


























¿Tu bebé se despierta mucho por la noche? La ciencia lo tiene claro: un estudio explica por qué estos desvelos son clave para su cerebro.
Publicado por María Machado
Periodista especializada en parenting, infancia y crianza
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Si tienes un bebé de menos de un año en casa, es muy probable que vivas en un estado de jet lag permanente. Te levantas por tercera vez en la noche, miras el reloj de reojo, son las cuatro de la mañana y ahí está tu hijo, con los ojos como platos o llorando para que lo cojas en brazos. En ese momento de máxima vulnerabilidad y cansancio, es casi imposible que no aparezca el fantasma de la culpa: ¿Qué estoy haciendo mal? ¿Por qué el hijo de mi amiga duerme del tirón y el mío no? ¿Habré creado un mal hábito?
Si te sirve de consuelo, puedes respirar hondo y soltar esa carga. La ciencia acaba de dar un espaldarazo a los padres que viven a base de café.
Un exhaustivo análisis publicado recientemente en la revista Pediatric Research se ha dedicado a desentrañar qué pasa exactamente en el cerebro de los niños durante sus primeros doce meses de vida. Y la conclusión explica que los despertares nocturnos no son un fallo en tu estrategia de crianza, al menos no todos, ni un capricho de tu hijo, sino que son parte del desarrollo normal del bebé.

Solemos pensar que dormir es el equivalente a darle a la pausa y esperar a la mañana siguiente. Sin embargo, en el caso de los bebés, ocurre todo lo contrario. Cuando tu hijo se duerme, su cerebro enciende los motores y se pone a trabajar a mil por hora. Durante el primer año, el sueño es
Los investigadores señalan que en esta etapa el descanso está en una remodelación constante y caótica. Mientras tú intentas descansar, la mente de tu bebé está haciendo inventario de todo lo vivido durante el día. Está clasificando las palabras que ha escuchado, guardando en la memoria la textura del juguete que tocó por la tarde y, lo más importante, construyendo la llamada sustancia blanca cerebral, que es la autopista por la que viajarán sus conexiones motoras y cognitivas en el futuro.
Para que todo este despliegue de ingeniería biológica funcione, el sueño de un lactante necesita ser distinto al nuestro. Su sueño tiene una estructura diferente a la de los adultos porque su cerebro aún está madurando.

El estudio de Pediatric Research destaca un fenómeno fascinante que los neurólogos observan en los electroencefalogramas de los bebés: los husos del sueño (sleep spindles). Explicado de forma sencilla, son como ráfagas o pequeñas "chispas" de actividad eléctrica que ocurren mientras el niño duerme.
Estas chispas son un biomarcador muy útil para estudiar la maduración cerebral y el desarrollo cognitivo. Esto podría demostrar que el cerebro está conectando cables, fijando el aprendizaje y madurando correctamente.
El precio que hay que pagar por esa increíble evolución podría ser, precisamente, un sueño inestable. Por lo tanto, aunque a los padres nos incomoda y nos hace estar mucho más cansados, se podría considerar que los despertares nocturnos en bebés forman parte del desarrollo normal en la primera infancia.
A veces se nos olvida que dormir es un proceso madurativo tan complejo como aprender a caminar o a hablar. Nadie espera que un bebé de seis meses corra un maratón, pero a menudo les exigimos que duerman diez horas seguidas como si su cuerpo estuviera preparado para ello.
La investigación recuerda que la consolidación del sueño (ese momento mágico en el que las horas de descanso se concentran por la noche y desaparecen la mayoría de las siestas diurnas) ocurre de manera muy gradual y varía enormemente de un niño a otro.
Aproximadamente a los 4 meses, los bebés comienzan a tener fases de sueño como la de los adultos (REM y no-REM), aunque no es hasta el año de vida, cuando la estructura de su descanso parece ya algo más organizada. Sin embargo, aún es habitual que, pasados los 12 meses, los niños sigan teniendo despertares. Hasta llegar ahí, la montaña rusa es la norma, no la excepción.

La industria de la crianza nos ha bombardeado con métodos milagrosos, tablas de tiempos milimétricas y la falsa promesa de que, si sigues ciertas estrategias a rajatabla, tu hijo dormirá doce horas en su cuna. Cuando eso no pasa y nos olvidamos de que cada niño es un mundo nos frustramos.
La ciencia viene a decirnos que bajemos las expectativas y escuchemos más sus necesidades. En parte, tu bebé no se despierta para manipularte ni porque tus rutinas sean malas; muchos microdespertares forman parte de su desarrollo
La próxima vez que te encuentres desvelada en mitad de la noche, acunando a tu hijo en la oscuridad, intenta cambiar la frustración por esperanza. Tu bebé está creciendo exactamente como la naturaleza ha previsto que lo haga. No lo estás haciendo mal; al contrario, lo estás haciendo de maravilla acompañándolo en el proceso más intenso de su desarrollo.
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