


























Poner normas no te convierte en el “malo”, sino en una figura clave para su desarrollo. Descubre por qué en palabras expertas.
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Existe la creencia de que cada padre adopta un papel diferente ante sus hijos. Mientras uno tiende a ser más flexible, otro suele percibirse como más estricto. Dicho de forma más informal, uno parece hacer de "poli bueno", otro de "poli malo". Este desequilibrio puede afectar al pequeño, sobre todo en el caso de que sus padres se separen.
Aunque a corto plazo puede parecer funcional, porque evita discusiones entre adultos o facilita la gestión del día a día, a largo plazo introduce un desequilibrio que el niño percibe rápidamente. No solo identifica quién pone los límites y quién los relaja, sino que adapta su comportamiento en función de ese reparto. Puede buscar al más permisivo para conseguir lo que quiere, o desarrollar rechazo hacia el más estricto, y más en caso de separación. ¿Pero cómo afrontar esta situación? ¿Es realmente problemático para el padre percibido como el "malo"?
Según explica la doctora Carmen Esteban, psicóloga especializada en infancia y adolescencia, en Instagram (@mipsicologainfantil), muchas personas que están separadas tienden a justificar una mayor permisividad con sus hijos. Bajo la idea de no querer ocupar el papel del “poli malo”, acaban cediendo en distintos ámbitos del día a día: permiten más dulces, compran más cosas de las necesarias, amplían el tiempo de pantallas o flexibilizan los límites a la hora de salir.
Detrás de estas decisiones suele estar la intención de compensar la situación familiar o de mantener un vínculo cercano, pero el mensaje implícito es claro: “Le dejo un poco más porque no quiero ser el poli malo”. Sin embargo, esta dinámica puede reforzar precisamente el desequilibrio que se intenta evitar, dificultando que el menor perciba coherencia y estabilidad en su educación.
Los niños y adolescentes necesitan normas claras y coherentes para crecer con seguridad. Y aunque esa consistencia no siempre se dé en ambas partes, sí puedes ofrecerla tú desde tu propio rol, recuerda la experta.
Marcar límites no implica ser el "poli malo". Al contrario, es una forma de acompañar, cuidar y orientar. Poner normas te convierte en una figura que aporta estabilidad y confianza. Cuando estableces límites firmes y consistentes, estás fomentando su autoestima, su sensación de seguridad y su desarrollo emocional, siempre que lo hagas desde el respeto y el cariño. No lo olvides: saber decir "no" también es una forma de ser un "poli bueno".
Tal y como también subraya la doctora Andrea Tabueña, psicóloga, vía Instagram (@psico.andreatapu), "los límites son necesarios. Sin ellos, no hay respeto ni aprendizaje. Aunque en el momento parezca que estamos siendo 'demasiado estrictos', la realidad es que la falta de reglas claras tiene consecuencias a largo plazo: frustración, ansiedad y falta de herramientas para la vida". Para la profesional, educar y querer también implica poner un límite claro: saber decir "hasta aquí". Es un gesto de valentía que, con el tiempo, los demás suelen reconocer y agradecer.
Por todo ello, si te sientes como el "poli malo", recuerda que solo estás actuando pensando en tu pequeño a largo plazo. Eso sí, como recuerdan los profesionales, siempre desde el amor y el cariño.
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