



















Publicado por María García Cirac
Periodista especializada en parenting, infancia y crianza.
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Viajar con niños suele enseñarnos algo muy sencillo: el destino importa, pero lo que sucede por el camino muchas veces pesa más en la memoria. En el caso de El Desierto de los Niños, esa idea adquiere un sentido mucho más profundo. La edición de 2026 ha celebrado su 20 aniversario, una cifra que no habla solo de continuidad, sino de compromiso, confianza y una forma muy concreta de entender la aventura. Porque esta caravana no cruza Marruecos únicamente para enfrentarse a pistas difíciles, barro, arena o caminos cortados por la lluvia. Lo hace para llevar ayuda donde hace falta, para escuchar necesidades reales y para recordar que la movilidad también puede tener una dimensión humana, cercana y transformadora.
En esta edición, Hyundai ha vuelto a ocupar un papel protagonista. La marca lleva implicada en el proyecto desde su primera edición, algo poco habitual en un entorno donde muchas colaboraciones nacen y desaparecen con rapidez. Su presencia aquí no responde a una acción puntual, sino a una relación construida durante dos décadas junto a la organización de El Desierto de los Niños, la Fundación Alain Afflelou, Bujarkay, Hankook y ADN, Asociación Desierto Niños. Todos ellos han formado parte de una expedición que combina motor, solidaridad, tecnología y atención directa a comunidades del sur de Marruecos.
Este año, además, el viaje ha tenido un interés especial para quienes siguen la evolución del automóvil. El Hyundai IONIQ 9 ha debutado en Marruecos como gran novedad de la caravana, demostrando que un SUV 100% eléctrico puede desenvolverse con solvencia en un entorno exigente. A su lado, el Hyundai Santa Fe XRT ha mostrado su carácter más aventurero, mientras los neumáticos Hankook Dynapro AT2 han sido claves para avanzar sobre terrenos complicados.
Pero lo verdaderamente valioso no está solo en la tecnología. Está en las 790 revisiones visuales, en las 430 personas que necesitan gafas, en las 359 gafas de sol, en las asociaciones de personas con discapacidad apoyadas en Boumalne Dades y Erfoud, en el material escolar, en las sillas de ruedas, en las muletas, en los andadores y en los niños que podrán disfrutar de mejores instalaciones deportivas. Ahí es donde este viaje encuentra su sentido más auténtico.
Cumplir 20 ediciones en un proyecto como El Desierto de los Niños tiene un valor especial. No es solo una cifra bonita para celebrar ni una excusa para mirar atrás con nostalgia. Es la prueba de que la idea sigue viva, que mantiene su energía y que conserva una utilidad real para las comunidades a las que llega. Desde el principio, Hyundai ha acompañado esta iniciativa, y esa fidelidad ha permitido construir una relación muy poco habitual entre una marca de automóviles y una acción solidaria. Durante estas dos décadas se han impulsado escuelas, pozos, bibliotecas, entregas de material escolar, apoyos al deporte y ayudas destinadas a personas con discapacidad. También se ha creado una red de colaboración que no se limita a los días de caravana. El trabajo continúa durante todo el año, con planificación, prospección de necesidades y coordinación sobre el terreno. Eso explica por qué el proyecto sigue generando confianza. No se queda en una imagen emocionante del viaje. Tiene memoria, continuidad y resultados concretos.

La aventura de 2026 arrancó con 42 vehículos y 146 personas, cruzando el estrecho desde Tarifa hasta Tánger. Sobre el papel, la ruta ya prometía intensidad. En la práctica, terminó siendo bastante más exigente de lo previsto. Las fuertes lluvias caídas durante el mes anterior habían alterado muchas zonas del recorrido. Algunos caminos estaban dañados, otros directamente habían desaparecido y ciertas acciones tuvieron que retrasarse o cambiar de ubicación. Esa realidad obligó a la caravana a improvisar con criterio, buscar alternativas y avanzar campo a través en determinados tramos. Para quienes viajan con niños, esta parte de la historia resulta especialmente fácil de entender: no siempre se puede cumplir el plan inicial, y la verdadera prueba llega cuando toca adaptarse sin perder la calma. En Marruecos, esa capacidad de reacción fue clave. También sirvió para comprobar la resistencia de los vehículos, la preparación de los equipos y la importancia de mantener unido al grupo cuando la aventura se vuelve más complicada.

