
























La primera ecografía y la primera vez que escuchas el latido de tu bebé son momentos inolvidables | Semana 8 de embarazo | Una mamá como tú
Publicado por María Machado
Periodista especializada en parenting, infancia y crianza
Creado: Actualizado:
¡Hola, bebé! Hasta esta semana, eras muchas cosas a la vez, una mezcla difícil de explicar entre algo muy real y, al mismo tiempo, algo todavía abstracto. Eras unas rayitas en un test de embarazo, una aplicación que me decía qué frutas eras en cada momento y un cansancio que me obligaba a acostarme antes de lo habitual. También eras una combinación constante de ilusión y miedo que me acompañaba a lo largo del día.
Confiaba en que estabas ahí, dentro de mi tripa, pero todavía no había tenido una prueba real de ello. Pero esta semana, la semana 8 de embarazo, por fin ha llegado el momento en el que papá y yo te vimos y te escuchamos.
No sé si todas las madres sienten lo mismo, porque supongo que cada embarazo es distinto, pero para mí ese fue el instante exacto en el que todo se volvió real. Hasta entonces hablaba de embarazo; desde ese día empecé a hablar de ti.
👉 Este relato forma parte de "Una mamá como tú", mi diario de embarazo semana a semana. Si te has perdido el resto de historias de las semanas previas, te invito a leerlas antes de seguir adelante con la aventura de mi primera maternidad.
Esta semana hemos ido por primera vez a la consulta de la matrona, una cita que llevábamos días esperando con nervios y emoción. No era porque hubiera ningún problema, sino porque necesitábamos una confirmación que fuera más allá de un test, algo que nos permitiera verte de verdad.
Por eso, cuando Lorena, la matrona que nos acompañará en el embarazo, nos dijo "Túmbate en la camilla, vamos a ver a tu bebé", papá y yo nos miramos con una sonrisa cómplice.
Recuerdo perfectamente el momento en que apareciste en la pantalla. La imagen era pequeña y algo borrosa para cualquiera que no supiera lo que estaba mirando, pero yo sabía exactamente dónde estabas y no podía apartar la vista.
"Ahora, escuchad esto", nos dijo Lorena. Y, tras darle a un botón, comenzó a sonar tu latido. Me atrevo a decir que es el latido más bonito que nadie ha escuchado jamás.
Soy consciente de que tenemos mucha suerte de que Lorena tenga en su consulta un pequeño ecógrafo con el que te vamos a poder ver más a menudo. En otros centros de salud las matronas únicamente tienen un doppler que permite escuchar el corazoncito.

Mientras yo hago mi vida más o menos normal, tú sigues creciendo a una velocidad que me cuesta imaginar, ya que mi barriga aún está como siempre.
Esta semana mides entre 1,4 y 2 centímetros, pero dentro de ese cuerpo diminuto están ocurriendo cambios enormes. Tu desarrollo es tan rápido que prácticamente cada día trae alguna novedad. Te cuento todo lo que está pasando, según he leído en el libro Embarazado semana a semana de la doctora De La Calle.
En tu cara ya han aparecido los párpados y la retina continúa desarrollándose. También empieza a formarse la punta de la nariz y tus orejas siguen tomando forma poco a poco.
Tu corazón, que esta semana hemos podido escuchar por primera vez, sigue perfeccionándose. En él ya comienzan a diferenciarse estructuras tan importantes como las válvulas aórtica y pulmonar.
Tus pulmones también avanzan en silencio. El árbol bronquial empieza a dividirse en múltiples bronquiolos, preparando poco a poco el sistema respiratorio que algún día te permitirá dar tu primera bocanada de aire.
Y quizá lo que más me impresiona es imaginar tus brazos y tus piernas. Ya aparecen los codos, las extremidades siguen creciendo en longitud y comienzan a dibujarse los surcos que más adelante formarán los dedos de tus manos y de tus pies.
Cuando pienso en todo lo que está ocurriendo dentro de ti en apenas una semana, entiendo por qué dicen que las primeras etapas del embarazo son una auténtica obra de ingeniería de la naturaleza.

