























Cuando tu bebé esté llorando, puedes consolarle con estas frases y palabras de cariño. Te sentirá cerca y se irá calmando poco a poco
Publicado por María Machado
Periodista especializada en parenting, infancia y crianza
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Cuando un bebé llora, casi todos los padres reaccionamos de una forma muy similar: le acunamos y le hablamos con un tono cariñoso. Mientras tratamos de averiguar qué le ocurre, intentamos calmarle a través de una voz suave y pausada. Es curioso, porque sabemos que un recién nacido todavía no entiende el significado de esas palabras. Entonces, ¿sirve realmente de algo hablarle?
La respuesta es sí, aunque, efectivamente, no tiene nada que ver con el significado de las frases que le decimos. Lo que calma al bebé es escuchar una voz conocida, un tono suave, la cercanía, el contacto y la sensación de que alguien está respondiendo a su necesidad.
Eso es precisamente lo que recoge una revisión científica publicada en 2024 por la investigadora Bruzek JL y su equipo. Tras analizar numerosos estudios sobre el llanto infantil y la respuesta de los cuidadores, concluyen que el llanto está diseñado para llamar la atención del adulto y que responder de forma sensible y constante ayuda al bebé a sentirse seguro y favorece su regulación emocional.
No existen frases mágicas que hagan desaparecer el llanto al instante. Pero sí hay palabras que ayudan a crear un ambiente de calma y conexión, algo que el bebé sí es capaz de percibir desde sus primeros días de vida.

Durante los primeros meses, los bebés aún no comprenden el lenguaje como lo hacemos los adultos, pero sí reconocen voces, distinguen la entonación y reaccionan a la forma en que les hablamos.
Por eso, muchas veces no importa tanto qué decimos como cómo lo decimos. Una voz pausada, tranquila y afectuosa puede ayudar a rebajar la tensión del momento. Y también tiene otro efecto que a menudo pasa desapercibido: nos ayuda a nosotros mismos a bajar el ritmo.
Cuando un bebé llora, es fácil ponerse nervioso. Hablarle despacio obliga, de alguna manera, a respirar más hondo, a ir más despacio y a responder desde la calma. Y, aunque él no entienda las frases que le decimos, nosotros sí y, por tanto, nos ayudan a relajarnos.
Es probablemente la frase más sencilla y una de las que mejor resume lo que necesita un bebé cuando llora: sentir que no está solo.
Es uno de los sonidos que más intuitivamente hacemos cuando intentamos calmar a un bebé. Su repetición, junto con un balanceo suave o el contacto físico, crea un estímulo constante y predecible que puede ayudarle a relajarse. Además, recuerda a los sonidos continuos que escuchaba dentro del útero, por lo que a muchos bebés les resulta especialmente reconfortante.

Es otra expresión muy habitual cuando un bebé llora. Más que por su significado, funciona por el ritmo con el que solemos decirla. Repetida con una voz pausada y tranquila, transmite cercanía y acompaña al bebé mientras intentamos atender aquello que necesita.
Dicha con una voz serena, transmite calma. Los bebés son especialmente sensibles al estado emocional de quienes les cuidan, así que nuestra tranquilidad también les ayuda.
Escuchar la voz de su figura de referencia mientras le abrazan o le sostienen en brazos puede resultar muy reconfortante.
Dos palabras que acompañan perfectamente al contacto físico. A muchos bebés les tranquiliza sentir que alguien les sostiene con seguridad. Por eso, cuando nosotros repetimos esta frase, nos recordamos que estamos haciendo lo correcto (¡incluso cuando los brazos ya empiezan a cansarse por el peso del bebé!).
La nana de tu infancia, tu canción favorita, una canción infantil... Cualquiera de estas melodías, cantada bajito y con mucho cariño, puede ayudar a tu bebé a dejar de llorar. Pronto te darás cuenta de que la cantas, una y otra vez, de modo automático, sin tener que pensar en ella.
El bebé no va a imitar conscientemente tu respiración, pero si tú respiras más despacio mientras se lo dices, es probable que también disminuya tu nivel de tensión. Y esa calma se transmite.

Es una forma de recordar —también a uno mismo— que, aunque el llanto continúe unos minutos más, el bebé ya está recibiendo lo que más necesita: la presencia de un adulto disponible.
En realidad, esta frase suele ir más dirigida a los padres que al bebé. Los episodios de llanto intenso pueden hacerse largos, pero terminan pasando. Recordarlo ayuda a vivir ese momento con menos angustia.
Aunque todavía sea muy pequeño, escuchar su nombre pronunciado con cariño puede captar su atención y reforzar ese vínculo que se está construyendo desde los primeros días.
Si un bebé llora porque tiene hambre, sueño o le duele algo, ninguna frase va a resolver el problema por sí sola. Lo primero siempre será atender la causa que le está generando el malestar.
Las palabras son un complemento. Lo que realmente marca la diferencia es responder con cercanía, cogerle en brazos si lo necesita, hablarle con calma y hacerle sentir acompañado.
Durante mucho tiempo se creyó que acudir enseguida cuando un bebé lloraba podía "malacostumbrarlo". Sin embargo, la evidencia científica apunta en otra dirección. Responder de forma sensible no hace que el bebé llore más; al contrario, contribuye a que desarrolle un apego seguro y, poco a poco, aprenda a regular mejor sus emociones.
Al final, muchas de estas frases no tranquilizan porque el bebé entienda su significado, sino porque detrás de ellas hay algo mucho más importante: una voz familiar, unos brazos que le sostienen y la certeza de que, cuando necesita ayuda, siempre hay alguien que responde.
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