Uno de los grandes protagonistas de esta edición ha sido el Hyundai IONIQ 9, que se estrenó en Marruecos dentro de la caravana. Su presencia tenía un atractivo evidente: ver cómo se comportaba un gran SUV 100% eléctrico en un entorno tan duro como el desierto marroquí. No hablamos de un escenario amable, ni de una ruta pensada para lucir el coche en condiciones controladas. El recorrido incluyó barro, piedras, arena, apoyos delicados y tramos con la tracción muy comprometida. En ese contexto, el IONIQ 9 aprovechó una de las grandes virtudes de la propulsión eléctrica: el par motor instantáneo. Esa respuesta inmediata ayuda a avanzar con suavidad y precisión cuando el terreno exige mucho tacto. Para una familia, esta lectura tiene interés más allá de la aventura. Muestra que la electrificación ya no pertenece solo al imaginario urbano. También puede aportar seguridad, control y eficacia cuando la carretera desaparece y el viaje se vuelve más imprevisible.

El buen papel del IONIQ 9 en El Desierto de los Niños 2026 deja una reflexión muy interesante sobre el coche eléctrico. Su capacidad para moverse por terrenos complicados fue importante, pero también lo fue la infraestructura que hizo posible su uso diario durante la expedición. Hyundai instaló cargadores en los hoteles de la cadena Xaluca, lo que permitió recargar el vehículo al final de cada etapa. Este detalle resulta fundamental. La electrificación no depende únicamente del coche, sino también del entorno que lo acompaña. Cuando existen puntos de carga bien pensados, un vehículo eléctrico se vuelve mucho más versátil. Y eso cambia la percepción de muchas personas que todavía asocian este tipo de movilidad a trayectos cortos, urbanos o muy planificados. En Marruecos, el IONIQ 9 demostró que un SUV eléctrico puede formar parte de una caravana solidaria, superar jornadas exigentes y aportar una conducción fluida. La clave está en unir tecnología, planificación y sentido práctico.

Junto al IONIQ 9, el Hyundai Santa Fe XRT fue otro de los modelos que más miradas atrajo durante la expedición. Su preparación estaba pensada para afrontar un terreno serio, de esos que no perdonan la falta de altura, protección o agarre. Esta versión incorporaba un kit de elevación de +38 mm, protectores para el cárter, la caja de cambios y el diferencial trasero, además de neumáticos de mayor diámetro. Todo ello le daba una presencia más robusta, pero también una utilidad clara en pistas dañadas, zonas de piedra y pasos especialmente delicados. En una ruta familiar solidaria, un coche así no está para presumir. Está para trabajar, acompañar y superar obstáculos con seguridad. Y eso fue precisamente lo que hizo. El Santa Fe XRT confirmó que una buena preparación puede convertir un SUV en un compañero muy capaz cuando el asfalto se queda lejos. También aportó tranquilidad al conjunto de la caravana, algo imprescindible cuando se viaja en grupo y con objetivos solidarios que cumplir.

