






















Cambios en el comportamiento, el estado de ánimo o el rendimiento escolar pueden ser señales de alerta que conviene atender a tiempo.
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Los más pequeños pueden tener dificultades a la hora de expresar lo que sienten. No cuentan con todas las herramientas emocionales para transmitirlo con palabras. Sin embargo, su malestar emocional suele manifestarse a través de cambios en la conducta, las rutinas diarias o la manera en que interactúan con su entorno y con las personas que los rodean. Por lo tanto, es posible detectarlo a tiempo e intervenir.
Identificar estas señales de manera temprana puede ser clave para brindarles el apoyo que necesitan. Algunas, aunque puedan parecer anecdóticas, son muy relevantes para actuar de forma eficaz. Descubre, en palabras expertas, las 10 más frecuentes que pueden indicar que un niño necesita apoyo psicológico.
La psicóloga Evangelina Ghe señala, vía Instagram (@evamamaypsicologa) que antes que nada, es fundamental tener en cuenta que la salud mental es tan importante como la salud física. Al igual que se consulta a un profesional cuando aparece un malestar físico, también es fundamental prestar atención a las señales emocionales y conductuales que pueden indicar que un niño está atravesando alguna dificultad.
En determinados casos, los propios pequeños, desbordados por sus sentimientos, pueden decir que necesitan ayuda o que les gustaría hablar con un profesional. Sin embargo, no siempre ocurre. Por lo tanto, como adultos, es importante observar ciertos cambios que pueden funcionar como indicadores de que algo no está bien, según la experta.
Algunas señales que pueden indicar la necesidad de una consulta incluyen cambios significativos en el comportamiento habitual, dificultades para dormir, miedos intensos o persistentes, problemas para relacionarse con pares, familiares o docentes, episodios frecuentes de angustia, irritabilidad o llanto, así como cambios en el apetito o en los hábitos alimentarios.
También es clave, según la profesional, prestar atención a un empeoramiento en el rendimiento escolar, dificultades para concentrarse, sentimientos de tristeza o desesperanza que se mantienen en el tiempo, pérdida de interés por actividades que antes disfrutaba, falta de motivación, apatía o cambios bruscos en el estado de ánimo.

En algunos casos, pueden surgir dificultades para gestionar emociones como la ira, la frustración o la ansiedad, así como una baja autoestima o comentarios negativos sobre sí mismo. Si el pequeño se denigra constantemente y no entra en razón en este sentido, puede ser una señal clave.
En todo caso, la presencia de una o varias de estas señales debe tomarse con cuidado. La profesional recuerda que son parámetros generales que ayudan a detectar problemas pero que requieren un diagnóstico añadido.
Cada niño es único y atraviesa sus propios procesos de desarrollo. Por lo tanto, si estas señales persisten en el tiempo, se amplifican y se van sumando cada vez más factores, es importante mantenerse alerta y consultar. La opinión de un psicólogo es fundamental para entender si se trata de una fase temporal o de un malestar más profundo que requiere un seguimiento.
La psicóloga Alejandra García aclara, vía Instagram (@alejandragarciapsicologia), la importancia de decir la verdad a un niño sobre la consulta. Según explica, no es recomendable mentirle ni disfrazar la situación con otras actividades como 'va a jugar' o 'ver a un médico'. Puede disparar la desconfianza o el miedo.
Según su edad, puedes explicarle que: "El psicólogo es alguien que te va a ayudar a entender lo que sientes, a hablar sobre lo que te preocupa, y a encontrar formas de sentirte mejor". Recomienda comentarlo con anticipación para que el pequeño lo procese, pueda hacer preguntas y no esté confuso el mismo día.
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