






















Qué tener en cuenta antes de dar el “sí” y cómo acompañar esta primera experiencia de independencia.
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Llega el verano, la temporada de vacaciones por excelencia. Si bien suele suponer, para muchas familias, unas semanas de deleite compartida, para algunos adolescentes, también puede ser sinónimo de libertad y exploración. No son pocos los que expresan su deseo de irse con sus amigos en estas fechas y pasar unos días de manera autónoma.
Aunque pueda dar vértigo, sobre todo la primera vez, es posible afrontar este momento con la máxima serenidad y paz. La confianza y la planificación son dos claves que no se deben pasar por alto. Descubre cómo llevar bien esta situación.
Antes de que se vaya de vacaciones tu adolescente, es fundamental valorar si cuenta con la autonomía suficiente. Los últimos meses de curso pueden servir de referencia y ser un punto de partida para valorar si realmente está preparado para irse. Si ha demostrado cierta inestabilidad, puede que no sea el mejor momento para que se vaya sin supervisión, aunque esté con sus amigos.
Si crees que puede irse de forma autónoma, es clave valorar todas las condiciones de las vacaciones. Debes saber por supuesto adónde se irá, con quién, en qué condiciones y durante cuánto tiempo. Todas estas informaciones son fundamentales por un tema de seguridad.
En este sentido, es también indispensable establecer límites. El adolescente debe entender que es una decisión parental, que no ha tomado solo, sino bajo el visto bueno de sus padres. Es menor por lo que la responsabilidad sigue siendo adulta. Por ejemplo, se pueden fijar algunas condiciones como el envío de un mensaje a primera y a última hora del día para asegurarse de que está bien y una llamada cada dos días. Aunque pueda resultar tedioso para él, es una manera de asegurarse de que está bien y de que se sienta acompañado desde la distancia.

Antes de que se vaya, también es clave mantener una conversación sobre posibles riesgos. La adolescencia es una etapa de experimentación por lo que resulta fundamental abordar temas como el alcohol, el sexo o las drogas de forma serena y abierta, incluso si el joven parece rechazarlas.
Finalmente, cabe recordar que esta decisión se basa en la confianza. Tanto el adolescente como sus padres deben tener la certeza de que existe una comunicación abierta, responsabilidad y capacidad para actuar con prudencia ante cualquier situación. Más allá de la edad, lo verdaderamente importante es valorar el grado de madurez del menor, su autonomía y su habilidad para tomar decisiones adecuadas lejos de casa.
Por supuesto, el adolescente debe saber que puede llamar a sus padres o pedir ayuda en cualquier momento, sin miedo a sentirse juzgados o a "meterse en problemas". Mantener esa puerta abierta a la comunicación es clave ante situaciones inesperadas o de riesgo.
Asimismo, transmitirles que pedir ayuda a tiempo es una muestra de responsabilidad favorece que actúen con mayor seguridad y confianza. Al final, más que evitar cualquier imprevisto, se trata de que sepan cómo reaccionar, a quién acudir y que cuentan con el apoyo de los adultos incluso en la distancia. A su regreso, no es aconsejable culparlos, sino entender los motivos de lo que ha pasado y acompañarlos frente a ello.
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