





















Las clases se acaban, las noches se alargan… y las pantallas no son la única opción. Prueba estos 5 juegos nocturnos recomendados por una psicóloga que de seguro le encantarán a tus hijos.
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Cuando se acaban las clases, en muchos hogares ocurre algo curioso: las noches parecen estirarse. De repente, ya no hay que correr tanto por la mañana, los horarios se relajan un poco y después de cenar surge la clásica pregunta: “¿qué hacemos ahora?”.
Entonces solemos orbitar hacia las pantallas, como un acto reflejo, simplemente porque no sabemos qué más hacer. Por supuesto, no pasa nada por recurrir a ellas de vez en cuando. A fin de cuentas, la tecnología forma parte de la vida moderna. El problema es que se conviertan en el plan automático.
De hecho, las tardes más largas del verano ofrecen una oportunidad fantástica para crear recuerdos en familia que dentro de unos años valdrán mucho más que cualquier vídeo de internet. Hay menos prisas. Cero deberes. Más tiempo para estar juntos relajados. Y no hace falta organizar un plan súper especial para disfrutarlas. A veces basta una linterna, una manta y una pizca de imaginación. ¡Toma nota!
Este juego tiene ingredientes que a los niños les encantan porque combina misterio, movimiento y sensación de aventura.
La idea es muy simple: esconde cinco o seis objetos pequeños en una zona segura, como un jardín, una terraza grande, un patio o incluso en una habitación de la casa con las luces apagadas.
Puedes esconder juguetes o pelotas brillantes, figuras fluorescentes o incluso cucharas metálicas que reflejen la luz. Después, reparte las linternas. El objetivo es encontrar los “tesoros” ocultos guiándose por los reflejos de luz.
Lo interesante es que apenas los niños encienden la linterna, algo cambia automáticamente en su cerebro porque ven lo cotidiano con otros ojos. Entonces empieza la exploración. El sofá se convierte en una montaña y unas plantas en una selva. Además de divertirse, este juego estimula la atención y la orientación espacial de manera natural.

Hay algo casi mágico en proyectar sombras sobre una pared cuando todo está a oscuras. Y lo mejor es que solo necesitas una linterna potente y una sábana blanca o una pared lisa.
Primero, podéis empezar jugando a adivinar diferentes animales hechos con las manos, pero después llega la parte más divertida: inventar historias. Uno crea una sombra y comienza la historia, pero otro debe continuarla, aunque parezca absurda o hilarante.
De hecho, este juego es ideal para potenciar la creatividad y la imaginación infantil, pero también el lenguaje y la comunicación. Y todo mientras los niños se divierten, sin sentir que están aprendiendo.
Todos conocemos el clásico “Veo veo”, ese juego al que solemos recurrir en los viajes largos cuando hemos agotado todos los otros recursos para mantener entretenidos a los niños. Sin embargo, por la noche cambia completamente el juego porque la oscuridad obliga al cerebro a prestar atención a cosas que normalmente pasan desapercibidas.
Puedes cambiar las reglas: “Veo veo una cosa que brilla”. “Veo veo algo que se mueve”. “Veo veo algo que solo aparece cuando oscurece”. De repente empiezan a aparecer grillos, estrellas, sombras, ramas moviéndose con el viento o reflejos que normalmente nadie nota.
Este tipo de juego entrena algo que solemos perder con demasiado tiempo de pantallas: la capacidad para observar despacio nuestro entorno. De hecho, los niños tienen un talento extraordinario para descubrir detalles que los adultos dejamos de ver hace años.
Suena extraño proponer el silencio como un juego infantil, pero funciona sorprendentemente bien. El reto consiste en quedarse completamente quietos durante un minuto. Sin hablar. Sin moverse. Solo escuchando.
Después cada uno comparte los sonidos ha identificado. El viento. Una moto lejana. Un perro ladrando. Un grillo. Las hojas de los árboles moviéndose. El sonido de un pájaro nocturno…
Este pequeño ejercicio tiene un efecto muy interesante: permite bajar revoluciones, algo particularmente importante en un mundo de ruido constante proveniente de pantallas, avisos, conversaciones, vídeos, sonidos de fondo…
A veces los niños (y también los adultos) necesitan entrenar algo tan básico como la capacidad para estar presentes sin todos esos estímulos. Y prestar atención a la naturaleza es mucho mejor que cualquier aplicación de relajación.

No hace falta una pantalla para ver una película, basta un poco de imaginación. La idea de este juego es que creéis una película entre todos.
Uno empieza: “Había una vez una niña que encontró una llave misteriosa…” El siguiente añade otra parte. Y otro continúa. La única norma es que nadie puede pasar, todos deben añadir algo a la película que estáis construyendo.
Las historias suelen acabar siendo una mezcla caótica entre dinosaurios, piratas, abuelas ninja y perros que hablan inglés. Ahí reside precisamente su encanto porque no se trata de crear un guion perfectamente lógico para Hollywood, sino de reírse y disfrutar. De hecho, además de fortalecer la creatividad, este juego ayuda a desarrollar lenguaje, la memoria y el pensamiento flexible.
Quizá, dentro de unos años, tus hijos no recuerden exactamente qué hicieron cada noche de verano, pero es probable que recuerden cómo se sintieron. Porque las noches infantiles no necesitan grandes planes ni pantallas encendidas constantemente, sino presencia, conexión y unos padres dispuestos a jugar un rato más antes de decir: “venga, ahora sí… a dormir”.
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