




















No es que los niños se aburran rápido… es que muchos juguetes se quedan sin recorrido demasiado pronto. Más de 100 padres revelan cuáles son los juguetes que sus hijos siguen usando año tras año.
Creado: Actualizado:
Sabemos que el juego es un asunto serio para los niños, así que los padres nos lo tomamos con la misma seriedad. Nos esforzamos por elegir los juguetes más didácticos y educativos, sin olvidar las versiones más tecnológicas con luces y sonidos que parecen especialmente diseñadas para estimular todas las áreas del desarrollo infantil.
La intención es buena, pero con el paso del tiempo muchos padres descubren que esos juguetes tan sofisticados suelen quedarse acumulando polvo en un rincón porque los niños pierden el interés rápidamente. Sin embargo, hay otros juguetes de los que no se cansan y que los acompañan mientras crecen.
Cuando se observa lo que eligen espontáneamente los niños en su día a día (no lo que los adultos compramos con intención educativa) aparecen patrones muy claros. No se decantan por juguetes llamativos ni especialmente complejos, sino por aquellos que les permiten explorar. De hecho, muchos padres reconocen que los juguetes que más usan sus hijos son:
Son, con diferencia, los favoritos de los peques. Su éxito se debe a las formas de juego casi ilimitadas que ofrecen. No tienen manual de instrucciones ni conducen a un resultado único, lo que hace que el juego nunca se agote. Los niños pueden construir mil estructuras diferentes, deshacerlas y volver a empezar divirtiéndose en el proceso.
Además, se adaptan fácilmente a las distintas etapas del desarrollo ya que la forma en que los usa un niño a los tres años diferirá sustancialmente de cómo los incluye en el juego a los seis o siete años. Básicamente, su atractivo reside en que siempre ofrecen una nueva posibilidad.
Otros de los juguetes omnipresentes son las figuras sencillas: animales, muñecos o personajes sin funciones electrónicas. A primera vista pueden parecer juguetes limitados, pero su valor reside en el tipo de juego que estimulan porque los niños no los usan como meros objetos, sino que los convierten en protagonistas de sus historias.
Un león puede ser el rey de la selva, pero en la imaginación infantil también puede ser el protector de la familia. Un muñeco puede actuar como médico, ser el papá o convertirse en Indiana Jones. Los niños pueden proyectar su mundo interior en este tipo de juguetes, creando mundos alternativos potencialmente infinitos, por lo que son un soporte inestimable para la creatividad y la fantasía.
La plastilina es uno de los materiales que más utilizan los niños. Su atractivo radica en la experiencia de juego que proporciona ya que es un material que responde directamente a la acción de los peques: se aplasta, se moldea, se estira y se transforma sin resistencia. Esto proporciona una sensación constante de control y exploración.
Además, al igual que ocurre con los bloques de construcción, su uso va evolucionando con la edad. Al principio es pura manipulación sensorial, pero con el tiempo se transforma en un material extremadamente versátil que permite crear objetos, muñecos e incluso escenas que sirvan de base para juegos más elaborados.

Los padres coinciden en que los coches y camiones básicos son otros de los juguetes que más utilizan sus hijos. Su atractivo no reside en la tecnología, sino en la repetición del movimiento y su capacidad para integrarse en las historias.
Cuando el niño es pequeño, disfruta manipulando el coche y moviéndolo por toda la casa, pero cuando crece lo usa para transportar otros objetos o lo incluye en escenas de juego más complejas. De hecho, los padres han notado que cuanto más simples y pequeños son los vehículos, más acompañan a los niños porque pueden usarlos de manera más flexible.
Uno de los hallazgos que más sorprendió a los padres es que sus hijos “podían pasarse horas jugando con objetos cotidianos, como cajas de cartón, recipientes, piedras o palos”, lo que en Psicología se conoce como loose parts.
Estos objetos tienen una característica en común: no dictan cómo deben usarse. Una caja puede ser una casa, un coche o un escondite y una piedra puede ser un personaje de una historia o un instrumento. Desde la perspectiva infantil, estos objetos son tan interesantes porque no tienen límites incorporados.

Más allá de las diferencias entre un bloque de lego y un muñeco, estos juguetes comparten algunas características que debemos tener presentes.
En primer lugar, son juguetes desestructurados, lo que significa que activan el juego libre. Al tener múltiples usos y significados, los niños pueden incorporarlos en diferentes escenarios y juegos. No tienen que seguir instrucciones para usarlos, sino que van inventando sobre la marcha, interactuando con ellos de forma creativa. Como afirma uno de los padres: “ninguno de esos juguetes les dice qué hacer”.
En segundo lugar, estos juguetes evolucionan con el niño. No se quedan obsoletos cuando el niño crece, sino que puede reinterpretarlos y darle otros usos en el juego. Lo que a los dos años tiene una función de exploración sensorial, a los cinco puede insertarse en historias complejas. El juguete es el mismo, pero su uso se actualiza a las nuevas habilidades. De hecho, una de las madres reconoce que ahora su hijo “los usa de manera completamente diferente que cuando tenía dos años”.
En tercer y último lugar, todos estos juguetes comparten algo esencial: invitan a la acción. El niño no es un espectador pasivo, como ocurre con muchos de los juguetes tecnológicos, sino que se convierte en un agente que decide, transforma y experimenta. No observa cómo funciona algo ni se limita a seguir instrucciones, sino que interviene directamente construyendo el juego a cada paso.
Por tanto, los padres coinciden en que los mejores juguetes no son los más caros ni complejos, sino precisamente los más sencillos, esos que vienen sin manual de instrucciones, pero que abren la puerta a la imaginación infantil, acompañándolos a lo largo de su desarrollo.
此内容由惯性聚合(RSS阅读器)自动聚合整理,仅供阅读参考。 原文来自 — 版权归原作者所有。