

























Lilypad, el nuevo juguete estrella de Toy Story 5, quiere colarse en la habitación de tu hijo. ¿Deberías comprárselo? Una psicóloga responde.
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Durante años, Woody, Buzz Lightyear, Jessie y el resto de los juguetes fueron el centro del universo de Bonnie. Eran sus compañeros de aventuras y protagonistas de historias imposibles desbordantes de imaginación. Sin embargo, en Toy Story 5 ocurre algo que muchos padres reconocerán de inmediato: aparece un nuevo juguete y, de la noche a la mañana, eclipsa a todos los demás.
Ese juguete se llama Lilypad. Y no es un juguete al uso, sino una tablet con forma de rana diseñada para captar la atención de los niños mediante juegos, mensajes y actividades digitales. Entonces todo cambia.
Lilypad llega a la vida de Bonnie como un regalo aparentemente inocente, aunque pronto se convierte en mucho más que eso. Bonnie empieza a dedicarle cada vez más tiempo, relegando a un segundo plano a sus juguetes tradicionales.
Woody, Buzz y compañía observan con preocupación cómo la niña deja de jugar con ellos para centrar casi toda su atención en este nuevo dispositivo. La película utiliza esta situación para plantear una cuestión muy actual: ¿qué ocurre cuando la tecnología compite directamente con el juego tradicional?
La historia resulta particularmente relevante porque Lilypad no se ha quedado únicamente en la gran pantalla. Coincidiendo con el lanzamiento de la película, se ha comercializado una versión real del juguete para niños de entre 3 y 7 años.
Este dispositivo educativo incluye actividades para enseñar el alfabeto, el vocabulario y música, brindando además la posibilidad de interactuar con personajes de Toy Story mediante mensajes predefinidos. Obviamente, el reclamo es que estimula la atención, la memoria y el pensamiento lógico.
La pregunta que muchos padres se hacen (o se harán después de llevar a sus hijos a ver la película y le pidan que le compren la tablet) es: ¿debería hacerlo?

No pretendo idealizar los juguetes tradicionales ni demonizar cualquier innovación tecnológica. De hecho, la evidencia científica es mixta.
Un metaanálisis de 19 estudios que incluyó a más de 800 niños de entre 2 y 5 años concluyó que la tecnología tiene “efectos positivos en el desarrollo de la alfabetización, las matemáticas, la ciencia, la resolución de problemas y la autoeficacia”.
Sin embargo, un experimento realizado con 566 estudiantes de entre 11 y 13 años constató que aprender con libros mejora la memoria, la atención, la velocidad de procesamiento y las habilidades matemáticas, en comparación con una tablet.
Otros estudios han señalado que el uso de tecnologías digitales desde una edad muy temprana puede generar dependencia, aumentar el riesgo de conductas disruptivas y provocar ansiedad, depresión, angustia, tensión e ira.
En ello influye mucho el tipo de contenido al que acceden los niños. Se ha constatado que los niños menores de 6 años son más agresivos cuando se exponen a ciertos contenido, lo que puede afectar negativamente su conducta mientras juegan y otras actividades esenciales para el aprendizaje.
En realidad, el problema no es Lilypad, ni cualquier otro juguete tecnológico. El verdadero problema surge cuando un único estímulo monopoliza la atención del niño desplazando otras experiencias necesarias para su desarrollo.
Un niño necesita correr, construir, imaginar, conversar, aburrirse, manipular objetos, resolver conflictos con otros niños y experimentar diferentes formas de juego. Cuando una sola actividad absorbe gran parte de su tiempo libre, pierde oportunidades para desarrollar habilidades que necesitará para la vida.
Un juguete interactivo puede estimular habilidades cognitivas, fomentar la curiosidad e incluso favorecer determinados aprendizajes, pero no debe sustituir sistemáticamente otras formas de juego más abiertas y creativas.
Pensemos en una caja de cartón. Para nosotros, quizá sea simplemente una caja, pero para un niño puede convertirse en una nave espacial, un castillo, una cueva secreta o una máquina del tiempo. Ese tipo de juego libre exige imaginación. El niño debe inventar reglas, personajes e historias.
Los juguetes digitales suelen ofrecer experiencias más dirigidas. Son entretenidos, atractivos y estimulantes, pero dejan menos espacio para que la imaginación complete los vacíos. Además, no debemos olvidar que, por su concepción, están diseñados para atrapar la atención infantil.
Lo logran mediante estímulos intensos, cambios constantes, recompensas inmediatas, sonidos, colores llamativos y desafíos adaptados al nivel del niño. Eso favorece la búsqueda de gratificación instantánea, de manera que puede aumentar la frustración cuando el niño tenga que enfrentarse a desafíos en la vida real que requieran más paciencia y esfuerzo.
Como consecuencia, el mundo real puede empezar a parecer menos estimulante. Un paseo por el parque, una conversación familiar o incluso una caja llena de juguetes tradicionales difícilmente pueden competir con la intensidad sensorial y la inmediatez que proporciona una pantalla.
Precisamente por eso el personaje de Lilypad funciona tan bien en la película. No representa únicamente una tablet, simboliza todos los estímulos que compiten por convertirse en el centro de la vida infantil. Hoy puede ser una pantalla, pero mañana podría ser un videojuego o una red social.

Como psicóloga, defiendo que cuanto más tarde lleguen las pantallas a la vida de un niño, mejor. Y no las recomiendo nunca por debajo de los 3 años.
No obstante, cuando los padres me preguntan si deben comprar un juguete como Lilypad a sus hijos, les respondo que en realidad no depende tanto del juguete como del contexto familiar.
Una tablet puede ser una compra adecuada si:
Por el contrario, probablemente no sea una buena idea si…
Al final, el problema no es la tecnología (o al menos no completamente), sino que esta ocupe el espacio de todo lo demás. Y quizá esa sea la verdadera enseñanza que nos deja el final de Toy Story 5: nos recuerda que ningún dispositivo, por avanzado que sea, debería sustituir completamente la riqueza de las experiencias humanas.
Los niños pueden usar la tecnología, pero también necesitan usar la imaginación.
Necesitan conocer el mundo digital, pero también deben ensuciarse las manos.
Pueden exponerse a estímulos digitales, pero también deben crear sus propias aventuras.
Así que, si te estás preguntando si dejar que Lilypad entre en tu casa, tan solo recuerda que ningún juguete, por fascinante que sea, debería ocupar tanto espacio en la vida de un niño como para eclipsar el resto de experiencias.
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