
























Un cuento para niños de unos 5 años sobre cómo tolerar la frustración cuando algo no sale a la primera. ¡Protagonizado por un dragón enfadado!
Publicado por María Machado
Periodista especializada en parenting, infancia y crianza
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Hay niños que se frustran muchísimo cuando algo no les sale bien. Si una torre se cae, si un dibujo no queda perfecto a la primera o si pierden en un juego, reaccionan con una intensidad enorme: gritan, lloran, tiran cosas o se enfadan tanto que parece imposible calmarlos. Y aunque desde nuestros ojos de adulto pueda parecer “una tontería”, para ellos no lo es. Su cerebro todavía está aprendiendo a gestionar emociones tan grandes como la frustración.
Por eso los cuentos pueden convertirse en una herramienta muy útil, porque permiten que los niños se vean reflejados en un personaje sin sentirse juzgados. Comparte con tu hijo este cuento protagonizado por un dragón enfadado, ideal para niños de unos 5 años.
Había una vez un pequeño dragón llamado Toni que quería que todo le saliera bien a la primera.
Pero había un problema: cada vez que algo no le salía... ¡se enfadaba muchísimo! Y cuando Toni se enfadaba, sin querer, le salía fuego por la boca.
Un día estaba construyendo una torre enorme con bloques. La torre era altísima, pero justo cuando iba a colocar la última pieza... ¡PUM! La torre se cayó.
—¡¡NOOOOO!! —rugió Toni.
Y entonces… ¡FUUUUSSS! Una llamarada salió de su boca y quemó todos los bloques de madera. Toni se quedó mirando las cenizas, muy triste.
Otro día intentó hacer una cometa de colores. Pero el papel se rompió un poquito.
—¡Siempre me sale mal! —gritó.
Y otra vez... ¡FUUUUSSS! El fuego quemó la cometa entera. Toni empezó a llorar.
—Siempre lo estropeo todo cuando me enfado...

Entonces su amiga Rita, la tortuga, se sentó a su lado.
—A veces las cosas no salen a la primera —le dijo despacito—. Pero si te enfadas tan fuerte como para escupir fuego, al final te quedas sin juguetes… y sin poder volver a intentarlo.
Toni pensó en sus bloques y en su cometa. Y se dio cuenta de que Rita tenía razón.
Al día siguiente, Toni estaba haciendo un dibujo para su mamá cuando, de repente, se le rompió la punta del lápiz azul con el que estaba coloreando el cielo. Justo en ese momento, Toni, que estaba muy enfadado, notó cómo el fuego quería salir por su garganta.
Pero esta vez paró. Respiró hondo. Una vez. Y otra.
—No pasa nada... puedo repetirlo —dijo despacito.
Y ¿sabéis qué? Esta vez no salió fuego. Solo una pequeña sonrisa. Y poco a poco, Toni descubrió que las cosas salen mucho mejor cuando uno se calma y vuelve a intentarlo.

Una de las mejores formas de ayudar a un niño pequeño a gestionar la frustración es practicar en momentos tranquilos, no solo cuando ya está desbordado. Estas actividades inspiradas en el cuento pueden ayudar mucho.
Podéis dibujar juntos un dragón y pegar tiras de papel rojo, naranja y amarillo saliendo de su boca. Después, hablad sobre qué cosas hacen aparecer ese fuego: perder, esperar, equivocarse, romper algo... y qué emoción provocan todas esas situaciones.
Trata de reflexionar junto a tu hijo o hija qué señales siente en su cuerpo cuando se enfada: mucho calor en la cara, algo que sube de la barriga a la garganta, ganas de gritar... La idea no es evitar el enfado, sino aprender a reconocerlo antes de “quemarlo todo”.

Igual que hace Toni en el cuento, enseñad al niño a parar y respirar despacio. Si conseguís convertirlo en un juego, tu hijo estará mucho más abierto a probar este tipo de respiración y, lo que es mejor, incorporarla a su día a día.
Solo tenéís que inspirar por la nariz lentamente y luego soltar el aire muy flojito pero muy largo “para que no salga fuego”.
Cuando se practica jugando, es más fácil que luego puedan usarlo en un momento real de frustración.
Haced torres de bloques, puzzles o juegos donde sea normal equivocarse. Cuando algo salga mal, podéis verbalizar con calma: “No pasa nada, lo intentamos otra vez”, “A veces cuesta aprender”, “Equivocarse forma parte del juego”.
Los niños aprenden muchísimo más de cómo reaccionamos nosotros que de los discursos largos.

Muchos niños con baja tolerancia a la frustración no son caprichosos ni malcriados. Simplemente sienten las emociones de forma muy intensa y todavía no tienen herramientas para gestionarlas.
Además, entre los 4 y los 5 años es completamente normal que quieran hacerlo todo solos, les cueste esperar, se enfaden cuando algo no sale como imaginaban y vivan los errores como algo enorme.
A esto se suma que algunos niños son más sensibles, perfeccionistas o impulsivos que otros.
Por eso necesitan acompañamiento, práctica y adultos que les ayuden a poner palabras a lo que sienten. En todo esto, la educación emocional tiene una gran importancia.

Entonces, ¿qué podemos hacer los padres para educar a los niños en la frustración?
1. Evita frases como “no es para tanto”. Aunque la situación parezca pequeña, la emoción es real para el niño. Validar no significa darle la razón en todo, sino ayudarle a sentirse comprendido.
2. No intentes razonar en pleno enfado. Cuando están desbordados, no pueden razonar. Primero necesitan calma y conexión; las explicaciones pueden venir después.
3. Enséñale que equivocarse es normal. A veces, sin querer, los adultos transmitimos demasiada presión con frases como: “Tú puedes”, “Hazlo bien”, “Venga, si es facilísimo”. Es mejor normalizar el error y mostrar que aprender lleva tiempo.
4. Sé ejemplo de calma. Ellos observan constantemente cómo reaccionamos nosotros cuando algo sale mal. Si gritamos, explotamos o perdemos el control, aprenderán que esa es la forma de gestionar la frustración.
5. Celebra el esfuerzo, no solo el resultado. En vez de centrarse únicamente en si algo salió bien, ayuda mucho reconocer frases como: “Has seguido intentándolo”, “Hoy no te rendiste”, “Paraste para respirar”.
Porque aprender a tolerar la frustración no significa dejar de enfadarse. Significa aprender que el enfado no tiene por qué quemarlo todo.
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