En una expedición por el sur de Marruecos, el neumático no es un simple detalle técnico. Es una pieza esencial de seguridad, fiabilidad y eficacia. En esta edición, los Hankook Dynapro AT2 montados en el IONIQ 9 y en otros vehículos de la caravana tuvieron un papel decisivo. Los 18 Hyundai desplazados al viaje confiaron en neumáticos capaces de afrontar barro, arena, piedra y pistas degradadas, un conjunto de condiciones que exige resistencia y buen comportamiento. Cuando el terreno se complica, cada apoyo cuenta. Una pérdida de tracción, un pinchazo o una respuesta irregular pueden retrasar una etapa, dificultar una entrega solidaria o comprometer la seguridad del grupo. Por eso, el rendimiento de los Hankook fue tan relevante. Su trabajo fue discreto, pero constante. Ayudaron a que los coches mantuvieran el ritmo, a que las rutas pudieran completarse y a que la ayuda llegara a su destino. En una aventura así, la épica muchas veces está en lo que funciona sin hacer ruido.

La dimensión más importante de El Desierto de los Niños no está en la dureza del terreno, sino en las personas a las que llega la ayuda. En 2026, Hyundai apadrinó dos asociaciones de personas con discapacidad, una en Boumalne Dades y otra en Erfoud. Ambas recibieron equipamiento para rehabilitación y material de apoyo, como sillas de ruedas, muletas, andadores y otros recursos necesarios para mejorar la vida diaria de quienes los utilizan. Este tipo de ayuda tiene un valor enorme porque responde a necesidades muy concretas. No se trata de una colaboración genérica ni de una entrega pensada solo para la fotografía. Son materiales que pueden facilitar desplazamientos, terapias, cuidados y autonomía. Para muchas familias, contar con una silla adecuada, un andador o equipamiento de rehabilitación supone un cambio real en su rutina. Esa es la parte más emocionante del proyecto. La aventura sirve para llegar, pero el objetivo es acompañar mejor a quienes necesitan apoyo.

Las acciones desarrolladas en Boumalne Dades y Erfoud muestran una forma inteligente y respetuosa de entender la solidaridad. La ayuda no llega como un paquete estándar que vale igual para cualquier comunidad. Llega después de escuchar, analizar y concretar necesidades. En Boumalne Dades, la asociación de personas con discapacidad recibió equipamiento destinado a rehabilitación y material de apoyo. En Erfoud, la colaboración con la Association Tafilalet pour les Handicapés, también apadrinada por Hyundai, permitió entregar más equipos y enseres útiles para su trabajo diario. Este enfoque es especialmente importante en proyectos de larga duración. Cuando se escucha primero, la ayuda resulta más eficaz. También genera una relación más honesta con el territorio. No se trata de imponer soluciones desde fuera, sino de apoyar a quienes ya trabajan allí y conocen de primera mano las necesidades de sus comunidades. Esa manera de actuar explica que, después de 20 ediciones, El Desierto de los Niños siga teniendo sentido y credibilidad.

Otra de las acciones más importantes de esta edición volvió a estar en manos de la Fundación Alain Afflelou. Seis ópticos voluntarios viajaron hasta Marruecos en una Hyundai Staria HEV para realizar revisiones visuales en cuatro localidades. En total, atendieron a 790 personas, una cifra que habla del alcance de la intervención. Pero el dato más revelador llega después: 430 personas necesitan gafas, y en algunos casos dos pares, uno para ver de cerca y otro para ver de lejos. A ello se suman 359 gafas de sol. Esta labor tiene un impacto directo en la vida cotidiana. Ver bien influye en el aprendizaje, en el trabajo, en la autonomía y en la seguridad. Para un niño, unas gafas pueden mejorar su experiencia en el colegio. Para una persona adulta, pueden facilitar tareas diarias esenciales. El proceso continúa después de la revisión, con el montaje de lentes en las instalaciones de INDO en Marruecos y su posterior distribución. Es una cadena completa de atención.

El camión de Bujarkay volvió a ser una pieza fundamental de la expedición. Su papel puede parecer menos vistoso que el de los SUV atravesando pistas complicadas, pero resulta imprescindible para que la ayuda llegue completa y organizada. Como en otras ediciones, transportó el material solidario de la caravana. Además, este año se mantuvo una decisión especialmente interesante: todo el material escolar se compró en Marruecos. Este detalle tiene mucho sentido. No solo se apoya a las comunidades receptoras con la entrega final, sino que también se contribuye a la economía local desde el propio proceso de compra. Es una forma más coherente de ayudar, menos centrada en llevarlo todo desde fuera y más conectada con el territorio. En proyectos solidarios, estos matices importan mucho. Comprar allí, transportar con eficacia y entregar donde hace falta permite que la ayuda tenga un impacto más amplio. Bujarkay, desde esa labor silenciosa, sostiene una parte esencial del viaje.

