






















Las pruebas dicen que no hay ningún problema. Sin embargo, el embarazo no llega. Sara Guzmán nos ayuda a entender qué puede haber detrás
Publicado por María Machado
Periodista especializada en parenting, infancia y crianza
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Después de meses intentando quedarse embarazada, llega el momento de las primeras pruebas. Analíticas, ecografías, revisiones... Y, al recoger los resultados, la respuesta parece tranquilizadora: todo está bien. Sin embargo, siguen pasando los meses y el embarazo sigue sin llegar.
Es una situación mucho más frecuente de lo que parece y, precisamente por eso, también una de las más desconcertantes. Porque cuando todas las pruebas salen normales, muchas mujeres sienten que se quedan sin respuestas. Si no hay ningún problema aparente, ¿qué está pasando?, ¿por qué no llega el embarazo?
Para responder a todas las preguntas, hemos entrevistado a la matrona Sara Guzmán (a la que puedes encontrar en las redes sociales como @melodijolamatrona). Y es que, tal y como nos ha explicado, la fertilidad es una cuestión multifactorial y unos resultados normales no siempre significan que todo esté funcionando de la mejor manera posible para lograr un embarazo.
Estas son las cinco claves que ayudan a entender por qué puede ocurrir.

Cuando una pareja consulta porque el embarazo tarda en llegar, gran parte de la atención suele centrarse en el aparato reproductor femenino. Sin embargo, esa es solo una parte de la historia.
"La fertilidad es mucho más compleja de lo que nos han hecho creer", explica Sara Guzmán. "Para que un embarazo llegue, todos los órganos de nuestro cuerpo tienen que trabajar en equipo. Porque cuando uno de ellos no funciona bien, el resto puede verse afectado; es como las piezas de dominó que empiezan a caer una tras otra".
Eso significa que aspectos que, en principio, parecen no tener relación directa con la fertilidad también pueden influir en ella.
Más allá de las pruebas habituales, existen otros aspectos que también pueden condicionar la fertilidad y que no siempre se estudian en las primeras consultas.
La matrona señala, por ejemplo, el funcionamiento de la tiroides, posibles alteraciones de la microbiota, los problemas digestivos, la calidad del sueño o el estado emocional.
Aunque cada vez más profesionales trabajan con una visión más integradora, todavía hay factores que pueden pasar desapercibidos y que conviene tener en cuenta cuando el embarazo tarda en llegar.

Otro aspecto importante es que las primeras analíticas suelen ser bastante básicas y, además, no siempre se realizan en el momento más adecuado del ciclo menstrual.
Las hormonas cambian a lo largo del ciclo, por lo que un mismo resultado puede interpretarse de forma diferente según el día en que se haga la extracción.
Por eso, Sara Guzmán insiste en que "no basta con hacerse una analítica. También es importante tener claro qué queremos medir, cuándo es el mejor momento (según el ciclo de esa mujer) para hacer la prueba en función de lo que queramos medir y cómo se interpretan estos resultados".
Las analíticas suelen compararse con unos rangos considerados normales para detectar enfermedades. Sin embargo, "una cosa es que un valor sea normal y otra muy distinta que esté en un rango óptimo para que una mujer pueda quedarse embarazada", explica la matrona.
Como ejemplo pone la hormona TSH, utilizada para valorar el funcionamiento de la tiroides. En una mujer que no busca embarazo, una TSH de 3 o incluso superior, puede considerarse normal, explica la matrona. Sin embargo, cuando existe deseo gestacional, valores superiores a 2,5 se han relacionado con mayores dificultades para conseguir o mantener el embarazo.
Y no es el único caso. También puede ocurrir con determinadas vitaminas, nutrientes u hormonas que, aunque entren dentro de la normalidad, quizá no estén en el rango más favorable para la fertilidad.
"Por eso, cuando hablamos de fertilidad, no siempre basta con decir que una analítica está bien. Lo importante es preguntarse si esos valores están dentro del rango óptimo para favorecer el embarazo", vuelve a señalar la matrona.
"Más allá de las pruebas concretas, creo que lo más importante es ampliar la mirada. Entender que cuando el embarazo no llega, no siempre se trata de hacer más pruebas o tomar más suplementos. A veces lo que necesitamos es comprender mejor qué está pasando en el cuerpo y qué necesita para recuperar el equilibrio", continúa Sara.

Aunque las recomendaciones generales indican que una pareja debería consultar con un especialista después de un año de búsqueda sin éxito si la mujer tiene menos de 35 años, o tras seis meses si tiene más de esa edad, Sara Guzmán considera que no siempre es necesario esperar tanto.
Hay situaciones en las que conviene adelantar la consulta, como cuando existen reglas muy dolorosas, ciclos irregulares, antecedentes de endometriosis, síndrome de ovario poliquístico (SOP), abortos previos, menstruaciones muy escasas o muy abundantes, problemas de tiroides o cualquier otro síntoma que haga pensar que algo no está funcionando como debería.
Muchas mujeres escuchan frases como "hasta el primer año es normal tardar, solo necesitas más tiempo". Y aunque es cierto que conseguir un embarazo de forma natural puede llevar varios meses incluso en parejas sanas, la matrona hace una importante puntualización: "Una cosa es darle tiempo al cuerpo y otra muy distinta pasar por alto las señales de que hay algo que quizá no está del todo bien y necesitamos estudiar un poco más a fondo".
Por eso, recomienda que las parejas no esperen únicamente a cumplir un plazo determinado, sino que también presten atención a cómo están viviendo el proceso. "Si existen síntomas que no son normales, preocupaciones o la sensación de que algo no encaja, es recomendable pedir una valoración antes para poder identificar problemas lo antes posible y evitar meses o años de incertidumbre innecesaria", explica la matrona.
Y esa atención no debería centrarse solo en la salud física. Cuando el embarazo tarda en llegar, es habitual que aparezcan dudas, frustración o que la búsqueda acabe ocupando toda la vida de la pareja. En esos casos, pedir ayuda emocional también forma parte del cuidado.
Cuando el embarazo tarda en llegar, no solo aparecen dudas médicas. También es frecuente que surjan frustración, tristeza, ansiedad o la sensación de que toda la vida gira alrededor de pruebas, citas y test de embarazo.
Por eso, la matrona lanza un mensaje de tranquilidad: "Lo primero que me gustaría decirles es que no están solas y que lo que sienten es completamente normal". Y añade: "Una analítica normal no siempre significa que todo esté funcionando de forma óptima para la fertilidad".
Su consejo es no resignarse únicamente porque las primeras pruebas hayan salido bien. En lugar de pensar que el problema está en ellas o resignarse a seguir esperando, anima a las mujeres a escuchar su cuerpo, hacerse preguntas y buscar profesionales que puedan valorar el caso desde una perspectiva más amplia.
Y, sobre todo, recuerda algo que muchas veces se olvida durante este proceso: cuidarse también a una misma. Porque, cuando la búsqueda del embarazo se prolonga, pedir ayuda emocional también es una forma de cuidarse.
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