






















El neuropsicólogo recupera un conocido estudio que identifica los hábitos parentales más relacionados con el bienestar y el desarrollo infantil.
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¿Qué significa ser un buen padre o una buena madre? Es una pregunta que muchos se pueden hacer en diferentes etapas de la crianza. El miedo, la inseguridad o incluso la ansiedad de hacerlo "mal" puede persistir por diferentes motivos. Aunque no existe una fórmula universal para educar a los hijos ni una manera perfecta de ejercer la maternidad o la paternidad, algunos factores pueden influir.
La calidad del vínculo, la capacidad de brindar apoyo emocional y la disposición para aprender de los errores... son algunos de ellos. ¿Pero son realmente suficientes? Analizamos, en palabras expertas, qué puede realmente marcar la diferencia en la crianza.
Para responder a la eterna pregunta sobre qué hace que una persona sea un buen padre o una buena madre, el neuropsicólogo Álvaro Bilbao ha recuperado en su perfil de Instagram (@soyalvarobilbao) una investigación publicada en 2010 por el psicólogo Robert Epstein.
Aunque el experto reconoce que el estudio cuenta con ciertas limitaciones metodológicas, tuvo un gran impacto en las ideas sobre la crianza y los factores que más influyen en el bienestar de los hijos.
Según esta investigación, una de las características más importantes de los padres es su capacidad para mostrar afecto. Ser cariñoso, dedicar tiempo de calidad a los hijos, escucharles con atención y hacerles sentir queridos constituye el pilar fundamental de una relación segura y saludable. No se trata únicamente de decir "te quiero", sino de estar presentes emocionalmente y de dedicarles el tiempo que se merecen.

Otro aspecto clave es la forma en que, como padres, se gestiona el estrés y las emociones difíciles. Los niños aprenden observando, por lo que la manera en que sus progenitores reaccionan ante los problemas, la frustración o la presión cotidiana se convierte en un modelo de comportamiento. Por ello, mantener la calma, relativizar los contratiempos y afrontar los conflictos de manera constructiva les enseña habilidades emocionales clave.
El experto también destaca la importancia de la relación entre los progenitores. Aunque no estén siempre de acuerdo o ni siquiera que convivan bajo el mismo techo, es fundamental que sepan resolver sus diferencias con respeto, empatía y comprensión. Un ambiente familiar libre de hostilidad da a los niños una mayor sensación de seguridad y les ayudará, a largo plazo, a gestionar mejor sus relaciones.
La autonomía es otro de los ingredientes esenciales de una crianza positiva. Es fundamental evitar sobreprotegerlos y acompañarlos en su proceso de aprendizaje. Permitir que se equivoquen, que afronten pequeños retos y que busquen soluciones por sí mismos favorece su independencia, fortalece su autoestima y les prepara para su propio futuro.

Por último, según explica el experto, Epstein insistió en la importancia de fomentar la curiosidad y el interés por aprender. Es clave hacerse preguntas e investigar en familia, buscar respuestas juntos y mantener vivo el deseo de explorar el mundo. Permite a los más pequeños aprender y ser resolutivos, además de fortalecer el vínculo familiar.
En conjunto, estas cinco prácticas señalan un hecho clave: ser un buen padre o una buena madre no consiste en ser perfecto en todo momento, sino en construir una relación llena de cariño, respeto, ejemplo y confianza.
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