





















Conoce las formas respetuosas de trabajar la tolerancia a la frustración de tu pequeño.
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Por mucho que intentemos que nuestros hijos esperen, en ocasiones, les resulta sencillamente imposible. Esto no significa que no quieran hacerlo o que estén desobedeciendo, sino que su capacidad de autocontrol aún está en desarrollo. Esta depende en gran medida de la maduración de su cerebro.
En efecto, en los primeros años de vida, la inmediatez domina su forma de actuar. Cualquier espera puede convertirse en un reto para ellos. Lo suelen vivir con mucha intensidad emocional. Por eso, más que exigir paciencia, es más productivo acompañarles con estrategias que les ayuden a comprender y gestionar la espera de forma progresiva. Descubre tres recomendaciones de una experta para lograrlo.
La doctora Manuela Molina, experta en psicología infantil, explica vía Instagram (@mindheart.kids) que los niños pequeños no tienen aún la capacidad de esperar o posponer una gratificación inmediata.
La experta menciona, en este sentido, el conocido experimento del malvavisco de Walter Mischel, realizado en la Universidad de Stanford durante los años 60. En él, a niños de entre 4 y 6 años se les planteaba una elección: comerse una golosina de inmediato o esperar unos minutos para recibir dos. Algunos intentaban resistir la tentación usando estrategias como cantar, cerrar los ojos o distraerse, aunque no todos lo conseguían.
Años más tarde, se comprobó que quienes habían sido capaces de esperar mostraban mayor autocontrol, mejor rendimiento académico e incluso mejores indicadores de salud. De ahí se concluyó que la paciencia no es un rasgo innato, sino una habilidad que se desarrolla y se entrena desde la infancia.
¿Cómo conseguir entonces potenciar esta habilidad? La profesional destaca que una primera herramienta es el apoyo externo: cuando los adultos validan sus emociones (“sé que es difícil esperar”) y utilizan apoyos visuales como relojes de arena o temporizadores, los niños comprenden mejor el tiempo y pueden regularse con mayor facilidad.
Otra estrategia clave es reducir las tentaciones. Si hay estímulos que les resultan difíciles de resistir, como dulces o pantallas, lo ideal es mantenerlos fuera de su alcance. No se trata de prohibir de forma constante, sino de crear un entorno que les ayude a gestionar mejor sus impulsos.
En tercer lugar, la distracción creativa es una de las técnicas más eficaces. Actividades como cantar, mover las manos o inventar juegos permiten redirigir su atención mientras esperan, haciendo el proceso más llevadero.
La profesional subraya que los niños viven guiados por la inmediatez: no es que no quieran esperar, es que aún están aprendiendo a hacerlo. El papel del adulto es acompañar ese proceso y ofrecer herramientas que les permitan, poco a poco, desarrollar esa capacidad.
Estas técnicas son efectivas pero requieren tiempo. El autocontrol no se adquiere necesariamente de forma lineal: es un proceso con avances y retrocesos. Habrá días en los que parezca que ha aprendido a esperar y otros en los que vuelva a explotar con facilidad. Por ello, el rol de los padres es acompañar y no culpabilizar.

En esos momentos, lo más importante es no interpretarlo como un fracaso, sino como parte del aprendizaje. Los niños necesitan repetición, acompañamiento y, sobre todo, padres que mantengan la calma cuando ellos no pueden.
Volver a las estrategias de forma constante es lo que poco a poco consolida su capacidad de autocontrol. Con el tiempo, estas pequeñas repeticiones son las que realmente moldean el aprendizaje.
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