




























La reflexión viral de una madre que intenta no maquillarse delante de su hija abre un debate sobre autoestima e imagen corporal
Publicado por María Machado
Periodista especializada en parenting, infancia y crianza
Creado: Actualizado:
“No quiero que mi hija me vea maquillarme”. Con esa frase tan directa comienza el vídeo de Rocío Gutiérrez Ayala (@rogayala) que se ha vuelto viral en redes sociales y que ha abierto un debate enorme entre madres, padres y educadores. Cuando su hija cumplió un año, la creadora de contenido decidió intentar no maquillarse delante de ella para evitar que normalice la idea de que una mujer necesita arreglarse antes de salir de casa. Considera que es una postura muy conveniente para proteger a su pequeña de la presión estética, pero al mismo tiempo se pregunta si no será una elección de "madre moderna" que le va a costar sostener...
Su reflexión ha conectado con miles de personas precisamente porque habla de algo muy cotidiano. Muchas mujeres crecieron viendo cómo maquillarse era casi un paso obligatorio antes de salir, trabajar o incluso recibir visitas. Y ahora, al convertirse en madres, algunas empiezan a preguntarse qué mensajes transmiten sin darse cuenta a sus hijos.
En el vídeo, Rocío lo explica con total sinceridad: “No quiero que ella se críe viendo a su madre todos los días maquillarse antes de salir de casa. No quiero que lo normalice, no quiero que piense que es lo normal”.

La influencer aclara que no está en contra del maquillaje ni pretende prohibirlo en casa, ya que reconoce que si algún día tiene que maquillarse delante de su hija, lo hará. Pero intenta evitarlo siempre que puede porque quiere que la pequeña crezca viendo la estética femenina desde un lugar más natural y menos asociado a la obligación.
“Aunque yo haya crecido con esa sensación de que una mujer tiene que maquillarse antes de salir de casa, quizá es algo que le puedo ahorrar a ella”, explica en el vídeo (que puedes ver un poco más abajo).
Lo interesante de esta reflexión es que va mucho más allá del maquillaje. En realidad, habla de cómo los niños aprenden observando constantemente a los adultos. Durante los primeros años de vida, los hijos absorben rutinas, comentarios y gestos cotidianos que terminan construyendo su idea sobre el cuerpo, la belleza y la autoestima.
Por eso, los padres y las madres debemos reflexionar sobre qué tipo de mensajes les estamos lanzando a nuestros hijos, tanto de forma consciente como inconsciente, con nuestros actos y nuestras palabras.
Cuando una niña escucha frases como “qué mala cara tengo”, “tengo que taparme estas arrugas” o ve que arreglarse y maquillarse es una obligación diaria ligada a verse “aceptable”, puede acabar asociando el maquillaje con algo imprescindible y no simplemente opcional o divertido.
Precisamente eso es lo que Rocío quiere evitar para que su hija no se sienta insegura si no se maquilla.

Los niños no solo observan lo que hacemos, sino también cómo hablamos de nosotros mismos. Si una hija percibe que el estado de ánimo de su madre cambia dependiendo de cómo se ve físicamente, puede empezar a relacionar autoestima y apariencia desde muy pequeña.
Por eso muchas familias están intentando revisar pequeños hábitos cotidianos relacionados con la imagen física. No desde la culpa ni desde la perfección, sino desde la conciencia.
La reflexión de Rocío también plantea que una niña puede crecer entendiendo que maquillarse es una elección puntual que tomamos por nosotras (no por los demás). “Me gustaría que fuese capaz de ver el maquillaje simplemente como algo ocasional y que hace porque le apetece, no porque ella se ve mal”, afirma.
Esa diferencia aparentemente pequeña cambia por completo el mensaje que recibe un niño sobre la relación con el cuerpo y la apariencia.
La gran pregunta que ha surgido en redes es inevitable: ¿de verdad puede influir tanto un gesto tan sencillo y habitual como puede ser maquillarse? Y la respuesta no es tan simple.
Los expertos en desarrollo infantil suelen recordar que los niños no aprenden únicamente de lo que les decimos, sino también de lo que ven repetido cada día. Sin embargo, eso no significa que maquillarse delante de los hijos sea perjudicial. El contexto y el mensaje emocional que acompaña a esa acción es lo verdaderamente importante.
No es lo mismo maquillarse porque apetece, como una forma de expresión o juego, que hacerlo desde la necesidad constante de esconder el propio rostro o corregir supuestos defectos. Es en estos casos en los que merece la pena pararse y reflexionar sobre qué tipo de autoestima estamos construyendo.
En el caso de Rocío, la decisión nace precisamente de ahí. Ella misma reconoce que sabe que la adolescencia y el entorno social tendrán muchísimo peso más adelante. “Soy muy consciente de que las ganas de maquillarse muchas veces se desarrollan en la adolescencia y puede tener mucho más que ver con sus amigas que conmigo”, comenta.
Pero aun así considera importante actuar en la parte que sí depende de ella como madre. “En la parte que me toca, prefiero mover ficha”, afirma.

La reflexión de Rocío también conecta con algo que cada vez preocupa más a psicólogos y especialistas en adolescencia: cómo influyen los modelos estéticos que ven las niñas desde pequeñas en la construcción de su autoestima y su relación con el cuerpo.
Un estudio publicado en la Revista Internacional de Ciencias Sociales y Humanidades destaca que la presión social relacionada con la apariencia femenina puede empezar mucho antes de la adolescencia y que los menores aprenden gran parte de esos mensajes observando a los adultos y el entorno que les rodea.
Además, una revisión científica reciente publicada en Enfermería Global sobre redes sociales e imagen corporal en adolescentes concluyó que la exposición constante a modelos estéticos idealizados favorece la comparación social, la autocrítica y una menor satisfacción corporal, especialmente entre las chicas. El estudio señala que Instagram es una de las plataformas con mayor impacto negativo sobre la autoimagen de las adolescentes y recuerda que muchas jóvenes terminan asociando su valor personal con su apariencia física.
Precisamente por eso, algunos expertos insisten en la importancia de ofrecer referentes cotidianos más diversos y naturales desde la infancia. No se trata de demonizar el maquillaje ni la estética, sino de evitar que las niñas crezcan creyendo que verse “arreglada” es una obligación para sentirse válidas o aceptadas.
Y probablemente ahí esté el verdadero motivo por el que el vídeo se ha hecho tan viral: porque muchas madres se han visto reflejadas en una pregunta incómoda pero necesaria: ¿qué aprenden los hijos, sin que nos demos cuenta, de las pequeñas rutinas que ven cada día en casa?
此内容由惯性聚合(RSS阅读器)自动聚合整理,仅供阅读参考。 原文来自 — 版权归原作者所有。