También están ocurriendo muchas cosas en mi cuerpo. Aunque mi útero sigue creciendo para hacerte sitio, por fuera todavía no se aprecia demasiado. Si alguien me viera por la calle probablemente no imaginaría que estoy embarazada de ocho semanas.
Sin embargo, por dentro sí noto que están pasando cosas.
A veces aparecen pequeñas molestias en el bajo vientre, una especie de pinchazos o sensaciones parecidas al dolor menstrual que surgen de repente y desaparecen al cabo de un rato. Al principio me llamaban la atención, pero poco a poco voy entendiendo que forman parte de los cambios que está experimentando mi cuerpo.
Por suerte, no he sufrido otros síntomas de los que he leído que sufren algunas mujeres embarazadas. Aunque sí me dan más asco de lo normal algunos olores, no tengo náuseas, ni molestias digestivas, ni pechos sensibles. ¡Al menos por el momento!
Sin embargo, el cansancio sigue siendo uno de los síntomas más evidentes. Hay días en los que siento que la energía se agota antes de lo habitual y necesito bajar el ritmo.

Me hace gracia reconocerlo porque hace unas semanas me habría parecido algo rarísimo, casi imposible de imaginar. Pero sí, ya te hablo.
No son grandes conversaciones (aún no se me ha ido la cabeza del todo), pero sí me gusta contarte algunas cosas que voy haciendo o lo que veo. Son comentarios espontáneos que salen sin pensar, como si poco a poco me fuera acostumbrando a tu presencia.
A veces te doy los buenos días, otras te cuento que vamos a una revisión o simplemente te digo que espero que todo vaya bien ahí dentro. El otro día, por ejemplo, yendo por la carretera con papá vimos un rebaño de ovejas y no pude evitar decirte que cuando te puedas asomar por la ventanilla te va a encantar el entorno en el que vivimos.
Creo que empecé a hablarte después de escuchar tu corazón, porque antes sabía que existías, pero ahora siento que hay alguien al otro lado de mi piel.
Pensaba que cuando llegara esta cita con la matrona me quedaría tranquila y que, de alguna manera, desaparecerían muchas de las dudas que tenía. Y durante unas horas fue así.
Salimos felices, emocionadísimos y con ganas de llamar a la familia para contarles cómo había ido todo, como si hubiéramos superado una pequeña meta. Pero al día siguiente ya estaba tachando los días para la siguiente revisión.
Creo que estoy descubriendo una verdad bastante universal de la maternidad: las preocupaciones no desaparecen, simplemente cambian de forma y se transforman con el tiempo.
Primero te preocupa quedarte embarazada, luego que todo vaya bien, después que crezca correctamente y, más adelante, llegarán otras mil cosas distintas. No sé si algún día dejaré de preocuparme por ti, pero, sinceramente, creo que esa es una de las formas que tiene el amor de presentarse.

Todavía no sé si eres niño o niña, ni siquiera sé cómo será tu cara, pero aun así ya me sorprendo pensando en nombres. Y no me pasa solo a mí; papá está igual.
Escucho uno por la calle y me lo guardo mentalmente, descarto algunos que antes me gustaban mucho y vuelvo una y otra vez a otros que no consigo quitarme de la cabeza. No hay ninguna decisión tomada, ni mucho menos, pero pensar en nombres tiene algo especial. Ahora mismo, solo tenemos listas de nombres a las que no paran de sumarse nuevas ideas.
Es una de las primeras veces que intento imaginarte como una persona concreta, no como una ecografía, ni como un embarazo, ni como una aplicación que me dice cuántas semanas tengo, sino como tú.
Si alguien me preguntara qué está pasando esta semana, podría responder que hemos tenido la primera cita con la matrona o que hemos escuchado tu corazón.
Pero en realidad ha ocurrido algo mucho más difícil de explicar porque has dejado de ser una idea, unas rayitas en un test o una posibilidad, y te has convertido en alguien. En mi bebé.
Todavía no sé cómo eres, ni a quién te parecerás, ni siquiera si eres niño o niña, pero ya sé una cosa con total certeza... ¡que tengo unas ganas locas de tenerte aquí!
此内容由惯性聚合(RSS阅读器)自动聚合整理,仅供阅读参考。 原文来自 — 版权归原作者所有。