



















¿Tus hijos se bloquean ante una suma o una multiplicación y asumes que simplemente no se les dan bien los números? Investigadores de la Universidad de Stanford desmontan este mito y explican la causa detrás de las dificultades con las Matemáticas. Estas son 5 técnicas prácticas para que las abordes.
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Para algunos niños, enfrentarse a las Matemáticas es como escalar el Everest. Abren el cuaderno y en cuestión de minutos surge la frustración. Se equivocan en operaciones que parecían dominar, borran una y otra vez lo que han hecho, resoplan y protestan.
Muchos padres deciden que tienen que apuntarlos a clases de refuerzo, pero aún así, los niños no avanzan mucho. En este punto, es posible que empiecen a preguntarse qué está pasando, porque no parece que sea solo una cuestión de estudiar más. Ahora la ciencia parece tener la respuesta.
Las dificultades de aprendizaje de las matemáticas (DAM) afectan hasta al 14% de los niños en edad escolar, aunque no es algo exclusivo de la infancia. Se estima que aproximadamente el 22% de los adultos tienen problemas para sacar cuentas en su día a día, ya sea en el supermercado o en un restaurante.
Generalmente pensamos que los problemas en Matemáticas se deben a que no se les dan bien los números. Sin embargo, investigadores de la Universidad de Stanford analizaron a fondo cómo piensan, aprenden de los errores y ajustan sus estrategias los niños para identificar el problema de base.
En el estudio, pidieron a los niños que completaran una serie de tareas de comparación numérica. En cada prueba, debían decidir entre dos cantidades cuál era mayor. A veces las cantidades se mostraban como números escritos (4 y 7, por ejemplo), pero otras veces aparecían como grupos de puntos, lo que obligaba al niño a estimar rápidamente qué grupo contenía más elementos.
Usar tanto símbolos numéricos como grupos de puntos permitió probar la comprensión simbólica de los números y el reconocimiento de cantidades, un proceso mental más básico. No obstante, en vez de enfocarse únicamente en las respuestas correctas o incorrectas, estos neurocientíficos se fijaron en cómo variaba el rendimiento de cada niño en diferentes ensayos. O sea, evaluaron la consistencia y la flexibilidad para cambiar estrategia tras cometer errores.

Los resultados mostraron un patrón claro: los niños que tenían dificultades con las Matemáticas eran menos propensos a cambiar de estrategia después de equivocarse en la solución de un problema. Aunque cometieran distintos errores, no cambiaban su forma de pensar. Esa dificultad para ajustar el comportamiento fue una diferencia clave entre los pequeños con habilidades matemáticas típicas y aquellos con dificultades en el aprendizaje de esta ciencia.
Para comprender mejor lo que ocurría en el cerebro infantil, los investigadores utilizaron técnicas de imagen cerebral mientras los niños resolvían los problemas. Dichos escáneres revelaron que quienes tenían más dificultades con las Matemáticas mostraban una actividad más débil en zonas vinculadas al seguimiento del rendimiento y el ajuste de conductas. Estas regiones cerebrales suelen estar relacionadas con el control cognitivo, que se refiere a la capacidad para evaluar los errores, cambiar de estrategia y adaptarse a la nueva información.
¿Qué significa esto?
Básicamente, las dificultades con las Matemáticas no se deben únicamente a que no se le den bien los números, sino que podrían ser un desafío cognitivo más complejo, por lo que padres y maestros deberían abordarlas de una manera diferente y no simplemente recurriendo a más horas de estudio y clases de refuerzo.

Cuando resolvemos un problema, no basta con intentar llegar a la respuesta; también hace falta ir comprobando si el camino elegido tiene sentido, ser capaces de detectar que algo no encaja, decidir si conviene probar otra estrategia y comprobar el resultado. Esa habilidad para observar el propio pensamiento es lo que los psicólogos llamamos metacognición.
Cuando ese control cognitivo falla, el niño sigue avanzando por un camino incorrecto sin darse cuenta. Por tanto, no basta con enseñarle Matemáticas, también hay que desarrollar su capacidad para reflexionar sobre su manera de pensar. ¿Cómo?
El problema no es equivocarse, sino no aprender del error, por lo que una estrategia práctica para ayudar a tu hijo en casa consiste en analizar el equívoco. O sea, no corrijas el ejercicio incorrecto sin más, haz que tu hijo siga este mini-protocolo:
Es importante que no diga que no sabe, debe generar otra hipótesis, aunque sea incorrecta, porque eso mueve el pensamiento.
Paradójicamente, muchos niños nunca practican la detección de errores porque siempre son otros quienes los corrigen. Una técnica muy sencilla consiste en presentarles ejercicios con fallos y pedirles que los identifiquen y corrijan. Así también aprenden a detectar sus propios errores.
Generalmente, cuando los niños solucionan un problema, nos limitamos a preguntarles: “¿está bien?”. Sin embargo, a menudo esa pregunta solo conduce a una búsqueda de validación externa. La clave consiste en cambiar la pregunta: “¿cómo lo sabes?”. Pídele que te explique cómo llegó a ese resultado, una manera para activar procesos de evaluación interna esenciales para desarrollar la metacognición.
Muchos errores no se corrigen porque el niño ni siquiera es consciente del proceso que sigue para resolver un problema. Por eso, es importante que le pidas que piense en voz alta o que describa los pasos que ha seguido, aunque sean simples. Cuando el pensamiento se vuelve “visible”, es más fácil que se dé cuenta de los fallos y busque nuevas soluciones.
Dado que no se trata simplemente de que no se le den bien los números, es importante que abordes esas dificultades de manera más global. Por ejemplo, en un juego de estrategia puedes pedirle que analice por qué perdió o que piense en qué podría hacer de manera diferente ante problemas de la vida cotidiana. La metacognición es un “músculo” transversal que se puede desarrollar en cualquier contexto.
Por último, pero no menos importante, recuerda reforzar el reconocimiento de los errores y el cambio de estrategia, no solo los aciertos. En vez de felicitarlo solo cuando hace bien los deberes, dile: “es genial que hayas buscado otra solución” o “me alegra que hayas visto el fallo”. Así no solo le estarás ayudando con las Matemáticas, le estarás enseñando a pensar.
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