



























Cuando un hijo dice “nadie me entiende”, muchas veces no necesita soluciones, sino sentirse escuchado. Estas frases ayudan a expresar lo que siente.
Publicado por María Machado
Periodista especializada en parenting, infancia y crianza
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Hay frases que a los padres les encogen el pecho. “No me quiere nadie”, “déjame solo” o ese doloroso “nadie me entiende” que muchos niños y adolescentes pronuncian alguna vez entre lágrimas, enfado o frustración. Y aunque desde fuera pueda parecer exagerado, para ellos esa emoción es completamente real.
Casi siempre ocurre cuando papá o mamá les ponen algún tipo de límite o tienen una discusión. Pero, en otras ocasiones, pueden decirlas tras un mal día en el colegio o una pelea con amigos o simplemente porque sienten que nadie comprende lo que les pasa por dentro. Y ahí aparece una de las situaciones más difíciles de la crianza: el deseo de ayudar a tu hijo… pero no saber exactamente qué decir.
Muchos padres reaccionan con frases automáticas como “claro que te entendemos”, “no es para tanto” o “ya se te pasará”. Lo hacen con buena intención, intentando tranquilizar. Pero hay momentos en los que los niños no necesitan soluciones rápidas: necesitan sentir que alguien les escucha y valida lo que sienten.
Aunque esta frase de "nadie me entiende" suele aparecer mucho en la preadolescencia y adolescencia —etapas en las que buscan identidad propia y se sienten emocionalmente más intensos—, también puede sorprendernos en niños más pequeños.
A partir de los 7 u 8 años, muchos niños ya son capaces de notar diferencias entre lo que sienten y lo que los adultos esperan de ellos. Y cuando sienten frustración, vergüenza, rabia o tristeza, pueden vivir esas emociones con la sensación de estar solos.
En la adolescencia, además, hay varios factores que intensifican esa percepción:
Y sí: aunque a veces respondan mal o se encierren, la mayoría sigue necesitando muchísimo apoyo emocional de sus padres.

Ante esta frase, no hay una respuesta perfecta. De hecho, muchas veces lo más importante no es resolver el problema, sino transmitirle a tu hijo que estás a su lado y que tiene todo tu apoyo.
Estas son algunas respuestas que pueden ayudar mucho más que intentar quitar importancia a lo que siente.
Esta frase tiene algo muy poderoso porque valida la emoción sin discutirla. No le dices que tiene razón ni que está equivocado, sino que reconoces que lo está pasando mal. Por lo tanto, la sensación que tu hijo tiene es que estás dispuesto a tratar de entender lo que siente.
Y cuando alguien se siente comprendido, suele bajar la intensidad emocional muchísimo más rápido.
Muchos niños sienten que los adultos solo escuchan para corregir o dar lecciones. Sin embargo, esta frase cambia completamente el enfoque porque transmite que estás haciendo el esfuerzo de tener empatía.
Le transmite que no necesitas tener todas las respuestas para intentar comprenderle.
Hay niños, sobre todo los más pequeños, que se frustran porque ni siquiera saben poner nombre a lo que sienten. Se bloquean, lloran, gritan o responden con monosílabos. Recordarles que no hace falta expresarse “bien” para merecer escucha puede aliviar mucha presión.
Ofrecer educación emocional a los hijos es de vital importancia para que aprendan a poner nombre a lo que sienten, ya que este es el primer paso para aprender a autorregularse. Sin embargo, debemos ser conscientes de que es una habilidad que no se adquiere de la noche a la mañana, sino que requiere mucha práctica.

Una de las principales bases del apego seguro es transmitir que el amor que un padre o madre profesa a su hijo es incondicional. Esto significa que tu hijo necesita tener claro que no vas a dejar de quererlo porque os enfadéis.
Esto es especialmente importante tras discusiones fuertes porque algunos niños interpretan el enfado de los adultos como distancia emocional o rechazo. Separar el conflicto del vínculo les da muchísima seguridad.
Una pregunta sencilla que cambia por completo la conversación y cómo se siente tu hijo.
Muchas veces, los adultos intentamos solucionar demasiado rápido algo que el niño todavía necesita sentir.
Nombrar la emoción ayuda a que el niño se sienta menos raro, menos exagerado y menos solo. Además, le enseña algo muy importante: lo que siente tiene sentido.
Aunque lo haya dicho de malas formas (gritando, con un portazo, con cara de enfado...), que un niño exprese lo que siente sigue siendo mejor que callárselo todo. Para hacerle saber que valoras el esfuerzo que ha hecho expresándose, no solo debes agradecérselo, sino también hacer todo lo posible para que sienta que le escuchas.

Los niños no recuerdan esas respuestas perfectas que les dieron sus padres justo cuando más lo necesitaban, sino que se acuerdan cómo se sintieron cuando estaban mal.
Y en esos momentos, lo que más les ayuda es sentir tu presencia, escuchar sin corregir enseguida, no minimizar ni ridiculizar.
Porque detrás de ese “nadie me entiende” muchas veces lo que realmente hay es otra pregunta más profunda: “Mamá / papá, ¿eres capaz de quedarte conmigo mientras me siento así?”
Y aunque criar agota, aunque haya días en los que los padres también se sienten perdidos o sin paciencia, ese intento de escuchar ya tiene muchísimo valor. No hace falta hacerlo perfecto para que un hijo se sienta querido.
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