

























Descubre herramientas sencillas para crear un rincón de la calma en casa para que los niños aprendan a identificar y regular sus emociones
Publicado por María Machado
Periodista especializada en parenting, infancia y crianza
Creado: Actualizado:
Hay días en los que tu hijo se enfada porque el plátano se ha partido por la mitad, porque el calcetín pica o porque le has dado el vaso azul en vez del verde. Y aunque desde fuera pueda parecer exagerado, para ellos esas emociones son enormes, intensas y muy difíciles de gestionar. Es en estos momentos en los que estalla una rabieta enorme.
Por eso cada vez más familias están creando en casa un rincón de la calma. Se trata de un pequeño espacio pensado para ayudar a los niños a regularse emocionalmente cuando sienten rabia, frustración, tristeza o nervios. Y no, no tiene nada que ver con el famoso “rincón de pensar” de antes. Aquí no se castiga ni se aísla, sino que se dedica un tiempo y un lugar a identificar y validar las emociones infantiles.
El rincón de la calma es un espacio seguro y acogedor donde el niño puede regular sus emociones acompañado por un adulto o de forma independiente, cuando está preparado para ello. Se utiliza mucho en aulas de infantil y primaria, pero cada vez más familias lo están adaptando a casa porque funciona especialmente bien en momentos de rabietas, sobreestimulación o frustración.
La idea no es que el niño desaparezca allí hasta que deje de molestar. De hecho, el objetivo es justo el contrario: enseñarle herramientas para reconocer lo que le pasa y aprender a gestionarlo poco a poco.
No tiene que ser perfecto ni digno de Pinterest. Basta con un rincón tranquilo, algunos cojines y recursos que ayuden a canalizar emociones. Porque sí, hay días en los que un abrazo funciona y otros en los que hace falta además una pelota antiestrés, respirar como un dragón o gritar contra un cojín sin que nadie se escandalice.

¿Te faltan ideas para poner en tu rincón de la calma? Aquí van algunas que te podrían ayudar, si bien tienes que adaptarlas a la edad de tu hijo o hija, así como a sus gustos y necesidades.
Es uno de los recursos más útiles porque ayuda a los niños a poner nombre a lo que sienten. Puedes hacer un cartel sencillo con colores o caras que representen distintos niveles emocionales: tranquilo, enfadado, triste, frustrado, nervioso…
Muchos niños no saben explicar qué les pasa, pero sí pueden señalar una imagen sobre cómo se sienten. Esto les ayuda a tomar conciencia de lo que está pasando dentro de ellos pero también a identificar y nombrar dicha emoción.
Lo ideal es que el propio niño participe en la preparación de este cartel para que lo haga suyo y aprenda a utilizarlo.
Respirar profundo parece fácil... hasta que estás en plena rabieta. Por eso funcionan tan bien los apoyos visuales como este cartel de la respiración del arcoíris. Este es tan sencillo de preparar como dibujar un arcoíris, con sus siete colores, en un papel. Una vez más, es mejor que lo preparéis en familia.
El niño solo tiene que seguir con el dedo las líneas del dibujo mientras inhala y exhala lentamente. Convertir la respiración en un juego suele ser mucho más efectivo que decir el clásico “cálmate” (que normalmente tiene el mismo efecto que echar gasolina al fuego, ¿no crees?).
¿Has oído hablar de la esfera de Hoberman? Es una esfera que se expande y se contrae, y muchos profesionales la utilizan para acompañar ejercicios de respiración. Cuando la esfera se abre, el niño inspira. Cuando se cierra, expira. Además de relajante, tiene algo hipnótico.
Seguro que, de conocer este recurso, muchos adultos querrían tenerlo a mano.

