























Hay palabras que consiguen que los niños se sientan queridos y seguros. Estas frases pueden convertir cualquier casa en un verdadero hogar
Publicado por María Machado
Periodista especializada en parenting, infancia y crianza
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Todos hemos entrado alguna vez en una casa que transmitía algo especial. No era necesariamente grande, no estaba perfectamente ordenada ni tampoco tenía los muebles más bonitos. Pero se respiraba algo muy agradable y difícil de explicar. Algo así como calidez, confianza y sensación de refugio. Lo que convierte una casa en un hogar no son las paredes ni los objetos que hay dentro, sino cómo se sienten quienes viven allí. Los niños saben percibirlo especialmente bien.
Y en esa sensación tienen mucho que ver las palabras.
No hablamos de grandes discursos ni de frases de película. De hecho, suelen ser expresiones sencillas, dichas casi sin pensar, las que más se quedan grabadas. Las que ayudan a que los niños crezcan sabiendo que están en un lugar seguro.
Para ayudarte a que todos los miembros de tu familia se sientan queridos y escuchados en casa, a continuación hemos recogido 6 de esas frases que son capaces de convertir una casa en un auténtico hogar.

Esta frase tan corta y sencilla puede parecer una tontería, pero no lo es.
Imagina a un niño que llega del colegio y escucha: "¡Qué bien que ya estás aquí!". O que entra en la cocina y alguien le recibe con una sonrisa sincera.
Es un mensaje pequeño, pero muy poderoso porque le dice que su presencia importa. Que no es un mueble más de la casa ni alguien que simplemente está ahí. Con este tipo de comentarios le estamos transmitiendo que nos alegramos de verle y que tenemos ganas de compartir nuestro tiempo con él.
A veces damos ese cariño por hecho. Pensamos que los hijos ya saben que les queremos. Y es verdad, pero escucharlo también cuenta.
Muchos padres sueñan con que sus hijos les hablen cuando sean adolescentes. Que les cuenten qué les preocupa, qué les ilusiona o qué les ha pasado durante el día.
Sin embargo, no podemos olvidar que la confianza no aparece de repente a los 15 años. Se tiene que construir desde mucho antes, desde que nuestro hijo es muy pequeño.
Por eso una palabra tan sencilla como "cuéntame" puede marcar la diferencia. Sin interrogatorios, sin prisas y sin mirar el móvil mientras hablan. Solo la sensación de que hay alguien dispuesto a escuchar.
Porque para un niño no hay nada más parecido a sentirse en casa que saber que tiene un lugar donde puede contar lo que le pasa.

Un vaso roto, un suspenso, una camiseta manchada justo antes de salir... La infancia (igual que la etapa adulta) está llena de errores pequeños y grandes. Y muchas veces los niños no recuerdan tanto lo que hicieron como la reacción que encontraron delante.
Hay una enorme diferencia entre un grito y un "tranquilo, ya veremos cómo arreglarlo".
La segunda respuesta les enseña que equivocarse no les convierte en un problema. Los problemas tienen solución y no tienen que enfrentarse a ellos solos.
No siempre salen las cosas bien. De hecho, gran parte de la vida consiste precisamente en eso, en aprender de los errores y seguir intentándolo.
Por eso resulta tan valioso que los niños escuchen reconocimiento cuando se esfuerzan, aunque el resultado no sea perfecto. Quizá no ganaron el partido, el dibujo no les quedó tan bien, les costó muchísimo terminar los deberes...
Pero cuando los adultos valoran el esfuerzo en lugar de fijarse únicamente en el resultado, los hijos aprenden que su valor no depende de hacerlo todo bien.
Sin añadidos. Sin condiciones. Sin peros. Puede parecer la frase más obvia de todas, pero no siempre se dice tanto como creemos.
Hay familias donde el cariño se demuestra constantemente con gestos, cuidados y presencia, pero las palabras apenas aparecen. Y escuchar un "te quiero" sigue teniendo un efecto especial, incluso cuando se ha oído cientos de veces.
Los niños necesitan saber que son queridos cuando están contentos, cuando están enfadados, cuando se portan bien y también cuando tienen uno de esos días en los que ponen a prueba la paciencia de cualquiera.

Quizá esta sea una de las frases más bonitas que un hijo puede escuchar y que le hace sentir que su casa es también su hogar.
Y es que esta frase no habla solo del presente, también se refiere al futuro.
Habla de un lugar al que volver después de un mal día porque su puerta seguirá abierta cuando las cosas se compliquen. Puede sentir la tranquilidad de saber que, pase lo que pase, hay personas que seguirán recibiéndole con cariño.
Muchos adultos no recuerdan exactamente cómo era el sofá de la casa en la que crecieron o de qué color estaban pintadas las paredes de su habitación. Sin embargo, sí recuerdan perfectamente cómo se sentían allí.
Y al final eso es lo que convierte una casa en un hogar: la sensación de ser querido, escuchado y aceptado tal y como eres.
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