






















Durante el primer trimestre, muchas embarazadas desarrollan rechazo a ciertos olores (¡yo incluida!) | Semana 7 | Una mamá como tú
Publicado por María Machado
Periodista especializada en parenting, infancia y crianza
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Desde que me quedé embarazada han aparecido síntomas que esperaba y otros que no había imaginado en absoluto. Uno de los que más me ha sorprendido, en plena semana 7 de embarazo en la que me encuentro, tiene que ver con los olores.
No me ocurre con todos, pero sí hay uno que de repente se ha vuelto especialmente difícil de soportar. Y sé de primera mano que no soy la única. De hecho, muchas mujeres embarazadas desarrollan durante el primer trimestre un rechazo inesperado hacia determinados aromas.
👉 Este artículo forma parte de Una mamá como tú, mi diario de embarazo semana a semana. Si te has perdido la historia completa de la semana 7, puedes leerla aquí antes de acompañarme en la siguiente etapa.
Estos son algunos de los olores que muchas mujeres embarazadas dicen no soportar durante las primeras semanas:
En mi caso, el ganador indiscutible es el primero de la lista: la basura.

Nunca pensé que llegaría el día en que abrir el cubo de la basura pudiera revolverme tanto el estómago.
Lo curioso es que no se trata de una basura especialmente sucia ni de algo fuera de lo normal. Es la misma de siempre. Los mismos restos de comida, los mismos envases, la misma bolsa que hemos sacado cientos de veces de casa sin darle mayor importancia. Pero ahora es diferente.
En cuanto me acerco al cubo o abro la tapa, siento una especie de rechazo inmediato. No sabría explicar exactamente qué cambia porque no es solo que huela fuerte, sino que me da la sensación de que mi cerebro ha decidido que ese olor es una amenaza y me enviara una señal urgente para alejarme.
No he llegado a vomitar, pero sí me deja una sensación desagradable en el cuerpo durante varios minutos. Esa mezcla de malestar, náusea ligera y necesidad de apartarme cuanto antes.
Y lo más curioso es que, de momento, me pasa casi exclusivamente con la basura.
Gracias a amigas que han estado embarazadas antes que yo, me he dado cuenta de que lo mío casi parece una versión suave de un fenómeno que afecta a muchas gestantes.
Algunas cuentan que no soportan el olor del café recién hecho, incluso aunque antes les encantara. Otras hablan del pescado, de ciertos perfumes, de productos de limpieza, del tabaco o de la gasolina.
Una amiga que está embarazada de más semanas que yo me contó hace poco que tuvo que pedir a su marido que cambie de perfume porque el suyo de siempre le causaba muchísimas náuseas.
Cuando me lo contó pensé que era una de esas anécdotas típicas del embarazo. Ahora, después de mi guerra personal con la basura, la entiendo perfectamente.

Durante años se ha repetido que las embarazadas desarrollan una especie de "superolfato". Sin embargo, la realidad parece ser algo más compleja.
Según una revisión científica publicada en la revista Frontiers in Psychology, las pruebas objetivas no demuestran de forma clara que las mujeres embarazadas detecten mejor los olores que antes. Lo que sí parece cambiar es la forma en que el cerebro interpreta determinados aromas.
Es decir, no necesariamente olemos más cosas, pero algunos olores nos resultan mucho más desagradables que antes.
La autora del estudio señala que durante el embarazo aumenta especialmente la respuesta emocional y el rechazo hacia ciertos olores, algo que podría estar relacionado con las náuseas y las aversiones alimentarias tan frecuentes durante el primer trimestre.
Cuando lo leí, sentí que describía exactamente lo que me está pasando con la basura. No creo que el cubo huela más que hace un mes. Creo que soy yo quien lo percibe de una forma completamente distinta.
Los investigadores también han planteado una hipótesis interesante.
Durante las primeras semanas de embarazo, cuando el embrión está desarrollándose a gran velocidad, el organismo podría volverse más sensible a señales asociadas con alimentos en mal estado, bacterias o posibles riesgos ambientales.
No está del todo demostrado que este sea el motivo, pero algunos expertos creen que las náuseas y las aversiones a determinados olores podrían formar parte de un mecanismo evolutivo de protección.
Cada vez tengo más claro que el embarazo no solo está cambiando (y lo seguirá haciendo) mi cuerpo por fuera. También cambia cosas pequeñas de la vida cotidiana que jamás habría imaginado.
Hace apenas unas semanas podía sacar la basura sin pensarlo, más allá de la pereza que da bajar a la calle solo para ello. Pero ahora procuro hacerlo rápidamente y contener la respiración durante unos segundos. ¡Ya tengo excusa para no tener que sacarla en los próximos meses!
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