La música puede ayudar muchísimo a regular el sistema nervioso. No hace falta complicarse demasiado. Basta con un pequeño altavoz o reproductor (mejor de los antiguos, para evitar pantallas) donde puedan escuchar canciones suaves, sonidos de lluvia o cuentos tranquilos.
Algunos niños conectan muy bien con las rutinas auditivas y tener “su música de calma” puede convertirse en una señal de seguridad.
Gestionar emociones no significa reprimirlas, todo lo contrario. Se trata de identificarlas y transitarlas (y, si se puede, aprender de ellas).
Por eso, tener cojines blanditos para apretar fuerte, abrazar o descargar tensión de forma segura ayuda mucho a algunos niños cuando sienten que van a entrar en berrinche. Y si necesitan gritar un poco ahí dentro… ¡adelante!
El contacto físico puede regular mucho. Por eso, un peluche blandito puede convertirse en un objeto de apoyo emocional que ayuda a los niños a sentirse seguros. Muchos niños buscan automáticamente acariciar algo suave cuando están nerviosos.
De ahí que pueda ser una herramienta muy útil a incluir en el rincón de la calma para evitar que las rabietas lleguen a explotar.
Los cuentos ayudan a que los niños entiendan emociones complejas desde la distancia de la historia. A partir de los personajes pueden enfrentarse a diferentes conflictos y aprender estrategias que pueden incorporar a su día a día.
Leer juntos después de un momento difícil suele funcionar muchísimo mejor que dar una charla en plena rabieta. Algunos cuentos muy conocidos trabajan la rabia, la frustración, los miedos o la tristeza de una manera muy visual y cercana.

Las botellas con purpurina, agua y colores ayudan a focalizar la atención y bajar revoluciones. También pueden servir pelotas antiestrés, pop-its (que están muy de moda) o juguetes manipulativos sencillos. A veces las manos necesitan hacer algo para que la cabeza pueda empezar a tranquilizarse.
Aunque este recurso se utiliza mucho en colegios, cada vez más especialistas recomiendan adaptarlo también al hogar. Según un trabajo de investigación publicado en la Universidad de Málaga sobre educación emocional y rincones de la calma en infancia, estos espacios ayudan a los niños a desarrollar habilidades de autorregulación, identificar emociones y encontrar estrategias seguras para gestionarlas.
Además, estos rincones favorecen un clima emocional más positivo y ayudan a prevenir explosiones emocionales más intensas porque el niño aprende poco a poco a reconocer las señales de desbordamiento antes de llegar al límite.
Es importante tener en cuenta que regularse es algo que se aprende acompañado. Los niños no nacen sabiendo gestionar la frustración. Lo aprenden a través del vínculo, de la repetición y de adultos que les ayudan a atravesar esas emociones sin miedo ni castigos. Y el rincón de la calma es un lugar genial para hacerlo.

Aquí está la clave que muchas veces se pasa por alto: el rincón de la calma no es un lugar al que mandar a los niños cuando están pesados para que se calmen.
La neuropedagoga La Profe Karol (laprofekarol en TikTok) ha compartido una publicación en sus redes sociales en la que insiste en que primero hay que enseñar a los niños cómo usar ese espacio. Y hacerlo acompañados. “No es él solito el que tiene que ir, sino que sos vos con él. Tenés que ir a acompañarlo, ir a enseñarle cómo se utilizan esas herramientas”.
También aclara algo fundamental: “Estas herramientas no son para enseñarlas en medio del desborde emocional. Ese no es el momento de enseñar, ese es el momento de practicar”.
Es decir, no sirve demasiado mandar al niño al rincón justo cuando está completamente desbordado y esperar que mágicamente se calme solo. Primero hay que practicar en momentos tranquilos: enseñarle cómo respirar, cómo usar el termómetro emocional o cómo pedir ayuda.
Con el tiempo, muchos niños terminan utilizando estas herramientas de forma autónoma y, poco a poco, empiezan a reconocer lo que sienten antes de explotar.
此内容由惯性聚合(RSS阅读器)自动聚合整理,仅供阅读参考。 原文来自 — 版权归原作者所有。