

























A los adultos nos pueden parecer inofensivas pero estas frases de broma puede hacer mucho daño a los nuestros hijos.
Publicado por María Machado
Periodista especializada en parenting, infancia y crianza
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Todos los padres hacemos bromas con nuestros hijos. Nos gusta hacerles reír, compartir momentos divertidos y crear recuerdos felices en familia. Sin embargo, no todas las bromas se viven de la misma manera desde ambos lados.
A veces, sin mala intención, un comentario que para un adulto resulta gracioso puede no serlo tanto para el niño que lo recibe. Y cuando eso ocurre, la broma deja de cumplir su función. Lo que pretendía provocar una sonrisa puede terminar generando vergüenza, inseguridad o incluso afectar a la autoestima infantil.
La mayoría de los padres no buscan hacer daño. Simplemente no siempre son conscientes del mensaje que puede esconderse detrás de determinadas palabras o de cómo las interpreta un niño. Porque hay algo importante que conviene recordar: para que una broma sea realmente divertida, deben reírse tanto quien la hace como quien la recibe. Cuando solo una de las dos partes encuentra gracia, quizá no estemos hablando de humor, sino de una broma pesada o desafortunada.
La infancia tiene esa extraña capacidad de guardar determinados comentarios en un rincón de la memoria. Algunas frases se recuerdan con cariño. Otras dejan una sensación difícil de explicar. No porque los padres actuaran mal, sino porque los niños las escuchaban desde una perspectiva completamente distinta.
Estas son algunas de las frases supuestamente de broma más habituales que deberíamos replantearnos.

Probablemente sea uno de los apodos cariñosos más utilizados por madres, padres, abuelos y tíos.
La intención suele ser afectuosa. De hecho, muchas veces se dice precisamente porque el niño resulta adorable. El problema aparece cuando esa palabra se convierte en una etiqueta constante.
Mientras los adultos escuchan ternura, algunos niños terminan quedándose con la idea de que su cuerpo es una de las características más importantes que los demás ven en ellos. Con el tiempo, incluso pueden interpretar que hay algo en su aspecto físico que debería ser diferente, cuando lo que más necesitan durante la infancia es aprender a mirarse con respeto y sentirse cómodos en su propia piel.
Casi todos los niños atraviesan etapas en las que preguntan lo mismo una y otra vez. También hay días en los que reclaman atención constantemente.
En esos momentos es fácil que aparezca un "qué pesado eres" acompañado de una sonrisa, porque en realidad los padres no quieren decir que su hijo sea una persona molesta, sino expresar de forma exagerada que están cansados o que necesitan un momento de tranquilidad.
El problema es que muchos niños no interpretan la frase como una descripción puntual de su comportamiento. Lo que escuchan es algo más parecido a "molesto a los demás".
Por eso hay adultos que todavía recuerdan perfectamente haber oído estas palabras durante su infancia.

Es una broma clásica; tan clásica que probablemente la han escuchado varias generaciones.
Normalmente aparece después de una travesura o cuando el pequeño está especialmente revoltoso. Los padres la dicen entre risas porque consideran evidente que no es verdad.
Pero para un niño pequeño la idea de ser sustituido puede resultar mucho más impactante de lo que imaginamos.
Aunque sepa que es una broma, está tocando uno de sus mayores temores: perder el amor o la protección de sus figuras de referencia. Por eso, algunos niños pueden sentirse inseguros o cuestionarse el vínculo que tienen con sus padres.
Suele aparecer cuando el niño hace algo inesperado, tiene gustos completamente distintos a los de la familia o demuestra una habilidad que nadie esperaba.
Los adultos lo entienden como una broma o una forma divertida de expresar sorpresa.
Sin embargo, algunos niños recuerdan esta frase durante años porque, aunque sea por unos segundos, les hace preguntarse si realmente encajan en su familia o si son diferentes de una forma negativa.
Otra de las bromas familiares más conocidas. Como la anterior, se suele utilizar cuando un hijo tiene una personalidad muy distinta a la del resto de la familia.
La intención suele ser humorística, pero toca un asunto muy sensible para cualquier niño: el sentimiento de pertenencia.
Todos necesitamos sentir que formamos parte del grupo. Y los niños todavía más puesto que les hace sentirse más seguros y amados.

Durante décadas fue una de las bromas más repetidas en muchas familias españolas. Hoy resulta menos frecuente, pero todavía hay personas adultas que recuerdan perfectamente haberla escuchado cuando eran pequeñas.
La mayoría terminaba entendiendo que era una broma. Pero antes de comprenderlo, muchos niños pasaban por una mezcla de desconcierto, curiosidad e incluso cierta inquietud.
Los niños especialmente inquietos, habladores o creativos han escuchado esta frase miles de veces. Los padres suelen hacer este comentario como una forma divertida de describir las ocurrencias de sus hijos.
Lo curioso es que muchos adultos siguen recordándola décadas después. No porque les hiciera daño, sino porque formó parte de la banda sonora de su infancia.
Ninguna de estas frases convierte a alguien en mal padre o mala madre. La mayoría nacen del cariño, del humor y de la confianza que existe dentro de una familia.
Pero sí sirven para recordar algo importante: los niños escuchan nuestras palabras de una forma muy diferente a como creemos.
Mientras nosotros hacemos una broma rápida, ellos están construyendo la imagen que tienen de sí mismos y del mundo que les rodea.
Por eso, años después, cuando les preguntamos qué recuerdan de su infancia, a menudo aparecen en su cabeza frases como estas. Comentarios aparentemente insignificantes que quedaron grabados para siempre.
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