




















Reconocer estas señales puede ayudar a acompañar mejor a tu hijo en una etapa clave de su desarrollo.
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La adolescencia es un periodo de cambios importantes en la que la autoestima tiene un papel clave. En efecto, influye directamente en la forma en que los jóvenes se relacionan consigo mismos y con su entorno. Durante esta etapa, las transformaciones físicas, sociales y emocionales pueden hacer que la seguridad personal fluctúe.
Por ello, detectar a tiempo las señales de una autoestima baja puede ser fundamental para ofrecer un acompañamiento adecuado y favorecer un desarrollo emocional más saludable. Estas son las recomendaciones expertas.
La doctora María Lorena Amarilla, pediatra, explica a través de Instagram (@dra.lorenaamarilla.pediatra) que la autoestima no es algo fijo ni automático: se construye, se fortalece y también se cuida día a día.

Durante la adolescencia, este proceso es especialmente sensible. Suelen aparecer las comparaciones constantes, la necesidad de pertenecer, las dudas sobre la propia identidad y, como consecuencia, una mayor vulnerabilidad a la inseguridad. Muchas veces, estas dificultades no se expresan de manera directa. No siempre se verbalizan, pero sí se reflejan en el comportamiento cotidiano.
Algunas señales a las que podemos prestar atención, según la experta, incluyen la inseguridad o el miedo a equivocarse, una baja confianza en sus propias capacidades y frases que lo refuerzan como "no puedo" o "no soy capaz", la tendencia a compararse con los demás de forma constante, así como el aislamiento, el retraimiento o una menor participación social.

Por ello, como padre o madre es fundamental acompañarlos en este momento. Implica escuchar de forma activa, sin juicios ni interrupciones, así como validar lo que sienten, incluso cuando no se comprende del todo. También es importante evitar frases que minimicen sus emociones, como “no es para tanto” o “ya se te pasará”, y en su lugar reforzar su identidad más allá de los resultados o logros que obtengan.
Igualmente, resulta clave favorecer espacios de diálogo y confianza genuina en la vida cotidiana, donde puedan expresarse con seguridad. Según recuerda la profesional, la autoestima no se construye desde la exigencia ni la comparación, sino desde el vínculo, la seguridad emocional y la experiencia de sentirse aceptados tal y como son.
Es clave permanecer alerta, observar si estas actitudes se mantienen en el tiempo o comienzan a intensificarse. Si la inseguridad interfiere en su vida social, académica o familiar, o si el aislamiento se vuelve más frecuente y persistente, puede ser un indicador de que necesita apoyo adicional de un profesional.
También es recomendable consultar con un experto si se observa una pérdida marcada de interés por actividades que antes le gustaban, cambios bruscos en el estado de ánimo o una disminución seguida de la autoestima que no mejora con el acompañamiento en casa. Detectarlo a tiempo permite intervenir de forma adecuada y favorecer su bienestar emocional. En todo caso, no se trata de alarmarse, sino de observar con sensibilidad, mantener el diálogo abierto y pedir ayuda cuando sea necesario.
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