















¿Y es bueno? Esta pregunta es muy común y bienintencionada pero tiene un trasfondo injusto para los bebés, ya que ninguno de ellos es malo
Publicado por María Machado
Periodista especializada en parenting, infancia y crianza
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Hay una pregunta que aparece casi automáticamente cuando alguien ve a un recién nacido. Da igual que sea en el ascensor, en el supermercado o mientras paseas con el carrito por la calle. Después del “qué pequeñito” o “qué bonito”, suele llegar siempre la misma pregunta: ¿Y es bueno?
La mayoría de las veces se dice con cariño, sin mala intención. Pero detrás de estas palabras hay algo mucho más profundo de lo que parece. Porque, cuando la gente pregunta si un bebé “es bueno”, en realidad no está hablando de si es cariñoso, sensible o tranquilo. Lo que quieren saber es si duerme del tirón, si llora poco, si “da guerra” o si deja descansar a sus padres.
Y ahí está el problema. Porque todos los bebés son buenos; no hay bebés malos. Hay bebés que lloran más, que necesitan más contacto, que duermen peor o que atraviesan etapas más intensas. Pero todo ello es normal y, por tanto, no son malos, simplemente son bebés. Y, si aún sigo sin convencerte, revisa las siguientes razones.

Un bebé no puede decir que tiene hambre, sueño, frío o miedo. Tampoco puede explicar que necesita contacto, que algo le incomoda o que se siente sobreestimulado. Por eso llora; es su forma de comunicarse.
El llanto no es manipulación ni capricho. Es una herramienta de supervivencia. De hecho, los bebés nacen biológicamente preparados para reclamar cercanía y atención cuando la necesitan a través de los lloros.
Sin embargo, todavía hay familias que sienten culpa cuando su hijo llora mucho porque reciben comentarios como “se está acostumbrando a los brazos” o “te tiene tomada la medida”. Pero un recién nacido no tiene la madurez cerebral necesaria para manipular. Solo está expresando una necesidad.
Muchos bebés solo consiguen dormirse encima de alguien. Otros se despiertan en cuanto los dejan en la cuna. Algunos necesitan sentir contacto constante para relajarse. Y todo ello es normal.
Durante nueve meses han vivido en movimiento, escuchando latidos, respirando dentro del cuerpo de su madre y sintiendo su calor constante. Pasar de repente a dormir solos y separados no siempre resulta fácil. Por eso tantos bebés buscan brazos continuamente durante los primeros meses.
No lo hacen para “malcriarse”, sino porque el contacto les ayuda a regularse, a sentirse seguros y a calmar su sistema nervioso.

Existe la idea de que un bebé “bueno” es aquel que duerme del tirón desde muy pequeño. Y cuando eso no ocurre, muchas madres sienten que algo falla. Sin embargo, se nos olvida que el sueño infantil no funciona igual que el de los adultos.
Los despertares frecuentes son habituales durante los primeros años de vida. Algunos bebés tienen un sueño muy ligero, otros necesitan comprobar constantemente que sus figuras de apego siguen cerca y otros atraviesan etapas de mayor sensibilidad.
Pero lo importante es tener en cuenta que dormir poco no convierte a un bebé en problemático. Simplemente significa que su desarrollo y sus necesidades son diferentes. De hecho, comparar constantemente el sueño de unos bebés con otros suele generar muchísima frustración en las familias.
Aunque parezca una frase inocente, decir continuamente que un bebé es “muy bueno” porque casi no llora o porque aguanta solo durante horas transmite que el bebé ideal es el que menos molesta.
Y eso puede afectar incluso a la forma en la que vemos las emociones infantiles.
Sin darnos cuenta, acabamos premiando a los niños que reprimen necesidades, aguantan más o protestan menos. Mientras tanto, los bebés más sensibles, demandantes o intensos suelen recibir etiquetas negativas desde muy pequeños. Pero ningún bebé ni niño debería sentir que necesita incomodar menos para recibir cariño o aprobación.
Además, estas etiquetas generan una gran presión en los padres, que inconscientemente parecen competir para que su hijo sea el que menos llora o mejor duerme. De repente, el descanso del bebé parece convertirse en una especie de examen constante para los padres. Si duerme ocho horas seguidas, “enhorabuena”. Si se despierta varias veces por la noche, aparecen los consejos, las comparaciones y las frases incómodas.
Y con ello, la culpa por no estar criando a un bebé "bueno". Hay madres que, después de escuchar varias veces aquello de “qué bueno es”, empiezan a sentir que si su bebé llora mucho, duerme mal o necesita brazos constantemente, entonces están haciendo algo mal.

Hay bebés más tranquilos y otros más intensos. Algunos toleran mejor los estímulos y otros necesitan muchísimo contacto físico para regularse. Algunos duermen profundamente y otros se despiertan constantemente buscando seguridad. Y todo eso entra dentro de la normalidad.
Porque cada niño tiene unas necesidades diferentes y, una vez más, tener una u otra no le hace mejor o peor bebé.
Tal vez el verdadero problema es que durante años se ha esperado que los bebés se adapten demasiado rápido al ritmo de los adultos. Que duerman cuando queremos, que lloren poco, que molesten poco y que aprendan pronto a estar solos.
Pero los bebés no vienen al mundo preparados para eso, sino que tienen necesidades que requieren cuidados, contacto y atención constante.
Por eso, la próxima vez que alguien pregunte si un bebé “es bueno”, quizá la respuesta más acertada sea la más sencilla de todas: “Claro que sí. Es un bebé”.
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