












El sueño del bebé aún es inmaduro en sus primeros meses, pero con rutinas simples puedes ayudarle a diferenciar los diferentes momentos del día.
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Aunque parezca anecdótico, ayudar a tu bebé a distinguir el día de la noche es un paso fundamental en su desarrollo. Durante los primeros meses de vida, su reloj biológico aún se está formando, por lo que puede confundir fácilmente el momento de actividad con el de descanso.
Entre las principales estrategias se encuentran mantener una rutina diurna activa con luz natural y estímulos suaves, y por la noche favorecer un ambiente tranquilo, con poca luz y sin excesos de ruido. Pero no son las únicas. Estas son las recomendaciones expertas para lograrlo.
Fer García, especialista en maternidad y crianza infantil, aclara, vía Instagram (@dormiditozzz), que la mayoría de los bebés empieza a consolidar esa diferencia a partir de los tres meses de vida. Su cerebro va madurando y la glándula pineal incrementa la producción de melatonina, la hormona encargada de regular el sueño. Favorece que el bebé duerma más y mejor por la noche.

Aunque sea un proceso natural, es conveniente ayudarle por dos motivos. El primero es que puedes facilitar la creación de rutinas, algo clave para que el bebé entienda cuándo es momento de dormir, cuándo está despierto y cuándo debe volver a descansar. El segundo es que puedes reducir los obstáculos que dificultan esa diferenciación, ya que algunos bebés necesitan un poco de guía extra para no confundir el día con la noche.
En la práctica, esto se puede trabajar desde las siestas. Durante el día, es recomendable que se hagan en un entorno oscuro para favorecer el descanso, pero al despertar es importante reforzar la diferencia: abre las cortinas, deja entrar la luz natural y haz que el bebé perciba claramente que es momento de actividad. Incluso puedes favorecer un “despertar activo”, entrando con energía al cuarto, saludándolo con alegría y comenzando la interacción: jugar, hablar y retomar la actividad diaria.

Por la noche, en cambio, el enfoque debe ser el contrario. Cuando el bebé despierte, la idea es mantener el mínimo estímulo posible: alimentarlo sin generar demasiada interacción, hablarle en voz baja solo si es necesario y evitar estímulos innecesarios. Una luz tenue, como una roja, puede ayudar, sin activarlo demasiado.
Si hay que cambiar el pañal, es recomendable hacerlo de forma rápida y con la menor estimulación posible, y volver a acostarlo enseguida. El objetivo es claro: que el bebé asocie la noche con descanso y la actividad con el día, facilitando así su adaptación natural al ritmo circadiano.
La consultora de sueño infantil Sofía Sorrenti recomienda, a su vez a través de Instagram (@sofi.sorrenti), tener en cuenta otros factores. Aconseja introducir la exposición a la luz natural de forma constante (abrir ventanas y cortinas), añadir el factor de salidas al exterior como regulador del ritmo circadiano.
También aconseja incorporar la normalización del ruido doméstico, no solo la actividad, incluir una pauta de alimentación más estructurada, no pasar más de 3 horas sin comer. Además, si el bebé come mejor de día, se despierta menos de noche.
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