



























Pensar desde las primeras semana de embarazo en el nombre de tu bebé es habitual, incluso cuando no sabes ni siquiera si es niño o niña
Publicado por María Machado
Periodista especializada en parenting, infancia y crianza
Creado: Actualizado:
Hace solo unas semanas todavía estaba intentando asimilar que estaba embarazada. Todo era muy reciente, muy nuevo, casi irreal. Ahora, que ya estoy embarazada de 8 semanas, y he podido verle y escuchar su corazón parece que lo empiezo a sentir más real: estoy esperando un bebé. Incluso, diría que estoy dando un paso más allá porque, aunque sigo sin saber si mi bebé será niño o niña, todavía no le noto moverse y aún quedan muchas ecografías por delante, ya estoy buscando nombres.
No tengo prisa por decidir ya cómo se va a llamar mi bebé. De hecho, ocurre justo lo contrario, porque cuantos más nombres veo, más dudas me surgen y menos claro lo tengo. Pero me hace mucha ilusión ir pensando en ideas de nombres.
👉 Este artículo forma parte de "Una mamá como tú", mi diario de embarazo contado semana a semana. Si te has incorporado ahora, puedes empezar leyendo el relato completo de la semana 8 antes de seguir acompañándome en esta aventura.
Sí, todavía quedan muchas semanas de embarazo. Solo acabamos de empezar y el bebé que llevo dentro tiene muchísmo que crecer (y muchos órganos que desarrollar). Por eso, a veces me pregunto si no será demasiado pronto para empezar a pensar en cómo se llamará.
Hasta hace poco pensaba que buscar nombres era algo que llegaba mucho más adelante. Imaginaba que sería después de conocer el sexo del bebé, cuando la barriga fuera más evidente o cuando el embarazo estuviera más avanzado.
Todavía no conozco a mi bebé. No sé cómo será, ni qué personalidad tendrá. Ni siquiera sé si alguno de los nombres que tengo apuntados acabará siendo el definitivo. Y aun así, confieso que cada día paso un ratito imaginando nombres.
No es algo que haga de forma consciente ni planificada. Simplemente ocurre. De repente escucho o leo un nombre y pienso: "Este tiene algo especial". O me imagino llamándole así dentro de unos años.

Supongo que todo esto forma parte del proceso. Y no soy la única porque en casa llevamos ya varios días con el mismo tema.
Mi pareja y yo tenemos una lista compartida en el móvil y, poco a poco, va creciendo. Cada pocos días alguno de los dos añade un nombre nuevo. A veces encontramos uno que nos encanta y pensamos: "Este podría ser". Pero pasan un par de días y deja de convencernos, así que seguimos buscando. De momento, ninguno ha conseguido quedarse definitivamente.
Lo curioso es que no puedo evitar probar cómo suenan. Los digo en voz alta, los repito varias veces, imagino cómo quedarían escritos. Incluso los junto con sus futuros apellidos para ver si encajan bien.
Por cierto, lo que sí que hemos decidido ya es que mi bebé llevará primero mi apellido y luego el del papá. Es una propuesta suya como una forma de reconocer el esfuerzo que supone estar embarazada.
Buscando información sobre esto, descubrí algo que me llamó mucho la atención.
Una revisión científica publicada en Frontiers in Psychology explica que el vínculo con el bebé empieza mucho antes del nacimiento. Los investigadores hablan del llamado apego prenatal, que incluye todas esas pequeñas acciones que hacemos durante el embarazo y que nos ayudan a empezar a sentir al bebé como alguien real.
Entre esas acciones están imaginar cómo será, pensar en el futuro con él, hablar sobre él… o incluso empezar a ponerle nombre. Me gustó descubrirlo porque, hasta ese momento, tenía la sensación de que estaba adelantando acontecimientos, como si me estuviera precipitando.
Sin embargo, parece que es justo al revés. Nuestro cerebro necesita empezar a construir poco a poco la idea de esa persona que todavía no conocemos, pero que ya empieza a formar parte de nuestra vida.
Creo que por eso elegir un nombre resulta tan complicado, porque no estamos escogiendo solo una palabra sin más.
Sin darnos cuenta, cada nombre lleva asociadas un montón de imágenes, sensaciones y recuerdos. Hay algunos que me parecen más dulces, otros que me transmiten fuerza. Algunos me recuerdan a personas que he conocido y otros simplemente tienen un sonido que me gusta especialmente.
Y, aunque intento no hacerlo demasiado, también me sorprendo imaginando pequeñas escenas del futuro.
No pienso en grandes momentos ni en situaciones extraordinarias. Más bien en cosas muy cotidianas: llamarle para comer, escuchar cómo le llaman en el colegio, escribir su nombre en un dibujo o en una mochila.
Es curioso cómo la imaginación puede adelantarse tantos meses y empezar a construir una persona que todavía no conocemos.

Otra historia es ponernos de acuerdo en cómo queremos que nuestro bebé se llame. Los dos tenemos gustos parecidos, pero no siempre coinciden. Hay nombres que a mí me encantan y a él no le convencen en absoluto, y al revés.
Con los de niña parece que lo tenemos un poco más fácil. La lista no deja de crecer y hay algunos en los que sí coincidimos, como Jimena, Gabriela u Olivia. Aunque, por algún motivo, ninguno termina de enamorarnos. Luego están mis favoritos personales. Emma, por ejemplo, siempre me ha parecido un nombre precioso, corto y elegante, pero a él no termina de gustarle. También me hace ilusión Valentina, porque así se llamaba mi abuela, aunque tampoco ha conseguido convencerle.
Lo curioso es que con los nombres de niño nos ocurre justo lo contrario. Llevamos días buscando, leyendo listas y diciéndolos en voz alta, pero ninguno nos emociona de verdad. Hay algunos que nos parecen bonitos, otros que descartamos enseguida, pero todavía no ha aparecido ese nombre que haga que los dos nos miremos y pensemos: "Es este".
De momento seguimos sin decidirnos. No sé cuánto tardaremos en encontrar el nombre definitivo. Puede que llegue dentro de unos días o que tengamos que esperar hasta verle la cara por primera vez.
Pero, sinceramente, no me preocupa.
Me he dado cuenta de que esa lista nunca ha sido solo una lista de nombres. Es, en realidad, una de las primeras formas que ha encontrado mi cabeza para ir creando un vínculo con mi bebé desde estas primeras semanas de embarazo. ¡La ilusión va en aumento cada día que pasa!
此内容由惯性聚合(RSS阅读器)自动聚合整理,仅供阅读参考。 原文来自 — 版权归原作者所有。