



























Desde las relaciones más armoniosas hasta las más conflictivas, cada vínculo responde a una dinámica diferente.
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Aunque cada familia sea distinta, algunos esquemas relacionales se repiten. En este sentido, la forma en que los hermanos interactúan suele seguir ciertos patrones que van más allá de las discusiones cotidianas o los momentos de complicidad. De hecho, existen perfiles de relación en función del grado de cooperación y oposición que existe entre ellos.
Afectan a un porcentaje más o menos importante según las estimaciones y son útiles para entender las dinámicas relacionales y saber cómo actuar ante determinadas situaciones. Además, ayudan a desmontar la idea de que una relación fraternal saludable está exenta de conflictos. Los analizamos en palabras expertas.
Según explica la psicóloga Héloïse Junier vía Intsagram (@heloisejunier_psy), la investigación en psicología del desarrollo permite distinguir cuatro grandes perfiles de relaciones entre hermanos, en función de su nivel de cooperación y oposición.
El contrastado es el primer perfil. En este caso, los hermanos están tan unidos como enfrentados. Cuentan con una alta cooperación pero también una gran oposición. Sus interacciones son intensas y están llenas de matices. Los momentos de complicidad, apoyo y cercanía conviven con discusiones y conflictos, en ocasiones, fuertes.
Representa aproximadamente el 65 % de las relaciones entre hermanos. En estas familias, los niños pueden pasar de colaborar y disfrutar juntos a enfrentarse por desacuerdos, manteniendo. Aun así, su vínculo emocional es sólido.
El segundo perfil es el consensuado. Se caracteriza por una alta cooperación y un bajo nivel de oposición entre hermanos. Las interacciones son en su mayoría positivas y están marcadas por los momentos compartidos, ayuda mutua y una convivencia armoniosa, con pocos conflictos o enfrentamientos. Es menos frecuente pero aun así representa aproximadamente al 21 % de las relaciones.

El tercer perfil, menos conflictivo, es el tranquilo. Se define por un bajo nivel tanto de cooperación como de oposición. Es decir, los hermanos apenas tienen conflictos, pero tampoco comparten una gran complicidad ni una relación especialmente cercana. Sus interacciones suelen ser limitadas y cada uno tiende a desarrollar su vida de forma bastante independiente.
Esta dinámica es frecuente cuando existe una diferencia de edad importante entre los hermanos. Reduce las oportunidades de juego, las pasiones comunes o las actividades compartidas. Según las estimaciones, alrededor del 5 % de las relaciones entre hermanos responden a este perfil.
Finalmente, despunta el tipo conflictivo, según señala la experta. Este perfil se caracteriza por una baja cooperación y un importante nivel de oposición entre hermanos. Sus interacciones están dominadas por las tensiones, las rivalidades frecuentes y una escasa complicidad. Hace muy difícil la construcción de un vínculo positivo y de apoyo mutuo.
Aunque los conflictos entre hermanos son habituales durante la infancia, en este caso ocupan un lugar predominante en la relación y apenas se compensan con momentos de cercanía o colaboración. Según las estimaciones, alrededor del 9 % de las relaciones presentan esta dinámica, que es la más problemática de todas.
Sea cual sea el tipo de relación de los hermanos, cabe recordar que ninguna relación es idónea. Las discusiones, los celos o las rivalidades forman parte del desarrollo normal de los niños. Es más: les pueden ayudar a desarrollar aptitudes que van más allá de la esfera familiar como la negociación, la empatía o la resolución de conflictos.
Por lo tanto, más que intentar eliminar cualquier enfrentamiento, el objetivo debe ser fomentar una convivencia sana y respetuosa. Como padre o madre, se puede contribuir a ello evitando las comparaciones entre hermanos, respetando la personalidad y las necesidades de cada uno y dedicando tiempo individual a cada uno de ellos.

Asimismo, es importante que puedan expresar sus emociones de forma adecuada y que sean capaces de resolver los desacuerdos mediante el diálogo. En los casos de relaciones conflictivas, los padres pueden actuar como mediadores. Es clave crear momentos de cooperación para fortalecer el vínculo y aumentar la complicidad de los hermanos.
Sea como sea, si los conflictos son muy frecuentes, intensos o generan un malestar constante en la familia, puede ser recomendable consultar con un profesional para analizar la situación y recibir orientación específica.
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