























Mi hijo me pregunto si lo quería: ¿estoy haciendo algo mal? Esta sencilla pregunta puede descolocar un poco, pero la Psicología explica lo que hay realmente detrás de ella (y no es la falta de cariño).
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Quizá estés en la cocina terminando de recoger o descansando en el sofá después de un largo día de trabajo cuando tu hijo aparece, casi de puntillas, se queda un momento mirándote y, de repente, te suelta un “¿me quieres?”. Es probable que la pregunta te sorprenda y le respondas con un “claro que te quiero”.
Sin embargo, luego ese momento aparentemente tan sencillo se reactiva en tu mente porque ha removido algo muy profundo dentro de ti. Cuantas más vueltas le das, más te hace dudar de tus métodos de crianza y de la relación que mantienes con tu hijo e incluso puede que te preguntes si estás haciendo algo mal. ¿Cómo es posible que no note tu amor?
Si te ha ocurrido algo así, lo primero que debes saber es que esa pregunta no es necesariamente una señal de que estés fallando como padre o madre, pero podría ser un signo de que tu hijo necesita algo más en ese momento. Y debes entender qué es.
Es lógico pensar que si tu hijo te pregunta si le quieres, es porque no se siente lo suficientemente amado. No obstante, puedo decir por experiencia que generalmente los niños o adolescentes no hacen esa pregunta por carencia de amor.
Una de las razones más comunes es la búsqueda de seguridad emocional. Los niños necesitan saber y sentir que el vínculo con sus padres es estable. No les basta con haberlo experimentado, necesitan comprobarlo de vez en cuando. Básicamente, esa pregunta es su forma de “actualizar” esa seguridad, sobre todo en momentos en los que se sienten más vulnerables.
Sin embargo, esa vulnerabilidad a veces no es tan evidente. Entre las mil obligaciones cotidianas, las prisas y el cansancio, no siempre estamos tan disponibles como nos gustaría, por lo que podemos pasar por alto un mal día en el colegio, no saber que se ha enojado con un amigo o que simplemente está más sensible de lo habitual. Por tanto, muchas veces esa pregunta no versa tanto sobre el amor que le profesas, como de lo que le está pasando a tu hijo.
De hecho, es más común en momentos de cambio o transición, ya sea la llegada de un hermanito, un cambio de colegio, una discusión en casa o incluso algo tan cotidiano como notar que últimamente estás más ocupado o distraído. Los niños suelen ser muy sensibles a las variaciones en la disponibilidad emocional de sus padres, aunque a ti el cambio no te parezca tan significativo.
Otra posibilidad es que esté explorando el significado del amor. Sí, así de simple y de profundo a la vez. Los niños, sobre todo a partir de los 10 u 11 años, empiezan a hacerse preguntas más abstractas: ¿Qué significa querer? ¿El amor cambia? ¿Puede desaparecer? Y tú eres su punto de referencia para obtener respuestas.
No obstante, esta pregunta también puede denotar una necesidad de conexión directa. En una vida marcada por la logística cotidiana, llena de órdenes, correcciones y normas como “ponte los zapatos”, “haz los deberes” o “recoge tu habitación”, quizá tu hijo solo está buscando un momento de conexión emocional puro.

Cuando tu hijo te pregunta si lo quieres, la respuesta parece obvia, pero puedes aprovechar ese momento de apertura para reforzar vuestro vínculo. ¿Cómo?
Ante todo, evita minimizar o ridiculizar su pregunta con respuestas como: “¡¿Pero qué tontería dices?!” o “¡Por supuesto que sí, ni siquiera lo preguntes!”. Aunque tu intención sea tranquilizarle, el mensaje implícito que estás enviando es que su preocupación no tiene sentido. Y probablemente eso hará que se cierre emocionalmente en el futuro.
Para tu hijo, esa pregunta tiene todo el sentido del mundo, así que debes tratarla como tal. De hecho, es importante que le dejes claro que lo quieres, aunque también es conveniente que vayas un paso más allá añadiendo algo como:
Eso abrirá la puerta para que tu hijo pueda explicarse mejor si siente que le falta algo.
Pregúntate cuándo ha hecho esa pregunta. ¿Ha sido después de una situación concreta? A veces, la clave no está en la pregunta, sino en lo que la precede. Si ha tenido un mal día o si ha habido discusiones en casa, por ejemplo, esa pregunta podría ser una forma indirecta de expresar algo que no sabe decir de otra manera.
De hecho, también conviene valorar objetivamente tu disponibilidad emocional. Esta pregunta puede ser una oportunidad para hacer una pequeña revisión:
No necesitas ser una madre o un padre perfecto, pero debes asegurarte de estar emocionalmente disponible. A veces, la pregunta “¿me quieres?” es en realidad un “¿estás aquí conmigo ahora mismo?”.

Quizá le digas a tu hijo que lo quieres casi a diario, pero a veces las palabras no bastan porque entre lo que creemos expresar y lo que realmente llega suele haber un buen trecho. Por eso, en vez de decirle “te quiero”, pregúntale de vez en cuando: “¿te sientes querido?” o “¿qué puedo hacer para que te sientas más querido?”.
A veces sus respuestas serán tan simples y pragmáticas como pedirte que le compres un helado o que le leas un cuento por la noche. En otras ocasiones puede que te sorprendan y sean más relevadoras: quizá te diga que le duele cuando le hablas enfadado, que siente que solo le prestas atención cuando hace algo mal o que le gustaría que le abrazaras más.
Esas respuestas son oro puro y no significan que estés haciendo algo mal, pero te muestran cómo vive tu hijo vuestra relación, una percepción que no siempre coincide con la tuya o con tus intenciones.
En cualquier caso, recuerda que cuando tu hijo te pregunta si lo quieres, no suele estar cuestionando tu amor, muchas veces solo está buscando más seguridad y conexión. A fin de cuentas, eres su ancla y punto de referencia, por lo que quizá necesite confirmar de vez en cuando que está caminando sobre terreno sólido. Así que si escuchas esa pregunta, no la veas como un “examen” que puedes suspender, sino como un puente para hacer un alto en la vertiginosidad cotidiana, conectar y recordarle que siempre estarás a su lado.
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