funciona el mundo. De hecho, según una investigación publicada en Annual Review of Developmental Psychology, esa manipulación aparentemente simple de las cosas que tenemos por casa es una parte fundamental del aprendizaje.
Una cuchara, por tanto, no es solo una cuchara. También puede ser una herramienta para entrenar habilidades que serán importantes durante toda la infancia. Conocer todas estas destrezas que un bebé puede llegar a desarrollar tan solo jugando con una cuchara es tan sorprendente como interesante.. ¿Quieres conocerlas?

Cuando intenta agarrar la cuchara o llevársela a la boca, su cerebro está haciendo un trabajo complejo: coordinar la información que recibe a través de la vista con el movimiento preciso de sus manos y brazos.
Puede que falle muchas veces o que termine golpeándose la nariz en lugar de acertar con la boca, pero precisamente esos intentos son los que le ayudan a mejorar. Poco a poco va afinando sus movimientos y aprendiendo a controlar mejor su cuerpo.
No es lo mismo sujetar un juguete grande que mantener una cuchara entre los dedos. Este tipo de objetos obligan al bebé a ajustar el agarre, mover la muñeca y utilizar pequeños músculos de la mano que todavía están en pleno desarrollo.
Aunque pase desapercibido, ese ejercicio constante fortalece la motricidad fina, una habilidad que más adelante necesitará para acciones tan cotidianas como dibujar, escribir, abrocharse una chaqueta o usar correctamente los cubiertos.
¿Por qué insiste tanto en tirar la cuchara al suelo? Porque cada caída es pura experimentación.
Tu bebé observa que el objeto desaparece de sus manos, escucha el ruido al chocar contra el suelo y espera a que alguien lo recoja. Si la golpea contra la mesa, descubre que produce un sonido diferente. Si la mueve rápido, cambia lo que ocurre.
Sin saberlo, está aprendiendo que sus acciones tienen consecuencias y pueden modificar lo que sucede a su alrededor.

Los bebés también buscan soluciones, aunque lo hagan a su manera. Si una postura no le permite coger bien la cuchara, cambia el ángulo. Si se le escapa, vuelve a intentarlo. Si una mano no le resulta cómoda, prueba con la otra.
Todo ese proceso de ensayo y error es una forma temprana de resolver pequeños problemas. No necesita instrucciones, sino que aprende experimentando, corrigiendo y probando alternativas una y otra vez.
A los adultos nos puede parecer sorprendente que un bebé sea capaz de pasar varios minutos entretenido con un objeto tan sencillo. Sin embargo, cuando está completamente absorto observando una cuchara, golpeándola o girándola entre las manos, también está ejercitando su capacidad para mantener la atención.
Es una habilidad que se desarrolla poco a poco y que resulta esencial para muchos aprendizajes posteriores. De hecho, en ocasiones un objeto cotidiano despierta más curiosidad que un juguete lleno de luces y sonidos. Conviene respetar esos momentos de concentración y evitar interrupciones innecesarias siempre que sea posible.

Una cuchara ofrece mucho más de lo que parece: tiene una temperatura, un peso, una textura y un sonido determinados. Refleja la luz, cambia según el material del que esté hecha y produce sensaciones distintas cuando el bebé la toca o se la lleva a la boca.
Precisamente por eso le resulta tan interesante. A través de los sentidos va reuniendo información sobre los objetos que le rodean y construyendo una comprensión cada vez más rica del entorno. Eso sí, siempre conviene asegurarse de que los objetos con los que juega son seguros y adecuados para su edad, y mantener una supervisión cercana.
Es fácil pensar que un bebé solo está pasando el rato cuando juega con una cuchara, pero detrás de esos gestos aparentemente caóticos hay un enorme trabajo de aprendizaje. Está practicando movimientos, descubriendo relaciones entre acciones y consecuencias y conociendo las propiedades de los objetos que tiene a su alcance.
La próxima vez que lo veas entretenido golpeando la mesa o dejando caer la cuchara una y otra vez, quizá puedas mirarlo con otros ojos. Para un bebé no es un juego sin más: es una forma de entender el mundo y de prepararse, paso a paso, para todo lo que vendrá después.
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