En Ramlia, la expedición pudo comprobar el avance de unas instalaciones deportivas modernas con campo de fútbol de hierba artificial. Puede parecer una acción menos urgente que una revisión visual o la entrega de material de rehabilitación, pero tiene una importancia enorme. El deporte crea comunidad, favorece hábitos saludables, ofrece espacios de encuentro y abre oportunidades de desarrollo personal. Para los niños y adolescentes, contar con un lugar adecuado para jugar, entrenar y compartir tiempo con otros tiene un valor social que va mucho más allá del ocio. Hyundai insiste en la conexión entre educación y deporte como herramientas de progreso, y esta intervención encaja muy bien con esa visión. En lugares donde los recursos son limitados, una instalación deportiva puede convertirse en un punto de reunión, ilusión y pertenencia. También puede ayudar a que los más pequeños crezcan con más opciones para relacionarse, aprender normas, ganar autoestima y disfrutar de algo tan sencillo y tan importante como jugar juntos.

Una de las claves de El Desierto de los Niños es que no se limita a los días de viaje. Detrás existe un trabajo constante, coordinado y muy planificado. En ese papel destaca ADN, Asociación Desierto Niños, creada en 2009 para canalizar la ayuda que se entrega en el sur de Marruecos. Su labor consiste en detectar necesidades, analizarlas, buscar financiación y coordinar respuestas con sentido. También ayuda a que las acciones tengan continuidad y no dependan solo de la emoción de una expedición anual. Además, los organizadores trabajan con mucha antelación junto a la cadena Xaluca para reservar alojamientos, estudiar etapas y preparar futuras ediciones. A finales de junio está prevista una prospección para definir recorridos y lugares de visita de 2027 y 2028. Este dato demuestra que el proyecto mira más allá del presente. La caravana emociona, claro, pero la estructura permanente es lo que permite que esa emoción se convierta en ayuda real.

Después de 20 ediciones, El Desierto de los Niños deja una idea muy poderosa: el automóvil puede ser mucho más que un medio de transporte o una expresión de tecnología. En esta aventura, los coches sirven para llegar donde es difícil llegar. Transportan voluntarios, gafas, material escolar, equipamiento de rehabilitación, profesionales, organizadores y recursos que muchas personas necesitan. También permiten poner a prueba soluciones actuales, como la electrificación del IONIQ 9, la preparación off road del Santa Fe XRT o la resistencia de los neumáticos Hankook. Pero todo eso cobra más sentido porque está al servicio de algo mayor. Para las familias que leen estas historias desde casa, el mensaje resulta cercano. Viajar no siempre consiste en desconectar. A veces también puede ser una forma de conectar mejor con otros. Y cuando una marca, una asociación y un grupo de voluntarios sostienen un proyecto durante dos décadas, lo que queda no es solo una ruta. Queda una manera de estar en el mundo.

Al final, la edición 2026 de El Desierto de los Niños se recuerda por muchas razones. Por el debut del Hyundai IONIQ 9, por la solidez del Santa Fe XRT, por el trabajo de Hankook, por las rutas complicadas y por la emoción de una caravana que cumple 20 años. Pero lo que de verdad permanece es lo más sencillo: las gafas que llegarán a quienes las necesitan, las asociaciones que podrán trabajar mejor, los niños que tendrán material, deporte y compañía, y esa sensación tan bonita de que una aventura puede tener un propósito real. Cuando el viaje termina y el desierto vuelve a quedarse en silencio, eso es lo que sigue hablando.
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