























Conoce este enfoque claro y aplicable para fortalecer su autorregulación de forma eficaz.
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El autocontrol suele ser difícil de gestionar para los niños en su temprana edad. Su cerebro aún está en desarrollo por lo que les cuesta regular impulsos, emociones y conducta. Implica que reaccionen habitualmente de forma intensa o inmediata ante lo que sienten.
Por eso, más que exigirles que se controlen como lo haría un adulto, es clave acompañarlos en ese aprendizaje. Los límites claros, coherentes y adaptados a su edad les ayudan a entender qué se espera de ellos, pero también necesitan un entorno que les enseñe cómo hacerlo, no solo que se lo exija. Descubre este método efectivo para acompañarles con éxito.
El desarrollo Álvaro Bilbao, neuropsicólogo, explica vía Instagram (@soyalvarobilbao), que el desarrollo del autocontrol en los niños está muy ligado al papel de los padres a la hora de establecer normas y límites. Por eso, es importante aplicarla de forma consciente y estratégica.
En primer lugar, recomienda evitar hacer comentarios negativos sobre la falta de autocontrol de tus hijos, ya que esto puede afectar a cómo se perciben a sí mismos y generar un autoconcepto limitado. Segundo, es clave observar con atención los momentos en los que muestran mayor paciencia, calma o capacidad para gestionar sus impulsos. Esos pequeños avances son clave.

En tercer lugar, aprovecha esas situaciones para aplicar la técnica. Puedes hacer un comentario positivo en voz alta dirigido, por ejemplo, a tu pareja o incluso a su peluche favorito. Los niños suelen interiorizar lo que escuchan que sus padres dicen sobre ellos, y eso influye directamente en su autoestima.
Finalmente, el experto recuerda que no es necesario hacerlo constantemente. Es más efectivo reservarlo para momentos concretos en los que realmente haya habido un progreso, por pequeño que sea.
Cabe tener en cuenta que si un niño no consigue controlarse, no es por manipulación. La doctora Ana Rosa González explica que el autocontrol "se aprende, no se exige". Los niños solo procuran manejar sentimientos que no consiguen identificar ni regular del todo de la mejor manera posible.
La profesional también incide en que aprenden mucho más de lo que observan que de lo que se les dice. El ejemplo de los adultos es su principal guía, por lo que nuestras propias reacciones y comportamientos tienen un gran impacto en ellos.
Algunas frases pueden ayudar en su proceso de aprendizaje. Entre ellas, "Entiendo que estás enojado", “Estoy aquí contigo” o “Vamos a calmarnos juntos”. Este tipo de mensajes valida lo que sienten sin juzgarles y les transmite seguridad en momentos de desborde emocional, según la profesional.

A su vez, algunos ejercicios puede ayudarles a gestionar mejor su control. Por ejemplo, actividades como juegos de cartas o de mesa les enseñan a esperar su turno, tolerar la frustración y respetar normas.
Asimismo, representar situaciones (por ejemplo, compartir un juguete o perder en un juego) les permite tener respuestas adecuadas antes de enfrentarse a ellas en la vida real. La técnica del semáforo de las emociones también puede funcionar en ese momento. Consiste en enseñarles a identificar tres momentos: rojo (me paro), amarillo (pienso qué hacer) y verde (actúo). Favorece una mayor conciencia de lo que sienten.
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