

























Descubre por qué no se recomienda enseñar a caminar al bebé sujetándole de las manos y con los brazos hacia arriba, aunque es lo más habitual
Publicado por María Machado
Periodista especializada en parenting, infancia y crianza
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Cuando un bebé empieza a ponerse de pie y a dar sus primeros pasos, hay un gesto que muchísimos padres hacen casi sin pensar: cogerle de las manos y levantarle los brazos para ayudarle a caminar. Parece algo natural, lo hemos visto mil veces e, incluso, beneficioso. Sin embargo, cada vez más especialistas alertan de que esta práctica puede interferir en el desarrollo natural del bebé.
La podóloga Neus Moya (@neusmoya.podologa) ha explicado en redes sociales por qué no recomienda enseñar a caminar así a los niños. “Sé que muchas veces se hace con buena intención. El peque quiere caminar, nos pide las manos y pensamos que le estamos ayudando”, explica. Pero añade que “pueden pasar varias cosas importantes”.
Estas son las cuatro razones principales por las que aconseja evitar este gesto tan común de enseñar a andar sujetándole por los brazos levantados.

Según Neus Moya, uno de los principales problemas es que el bebé puede acelerar procesos para los que todavía no está preparado. “Le estamos haciendo saltar aprendizajes previos y fases”, señala la especialista.
Antes de caminar solos, los bebés necesitan desarrollar otras habilidades fundamentales: gatear, desplazarse agarrándose a muebles, aprender a sentarse tras perder el equilibrio o descubrir cómo coordinar su cuerpo. Todo eso forma parte del desarrollo motor y les ayuda a ganar seguridad y estabilidad.
Por eso, muchos expertos insisten en que no hace falta enseñar a caminar a un bebé ni intentar adelantar este momento. Lo importante es ofrecerle tiempo, espacio y libertad para que vaya conquistando cada fase por sí mismo.

La segunda razón tiene que ver con la postura corporal que adopta el niño cuando un adulto lo lleva sujeto desde arriba. “Cuando lo llevamos con los brazos hacia arriba, le estamos enseñando una forma de caminar que no es real”, explica Neus Moya.
Cuando un bebé aprende a caminar solo, utiliza los brazos constantemente para equilibrarse, abrirlos hacia los lados, apoyarse o reaccionar ante una caída. Pero si tiene las manos ocupadas y elevadas, pierde parte de esa capacidad natural de compensación.
“Sus manos no están libres para equilibrarse, tocar el suelo, apoyarse o protegerse”, añade.
Para la podóloga, este es uno de los aspectos más importantes. “El peque camina tirando el cuerpo hacia delante, porque el adulto lo sostiene desde arriba”, explica. Como consecuencia, “su centro de gravedad se desplaza”.
Eso hace que las caídas sean diferentes. En lugar de dejarse caer sentado, el bebé suele precipitarse hacia delante. “La tendencia no es caerse sentado de culo, que suele ser una caída más natural y menos dolorosa, sino caer hacia delante, con la cabeza y la cara más expuestas”, advierte.
Además, puede ocurrir que el niño no reaccione a tiempo con las manos para protegerse. “Puede pasar que cuando este peque se cae, si está acostumbrado a caminar con los brazos hacia arriba, esas manos llegan tarde y el golpe lo recibe la cara”, señala.

Otro aspecto del que hablan muchos especialistas es que esta postura también puede favorecer la llamada marcha de puntillas.
Al ir sostenido desde arriba, algunos bebés tienden a estirar el cuerpo y apoyar más la parte delantera del pie, en lugar de realizar una pisada completa y natural. Esto puede hacer que se acostumbren temporalmente a caminar apoyando solo la punta de los pies.
Aunque caminar de puntillas puede formar parte del desarrollo normal en algunos momentos, los expertos recuerdan que no conviene fomentar posturas que alteren la biomecánica natural de la marcha.
Por eso, permitir que el bebé practique libremente en el suelo, descalzo y sin ayudas externas, suele favorecer una pisada más estable y un aprendizaje motor más fisiológico.
Los especialistas suelen recomendar crear entornos seguros donde el bebé pueda moverse libremente y practicar por sí mismo. Más que enseñar a caminar, la idea es acompañar el proceso respetando su ritmo natural.
Porque aprender a andar no consiste solo en avanzar. También implica desarrollar equilibrio, coordinación, reflejos de protección y confianza en el propio cuerpo.
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